Por: Alejandro Cañedo Priesca
Hay ciudades cuyo nombre, aunque no hacen sentido en español, les otorga una identidad única que les permite estar en la mente de los viajeros que gustan visitar lugares con historia y tradición.
Brujas es Brugges en flamenco, una ciudad belga cercana al mar y a la capital Bruselas.
Aunque su sonido en su idioma original parece que dice Brujas, no tiene nada que ver con estos personajes, ya que la palabra Brugge viene de Brygga, que significa puerto, abrigo o refugio en escandinavo.
Fundada por vikingos en el siglo XI, Brujas es una ciudad pequeña con canales, puentes y edificios medievales, así como una plaza pública conocida como Burg, en donde se encuentra el Stadhuis,que es la sede del ayuntamiento de esta hermosa ciudad.
La arquitectura del lugar le otorga un aire romántico, por lo que es un destino muy solicitado por parejas y jóvenes que buscan un espacio de cultura, tranquilidad y descanso.
Entre los lugares emblemáticos se encuentra el campanario del siglo XIII, La Basílica de la Santa Sangre y la Catedral, así como el museo dedicado a las bellas artes.
La comida en Brujas es muy variada con productos del mar, como los mejillones, que pueden disfrutarse en una de las terrazas de la plaza principal o las papas fritas que ahí se consideran como las mejores del mundo y que se pueden comprarse en muchos lugares.
Es tan fuerte el amor por ese platillo compuesto con papas fritas que suelen acompañarse con una cerveza belga tradicional o algunas de las muchas marcas de cervecerías locales artesanales, que hasta un museo tiene y que vale la pena conocer: el Frietmuseum.
Una buena comida siempre termina con un postre y en Bélgica los wafles o gofres son una delicia, considerados por los habitantes como patrimonio de su gastronomía.
Brujas puede ser un buen lugar para visitar por una noche o un viaje de un día desde la capital de Bélgica, Bruselas, ubicada a media hora en tren.
Viajemos juntos.


