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Avanzamos hacia el desastre

Crónica Puebla por Crónica Puebla
23 abril, 2021
en Opinión
Avanzamos hacia el desastre
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Por: Jorge Alberto Calles Santillana

Por si no tuviéramos suficientes escándalos y hechos de los cuales avergonzarnos, David Monreal, candidato de Morena a la gubernatura de Zacatecas, ha dado mucho de qué hablar en estos días, gracias a que la viralidad de un video ha exhibido la forma en la que toca el trasero de una compañera de partido, Rocío Moreno, candidata para la presidencia municipal de Juchipila, en plena campaña por ese lugar.

El hecho, por supuesto, no ha dejado de ser aprovechado por sus contrincantes por lo que han revivido los señalamientos contra Salga­do Macedonio y han exigido la renuncia como candidato del hermano del presidente del par­tido en el poder. David negó categóricamente el hecho en entrevista en el programa de Ciro Gó­mez Leyva y, recurriendo a la ya muy conoci­da táctica de tratar de conducir la conversación hacia otros temas lejanos e irrelevantes, se vic­timizó. Acusó a sus enemigos políticos de ma­nipular el video para desprestigiarlo. Dos asun­tos merecen especial atención respecto de este lamentable hecho.

Primero, la cínica negación de Monreal. Lo menos que podría esperarse de alguien a quien un video muestra cometiendo un acto de su­ma bajeza es una disculpa pública. Monreal no sólo no se disculpó sino que negó fehacien­temente el hecho, a pesar de que hay eviden­cias de que el video no ha sido alterado. La pri­mera, la mujer agredida reacciona, sorprendi­da, llevándose las manos a la parte tocada. La segunda, ella misma, a pesar de la “disciplina partidaria”, no niega el abuso; repite el discur­so de victimización política empleado por su agresor. No por común, debemos restarle im­portancia a este hecho. Hoy en día, el grado de desfachatez de nuestros políticos es alarmante. Niegan con descaro hechos y actos a sabiendas de que sus conductas carecerán de consecuen­cias negativas para ellos. Recordemos la peno­sa admisión de corrupción de Alfredo Adame que se escuchó por todos lados y la más lamen­table explicación con la que pretendió restarle importancia. Esto es grave. La política de nues­tro país ha alcanzado niveles innombrables, pe­ro la degradación ha sido tan constante y pau­latina que no la registramos. Pero no nos en­gañemos: avanzamos, sin detenernos hacia el desastre, sin la menor intención y sin el menor deseo siquiera, de tratar de hacerlo.

El segundo, más grave, la persistencia y re­producción del abuso. Si algún tema ha ganado presencia en la agenda pública en los últimos años, es el del acoso que sufren permanente­mente, en todo lugar, a toda hora, las mujeres mexicanas. Y si en algún tema hemos avanza­do de manera inversamente proporcional a la atención que ha recibido, es éste precisamen­te. Datos sobre el hecho no son abundantes ni fáciles de hallar. El INEGI incluyó por primera vez preguntas sobre el acoso en espacios públi­cos en su Encuesta Nacional de Seguridad Pú­blica Urbana, en diciembre de 2019 y encontró que 27.4% de las mujeres encuestadas admitie­ron haber sido víctimas de algún tipo de abu­so en lugares públicos. Datos producidos por otras investigaciones nos muestran que el 70% de las mujeres que emplearon el transporte pú­blico en la Ciudad de México en 2018 afirma­ron haber sido víctimas de violencia de géne­ro. No sorprende, pues en la red es fácil hallar videos en los que se observa que mujeres que viajan solas son acosadas de manera descara­da sin recibir ayuda a pesar de solicitarla explí­citamente. Los viajeros hombres proceden co­mo si nada ocurriera. En ocasiones, otras mu­jeres, mayores, culpan a la víctima por su ves­timenta. “El acoso empieza en nuestras cabe­zas” declaró en una ocasión una de las cuatro mujeres que en 2016 produjeron un video que subieron a YouTube con el título “Las Morras Enfrentan a sus Acosadores”. Se refería a que cuando están eligiendo sus prendas para salir de casa, inconscientemente empiezan a pen­sar en las cosas que la elección de atuendo las conducirá a escuchar. El proyecto consistió en que dos de ellas caminaron por las calles de la Ciudad de México y las otras dos grabaron su trayectoria. En el video quedaron registrados múltiples y variadas expresiones con diferen­tes grados de agresividad, expresadas preten­didamente como “piropos”. Pero la carga más ofensiva contra ellas ocurrió después de que el video fue subido a redes. Recibieron insultos e incluso, amenazas de muerte.

De esa manera, resulta perfectamente en­tendible la declaración que alguna vez hiciera la activista feminista colombiana Catalina Ruiz Navarro. “La manera en que nosotras habita­mos el espacio es de permanente autodefen­sa”, dijo. Catalina organizó en 2016 una cam­paña tuitera con el hashtag #MiPrimerAcoso que trascendió las fronteras de su país y se ex­tendió por toda América Latina. En México, a las pocas horas de iniciada la campaña, cerca de 700 mil mujeres ya habían denunciado sus primeros acosos. Hubo denuncias de acosos a edades tan tempranas como los 7, 8 u once años. Fueron acosadas en la calle, en el trans­porte público e incluso en sus propias casas, por desconocidos y hasta por parientes cerca­nos. La motivación de esa campaña fue romper el silencio porque Catalina Ruiz afirma que “ni siquiera nosotras tenemos la dimensión de las vidas tan violentas que llevamos; para sobrevi­vir, muchas veces bloqueamos estas experien­cias, decimos que no fue nada, que no pasó na­da, porque contarlo es problemático”.

No hay esperanzas de que esto vaya a cam­biar pronto. Los políticos, los que deberían pro­mover políticas públicas orientadas a detener esta brutalidad son abusadores, cínicos por lo demás. En países más desarrollados, videos co­mo el de Monreal y audios como el de Adame habrían significado el fin de las carreras políti­cas de los infractores. En México, no. Monreal será gobernador; Adame, diputado. Avanza­mos, pues, hacia el desastre.

Etiquetas: acosoDavid Monrealmorena

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