Por: Luis Tirzo
Por obligación y necesidad, José Luis recorre diariamente los pueblos de Huejotzingo, Coronango, Cuautlancingo, San Pedro, San Andrés y Santa Isabel Cholula, para llevar a las misceláneas productos de primera necesidad.
El vendedor de 55 años no puede interrumpir su rutina de casi tres décadas por la alerta sanitaria del COVID-19, ni por ser el Día del Trabajo.
De él depende un hijo, su esposa y su madre. Don Luis sabe que en la escuela no le condonarán la colegiatura, a su esposa no le regalarán el gas o la comida, su madre no recibirá tratamiento gratis y a él nadie le dará sus medicinas o estudios para el control de su diabetes.
Carece de seguro médico.
Sus manos están irritadas por los guantes y gel antibacterial. El cubrebocas –dice– lo sofoca. Para él, la verdadera pandemia no es el COVID-19, es la inseguridad.
Ya le han apuntado con un arma de fuego y despojado de su venta del día. Además, es víctima de extorsiones por agentes de Vialidad municipales y estatales.
‘Mi segunda chamba se convirtió en la única’
Por: Karla Cejudo
“Trabajaba en una fábrica, pero vino el coronavirus y me mandaron a descansar sin goce de sueldo, así que me volví repartidor de tiempo completo para llevar dinero a mi casa, pero ni trabajando 10 horas saco el día”, aseguró José.
Ahora sólo entrega comida a través de las plataformas Uber Eats, Sin Delantal y Rappi. “Inicié a las nueve de la mañana, son las tres de la tarde y llevo un pedido.
Varios compas estamos parados, esperando a ver qué cae y en todos lados está igual. La crisis sí esta dura, pero no puedo guardarme en mi casa, porque entonces no como”, apuntó.
Los últimos tres años se ayudaba con sus gastos como repartidor, ahora lo inunda la resignación: “Por lo menos repartiendo comida puedo ganarme unas propinas, son tiempos difíciles y es lo que hay, no queda más que seguirle. No me da miedo enfermarme, aunque sé que existe el riesgo”.
Quedarse en casa no es opción, hay gastos
Por: Jesús Pérez
“Trabajo por necesidad, soy una parte fundamental en el sustento de mi hogar con el pago de diversos servicios, aunque debo admitir que al escuchar tantas noticias sí me da miedo contagiarme de coronavirus”, comentó Sonia, trabajadora de una empresa para productos de limpieza.
Narró que cada día, al salir de su casa a las 8:15 horas, toma dos combis para llegar a su empleo, pero mientras ella va protegida con cubrebocas, muchas personas no.
“Quisiera quedarme en casa, quisiera no preocuparme. Tras mi jornada de siete horas llego a casa, me quito la ropa y me baño para evitar algún problema que afecte a mi papá”, señaló.
En sus labores no tiene protección, pues es la única en su área: “Mi trabajo no es complicado, me encargo de las pruebas de control de calidad, ahorita disminuyó habitualmente la elaboración de ciertos productos, pero aumentó la de gel antibacterial”.
Cadena de distribución no puede ser detenida
Por: Antonio Zamora
Francisco es uno de los trabajadores del país que no puede hacer ‘home office’ y su labor es considerada esencial para la sociedad: reparte productos de consumo cotidiano. “Mi trabajo consiste en distribución para la venta de galletas.
Trabajo en la empresa desde hace tres años. Mi rutina consiste en llegar al Centro de Distribución (Cedis) a las 6:30 de la mañana, reviso mi vehículo, paso a desayunar y a las ocho de la mañana empiezo mi reparto, regreso más o menos 5:30 de la tarde”, comentó.
Para él su trabajo es una gran responsabilidad, pues se garantiza una cadena de suministros de alimento. No por ello no le da miedo infectarse de coronavirus, además que su volumen de venta ha bajado.
“Las medidas que he adoptado es el uso de cubrebocas, guantes, gel antibacterial y el constante lavado de manos. Al llegar a mi casa me cambio rápidamente mi ropa, desinfecto mis zapatos con cloro y me doy una ducha. Mi familia se ha mantenido en casa”, indicó.
‘Aquí no se descansa, pero sí hay chamba’
Por: Óscar H. Sánchez
“¿Descanso? Yo no sé qué es eso. Aquí trabajamos los 365 días del año, pero cuando te gusta lo que haces no te pesa y además pagan”, destacó Hilario Zónotl Mixcóatl.
Más aún, tener “chamba” en estos momentos en que la emergencia sanitaria por coronavirus ha dejado a muchas personas sin empleo, él celebra tener un ingreso y tener para comer. “Desde las cinco de la mañana ando en campo, viendo que las válvulas de tanques funcionen”, dice a Crónica Puebla el trabajador de Agua de Puebla.
“Yo celebro el Día del Trabajo trabajando, gracias a Dios. No importa a qué hora comience a trabajar, yo voy terminando cerca de las once de la noche”, comentó.
Y agregó: “Me gusta lo que hago, nadie me obliga y no sé si sea por necesidad, pero aquí estoy bien y todavía me pagan”.
Mientras unos cierran, otros ponen taquería
Por: Javier Cordero
A quienes les está yendo bien con la pandemia del coronavirus son a los trabajadores de una taquería recién inaugura en la colonia San Manuel.
Mauricio Angulo, encargado del negocio, confiesa que ello se debe a que otros cerraron sus puertas y ellos abrieron el local.
“Han aumentado las ventas, porque muchos restaurantes de la zona cerraron sus puertas y nosotros estamos trabajando con aplicaciones como Rappi o Sin Delantal”, precisó.
Además, destacó que cuentan con el equipo necesario para protegerse, aunque muchas personas que pasan por la calle o llegan a comer no usan cubrebocas y ello causa cierto temor.
Sin embargo, muchas de quienes solicitan sus servicios se han portado muy bien y asegura que seguirán trabajando pese a la contingencia sanitaria.
“La gente sigue comprando con regularidad, hasta ahora no hemos tenido problemas”, apuntó.


