ESCAPADAS
Alejandro Cañedo Priesca
Tuve la oportunidad de viajar por el norte de California hace unos años. No solamente estuve en San Francisco, sino que bajé un poco hasta dos lugares que me llenaron de emoción, porque los había escuchado, pero nunca imaginé que algún día los visitaría: Carmel y Monterey.
Carmel-by-the-Sea, como se le conoce oficialmente, es un pequeño poblado costero que parece salido de un cuento. Fue originalmente un pueblo de pescadores, pero hoy es un refugio para artistas, escritores y viajeros que buscan un rincón tranquilo junto al mar. Sus calles empedradas, llenas de galerías de arte, tiendas de antigüedades y pequeños cafés, invitan a caminar sin prisa. El ambiente es tan acogedor que uno siente que el tiempo se detiene entre las fachadas cubiertas de flores y los aromas de pan recién horneado.
Entre los lugares más recomendables está su playa principal, de arena blanca y vista al océano Pacífico, ideal para pasear al atardecer. También vale la pena visitar la Misión de San Carlos Borromeo del Río Carmelo, uno de los templos más antiguos de California y un símbolo de la herencia española en la región. En cuanto a la gastronomía, Carmel ofrece desde panaderías artesanales hasta restaurantes con cocina local, donde los mariscos, el vino californiano y los productos orgánicos son protagonistas.
A solo unos kilómetros se encuentra Monterey, con una sola “r”, no como nuestra ciudad mexicana. Este destino es célebre por su acuario, uno de los más importantes de Estados Unidos, que muestra la riqueza marina del Pacífico con especies impresionantes como nutrias, tiburones y medusas gigantes. Su bahía, rodeada de acantilados, es un espectáculo natural donde es posible observar lobos marinos y, en temporada, incluso ballenas.
La zona del Old Fisherman’s Wharf conserva el espíritu pesquero de la ciudad, con muelles de madera, vistas espectaculares y una gran oferta gastronómica. Aquí se puede disfrutar del clásico clam chowder, una crema de almejas servida en pan artesanal, o probar pescados y mariscos frescos en alguno de los restaurantes que miran al mar. Otro sitio muy recomendado es Passionfish, famoso por su cocina sustentable y su carta de vinos californianos.
Muy cerca de ahí está Pebble Beach, uno de los campos de golf más reconocidos del mundo, donde la belleza del paisaje se une con la elegancia del deporte.
Para llegar a esta región lo ideal es volar a San Francisco y rentar un auto para recorrer la espectacular Highway 1, también conocida como la Ruta Escénica del Pacífico. Esta carretera, que serpentea junto al mar, ofrece panorámicas inolvidables de acantilados, playas y pueblos costeros. En el camino, es común ver surfistas desafiando las olas, evocando la música alegre de los Beach Boys y su clásico “Surfing USA”.
Viajar por esta parte de California es una experiencia que combina naturaleza, cultura y un estilo de vida relajado que invita a disfrutar cada momento.
Viajemos juntos.


