Manuel Martínez Benítez
Muchas veces hemos oído que el agua es el liquido vital, que es la base de la vida y, aunque parece abundante en el planeta, la realidad es que sólo una mínima parte es apta para el consumo humano.
De toda el agua disponible en la Tierra, apenas el 2.5% es dulce y menos del 1% es accesible en ríos y lagos. En otras palabras, tenemos un recurso limitado que no estamos cuidando como deberíamos.
En nuestro país el agua enfrenta amenazas constantes: sobreexplotación, contaminación y desperdicio.
Muchos mexicanos todavía no tienen acceso a agua potable de manera regular y la contaminación de ríos y lagos está en aumento.
Las aguas residuales sin tratar, desechos industriales y el uso indiscriminado de agroquímicos han convertido muchos cuerpos de agua en focos de infección.
En Puebla la situación no es diferente; existen comunidades donde el acceso al agua es irregular, mientras que en las ciudades el problema es la infraestructura obsoleta y las fugas en la red de distribución. A esto se suma el cambio climático, que está provocando sequías más frecuentes y disminuyendo los niveles de agua en presas y acuíferos.
En nuestro país, la agricultura es el mayor consumidor de agua, utilizando aproximadamente 76% del total del consumo de agua.
Sin embargo, gran parte de esa agua se desperdicia debido a métodos de riego ineficientes. En muchos lugares se sigue utilizando el riego por inundación, una práctica que desperdicia enormes cantidades del recurso.
El problema es que sin agua no hay alimentos. La buena noticia es que existen tecnologías como el riego por goteo y otras muchas tecnologías que pueden reducir drásticamente el consumo de agua sin afectar la producción agrícola.
Si en el país se adoptaran estas técnicas en el campo, podríamos ahorrar millones de litros de agua cada año y garantizar la seguridad alimentaria.
Más allá del sector agrícola, el uso del agua en los municipios también necesita mejoras urgentes. Muchas redes de distribución tienen fugas que desperdician hasta el 40% del agua antes de llegar a las casas. Además, el tratamiento de aguas residuales sigue siendo insuficiente, lo que agrava la contaminación de nuestros cuerpos de agua.
Es fundamental que las autoridades inviertan en modernizar la infraestructura hidráulica, pero también que la ciudadanía exija transparencia en la gestión del agua.
Necesitamos políticas más efectivas para garantizar que cada gota de agua sea utilizada de manera eficiente.
El papel de cada persona en el cuidado del agua es clave. No todo depende del gobierno o de las industrias. Cada persona puede hacer una diferencia con acciones sencillas: cerrar la llave mientras se lava los dientes, reutilizar el agua en casa, reportar fugas y evitar el desperdicio innecesario. Son pequeños cambios que, sumados, pueden tener un impacto enorme.
Si no actuamos ahora, el futuro de nuestras ciudades y comunidades estará en riesgo.
El agua no es un recurso infinito y es nuestra responsabilidad cuidarlo.
Es hora de tomar conciencia y hacer todo lo posible para proteger el líquido más valioso que tenemos.
Sin agua, simplemente no hay vida.


