Por: Jesús Peña
La primera planta productora de autos eléctricos totalmente mexicana, que se encuentra en Puebla, ha recorrido un camino nuevo en tecnología, fabricación de piezas y concienciación de los consumidores.
Porque la inversión es más alta en un vehículo eléctrico que en uno de gasolina, por las innovaciones que representan dudas en el comprador –como la duración de la pila– y, en general, por desconocimiento de las ventajas de esta tecnología, Zacua también tiene frente a sí el reto de la información al público.
Lo refiere Nazareth Black, directora ejecutiva de la planta, en entrevista con Crónica Puebla.
—¿Cómo convencen de cambiar a quien busca velocidad y un estatus social con el auto convencional?
—Primero, hay que decir que la velocidad promedio en una ciudad es de 10 kilómetros por hora, especialmente en hora pico, porque apenas avanzas cuando ya frenas, nunca tienes la posibilidad de explotar toda la potencia de un auto.
Ahora, lo más importante es estar consciente de que moverse es una necesidad, pero hacerlo sin contaminar es una elección. Todo lo que te venden en un coche de combustión interna es una utilización de recursos innecesaria: no necesitas 500 caballos de fuerzas con biturbo, ni 27 bocinas, ni siete plazas si siempre andas solo, ni un Jeep de ocho cilindros si nunca vas a la montaña… lo que necesitas para moverte sin contaminar es el coche más chiquito, sin emisiones contaminantes.
Eso es Zacua, pero para desearlo tienes que traer esa conciencia ecológica del deber ser.
—¿Qué pasa si se descompone el vehículo?
—Las probabilidades son mínimas. Para empezar, Zacua tiene muchas menos piezas que un auto convencional, hay una sencillez mecánica extraordinaria.
Por ejemplo, la transmisión es unidireccional, no tiene bujías, ni cadena de tiempo, tampoco filtros, no usa aceites, no tiene clutch, entre otros elementos, todo eso hace que su mantenimiento sea más alargado y económico, sus piezas tienen más tiempo de vida; incluso, cuando se cambia la pila, se hace un reacondicionamiento al motor y es como si tuvieras un auto completamente nuevo.
En ese sentido, siempre les digo a los interesados que pueden hablar con nosotros sin compromiso, para explicarles la tecnología que hay detrás de Zacua, porque falta mucha información.
—¿Cómo les afectó la pandemia de COVID-19?
—Presentamos la marca en 2017, cuando aún no teníamos la planta, sólo los prototipos. En 2018 pusimos la línea de ensamblaje en Puebla, que inauguramos a finales de abril, es decir, está cumpliendo cuatro años, entonces salen los primeros coches que se entregan a nuestra family and friends, por lo que decidimos darnos un año para monitorear estos coches, porque iban a ser los primeros en rodar, prácticamente fue nuestro grupo de estudio, a quienes llamamos tribu fundadora.
En 2019 contemplamos iniciar el tema comercial, específicamente en diciembre, pero en 2020 nos cae la pandemia y tuvimos que parar, así que abrimos ventas hasta finales de 2021. Entonces, sí tuvimos una afectación, pero se ha compensado con el interés de la gente, pues el proyecto se ha difundido, incluso hemos sido tema viral en redes y eso nos ha ayudado.
—¿Cuáles son las críticas contra el auto eléctrico?
—Siempre criticamos desde nuestra plataforma, basada en experiencia y el tiempo que vivimos, juzgamos desde el “yo”. Sabemos diferenciar entre las críticas constructivas que nos sugieren ideas, de las negativas que sólo buscan desestimarnos, que no tienen conocimiento de causa y vienen de personas que nunca han construido nada en su vida. Sólo el que construye sabe lo que cuesta y no tiene tiempo de destruir a los demás.
Puedo decir que algo con lo que nos han querido demeritar es que iniciamos trayendo las partes del auto de otros países, nos decían entonces que no era un auto mexicano, pero cuando tú haces un coche traes los insumos de donde los encuentres, así se hace esta industria. Veamos el caso de Volkswagen, que es una marca alemana, pero en Puebla tenemos la segunda planta más grande del mundo, entonces, ¿si lo hacemos en México ya no es alemán? Y lo hacemos con piezas de todos lados, incluyendo proveedores mexicanos.
No hay un coche, en toda la industria, en toda su historia, que tenga 100% proveeduría local, y aunque nosotros estamos trabajando duro para ser los primeros, comenzamos por importar.
Sin embargo, lo que sí debemos aclarar es que la electrónica del auto, que es lo más importante, y es nuestra, se desarrolló en casa de forma artesanal, eso quiere decir que tenemos independencia tecnológica.
Hemos empezado a trabajar con empresas locales para que sean nuestros proveedores, en eso llevamos un avance del 60%, por ejemplo, transmisión, arneses y caja para batería ya lo hacemos aquí, empezamos a ver el tema de los frenos, pero aún están en desarrollo, la batería sería el último gran reto, porque no hay en México una industria propia, hay litio en el país, pero está en litigio para ver si lo extraemos nosotros u otros. Entre lo más importante, insisto, somos dueños de la patente electrónica, que se desarrolló por un ingeniero de casa.
—¿Cuáles son los objetivos del futuro? ¿Exportación, conversión?
—Tenemos un plan para salir de México, pero hoy lo más importante de la electromovilidad es democratizarla, que esté al alcance de más gente. Hay países con conciencia ecológica más desarrollada, nos han invitado a llevar la marca, sólo que primero queremos crecer en México, por eso ideamos un esquema para que participen inversionistas y gobiernos locales, a quienes vamos a traspasar tecnología, y seguiremos concentrados en México.
Sobre la conversión de autos de combustión interna en eléctricos, sí lo hemos hecho para algunos amigos, en coches de colección, con los cuales hay apego emocional, no es nuestro mercado, sólo lo hemos hecho para probar que podemos, aunque no es lo más adecuado, sobre todo porque es costoso.
—¿No queda otra opción más que aceptar que el futuro son las energías limpias?
—Estamos en una etapa de transición, pero la realidad es que es sí o sí. Debemos generar una nueva cultura de movilidad, pues ya no cabe ese pensamiento de “no me importan los demás, sino satisfacer mi necesidad”. Si no puedes impactar positivamente en el medio ambiente, al menos sí ser lo menos agresivos.
Somos conscientes, como empresa, de que eso no es fácil, pues somos pioneros, aportamos a nueva cultura en el mundo.
Debemos movernos a energías limpias porque lo necesitamos, es urgente, no hay combustibles fósiles para hacer sostenible nuestro consumo mucho tiempo; es más, aunque los hubiera nos estamos matando en el camino.
Hoy tenemos una dependencia muy fuerte a combustibles, no es viable cambiar de un día para otro a lo renovable, pero lo correcto es planear la transición, sabemos –por experiencia– que el Estado nunca ha probado en ser eficiente en el manejo de recursos.




