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Algo anda mal

Crónica Puebla por Crónica Puebla
5 junio, 2020
en Nacional, Opinión
Algo anda mal

NOTIMEX/FOTO/MARCO GONZÁLEZ/MGR/POL

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Por: Jorge Alberto Calles Santillana

El martes pasado, el doctor Hugo López-Gatell informó el registro en ese día de 3 mil 891 nuevos casos de coronavirus.

La cifra resultó ser, en ese momento, la más alta desde que el 26 de febrero se presentó el primer contagio en nuestro país.

Ese mismo día, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, se reunió con la mayoría de los gobernadores de la República para analizar los criterios con los que ha sido elaborado el mapa de la nueva normalidad y para acordar trabajar, en lo sucesivo, en coordinación para conseguir una imagen del riesgo del país, que satisfaga a todos.

También este día, en el sureste, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio el banderazo de inicio a una de las obras insignias de su gestión, el Tren Maya. Los tres eventos, aparentemente normales, cotidianos, se conectan por una lógica que pone los pelos de punta.

El anuncio de López-Gatell y la reunión de Sánchez Cordero con los gobernadores expusieron, sin lugar a dudas, los garrafales errores de visión y acción del gobierno federal. El coronavirus resultó no ser una gripita como alguna vez dijo el presidente.

Su tasa de mortandad tampoco fue tan baja como él creía. Los amuletos no produjeron el efecto mágico que él previó. La forma errónea con la que percibió la pandemia condujo al presidente a decidir equivocadamente.

Optó tardíamente por el confinamiento; con base en una mal entendida austeridad, prefirió no adquirir pruebas suficientes para actuar con mayor agresividad sobre el virus. También por razones equivocadas, pospuso la compra del equipo necesario para los hospitales públicos.

La omisión no sólo incrementó el riesgo de los pacientes que a ellos llegarían sino que dejó al personal de salud sin la debida protección. El número de contagios y muertes entre los trabajadores de la salud es alto.

Acostumbrado a gobernar con la palabra desde el púlpito, el presidente pensó que la negación del fenómeno lo aplacaría. No articuló una estrategia de contención con las instituciones y funcionarios de los tres niveles de gobierno, mucho menos con actores de la sociedad civil.

Como su poder y gobierno son mediáticos, confío en las habilidades comunicativas de López-Gatell. De allí que gobernadores y presidentes municipales decidieran arreglárselas como mejor pudieran, unos con éxito, otros sin fijar rumbo.

El hecho de que la creación de un mapa de riesgo termine por convertirse en disputa política, especialmente a estas alturas, es claro indicador de la falta de visión de largo plazo y de desinterés en las consecuencias del fenómeno.

Uno esperaría que el día en que más contagios se registraran desde la aparición de la pandemia en el país, el presidente mostrara empatía con la población a la que el virus ha golpeado. Esperaría que en cadena nacional no sólo llamara a la población a tomar cuidados serios para prevenir contagios sino que además anunciara una nueva estrategia para frenar el crecimiento desmedido de contagios.

Uno esperaría que el presidente anunciara también medidas de fondo para evitar que el número de empleos formales continúe disminuyendo peligrosamente. Ocurrió otra cosa. Decidió anunciar formalmente el inicio de la construcción del Tren Maya. Decidió seguir la trayectoria que se trazó desde el inicio de su gobierno.

Convicción y tenacidad le abrieron el camino a la presidencia. Con la misma convicción y la misma tenacidad busca ahora la gloria, busca convertirse en el personaje de la historia que desde siempre ha asumido ser.

La obcecación le impide distanciarse de sí mismo y tomar el rol que debería asumir. Ya es presidente. Su función debe ser gobernar, no alcanzar la gloria. Cuando la pandemia se extiende, los infectados se multiplican y la muerte afecta a cada vez más familias, el presidente voltea hacia otro lado y con una sonrisa de triunfo echa a andar su tren. Algo está mal en México y puede llegar a estar peor.

Etiquetas: Andrés Manuel López ObradorcontagioscoronavirusHugo López-Gatellnueva normalidadOlga SánchezTren Maya

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