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Andares de la política y lo político

Crónica Puebla por Crónica Puebla
7 marzo, 2022
en Opinión
Andares de la política y lo político

MOSTAFA MERAJI/UNSPLASH

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Por: Antonio Peniche García

Hablar de estos términos suele generar confusión. La Política es el instrumento, el medio. Lo Político es el fin, el hombre.

Desde que el ser humano re­flexiona sobre esto se han consti­tuido dos visiones fundamentales que se convierten en actitudes fren­te a la Política. Son diametralmen­te opuestas.

Para algunos, la política es esen­cialmente una lucha, un comba­te, una guerra por el poder que per­mite a los individuos y a los grupos que lo detentan asegurar su domi­nio sobre la sociedad y obtener pro­vecho de ello.

Para otros, la política es un es­fuerzo dedicado a impulsar la su­premacía del orden y la justicia; es asegurarse de que el poder sirva a los intereses generales, con objeti­vos sociales claros.

Para los primeros, la política sir­ve para mantener los privilegios de una minoría sobre la mayoría.

Para los segundos, la política es un medio para realizar la integra­ción de todos los individuos en la co­munidad para crear la Ciudad Justa, de la cual hablaba Aristóteles.

Hoy, más que nunca, es funda­mental entender que aquellos que hacen la política –los hombres po­líticos, el Estado, las instituciones– asuman como fin primario aquello que constituye lo político –los ciuda­danos, la comunidad–.

Los Estados, el poder y las polí­ticas se han olvidado de la esencia de su razón de ser: el Hombre.

Los llamados de personas cons­cientes de lo que esto está produ­ciendo se intensifican. Se habla del establecimiento de valores que puedan aplicarse a una sociedad global, a partir de la reflexión inter­na, reconociendo como punto de partida nuestra falibilidad.

San Agustín decía: “Quien revis­te la lucidez, reviste la tristeza”.

Nos encontramos ante even­tos mundiales, nacionales y loca­les que nos deberían llevar a una intensa reflexión. No podemos ser como “zombis” que van caminando a trastabillas, desmembrados y ali­mentándose de sobras.

Personas muy peligrosas son aquellas que quieren rehacer la historia, desempolvando ritos an­quilosados y poblar la historia con muertos.

Uno de los principales deberes como ciudadanos sería luchar con­tra una razón por esencia opresi­va y mal intencionada.

La eficacia de los estados nacio­nales está envuelta en una tormen­ta de egoísmos estúpidos y una vi­sión brutalmente miope.

Es sobrecogedor observar como hombres de una gran miseria humana, pero con el poder que el Estado les proporciona, desencade­nen una guerra, anteponiendo to­do, incluida las vidas humanas.

Bien cabe aquí una cita de una persona que vivió los horrores de la guerra y llegó a una simple pero contundente verdad.

Erich Hartmann, as de la avia­ción alemana durante la Segunda Guerra Mundial y el piloto más exi­toso en la historia de la guerra aé­rea, dijo durante una entrevista:

“La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian, se matan entre sí, por la decisión de viejos que se co­nocen y se odian, pero que no se matan”.

No por algo una gran mayoría de aquellos que han tenido la horroro­sa experiencia de haber estado en el “frente”, se vuelven combatientes por la paz.

Enfrentar a la ciudadanía, di­vidiéndola a través de discursos ominosos. Haciendo de la mentira y tergiversación de hechos, los per­sonajes principales de su aventura teatral. Destruir una cultura ajena a la propia… todo esto puede resul­tar en una hecatombe que se senti­rá al pasar de los años.

Aquellos que aprovechándose de su poderío económico manipulan a la opinión pública con el único obje­tivo de anteponer intereses per­sonalísimos sólo exhiben la podre­dumbre de su interior. La educación y la cultura, fundamentos de una humanidad más “humana”, no existen para esos personajes saca­dos de una historieta surrealista.

¿Qué pasa con el trascendente objetivo de educar? El “becerro de oro”, como me lo diría un cercano y querido maestro, hace continua­mente de las suyas.

La juventud ha sido el objeto de una demagogia desenfrenada y mal intencionada. El conocimien­to de una causa pasa por el de la comprensión. Comprender es un proceso intelectual y racional, que permite apropiarse de una no­ción nueva y constatar su coheren­cia con rigor.

Este proceso necesita esfuerzo, cuestionamiento y auto-cues­tionamiento. Hay que mantener la exigencia. La disciplina es una virtud encajonada por muchos. La sociedad requiere de alumnos y ciu­dadanos disciplinados, que investi­guen a fondo causas para saber a quien defienden y donde se encuen­tran parados.

Hoy puede ser más fácil hacer marchas, pintar carteles y tocar cláxones que leer e investigar las verdaderas causas de las acciones.

Resulta peligrosísimo no darse cuenta de que quienes van estimu­lando la guerra lo hacen desde la retaguardia y en la comodidad de sus suntuosos palacios.

El contenido principal de la ac­ción política es la preservación de la paz. No hay vida sin paz. La li­bertad, el ejercicio de la razón y del pensamiento es el fin de la política.

Y al final de cualquier análisis, relaciones, experiencias… no debe­mos de perder de vista que “al árbol por sus frutos lo conoceréis”.

Hoy, cuando en múltiples situa­ciones hablar de autoridad es insul­tante… ¿cómo poder construir una sociedad cuando la autoridad clási­ca se está desmoronando?

En esencia, el reino de lo no-po­lítico es lo que se aleja del bienestar del hombre en sociedad.

Como lo menciona Spinoza: “los hombres no realizan plenamente sus derechos más que en una colec­tividad que se los garantice”.

 

Etiquetas: discursos ominosos´guerrapaz

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