NOTAS PARA UNA DEFENSA DE EMERGENCIA
Silvino Vergara Nava
Odio a los indiferentes… Vivir significa tomar partido.
No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños, a la ciudad. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido.
La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida.
Por eso odio a los indiferentes
Antonio Gramsci (1891-1937)
Este año serán elegidos –a decir de los datos oficiales del Instituto Nacional Electoral– 20 mil 286 cargos públicos.
Para esa multitud de cargos públicos, de candidatos, y de paso para los partidos políticos que los proponen, está dirigida esta carta, dividida en secciones de aquí al domingo de las elecciones, si las condiciones lo permiten.
A todos los candidatos de los 20 mil 286 cargos de elección popular:
Están a punto de llevarse a cabo las elecciones con más cargos públicos en disputa en México.
Es una ocurrencia “amotinar” tantos cargos públicos para elegir en una sola jornada electoral; desde luego, con el mayor número de votantes, lo que se debe al incremento de la población.
Pero así como hay tantos cargos públicos en disputa, también vivimos un ambiente plagado de indiferencia, debido a que circula la idea de que las elecciones están ganadas por el partido oficial, lo que da pie a que la población piense que no es necesario acudir a votar; que es innecesario acudir a formarse una o más horas para sufragar.
Luego está la creencia de que los votos se los roban, que ya ordeñaron las urnas, que por allí las quemaron.
Es decir, hoy estamos viviendo un ambiente en el que pareciera que hay que olvidarse de acudir a votar.
Esto es: inculcar la indiferencia a la población para que la depredación de los políticos avance.
Por eso es que nos hemos habituado a vivir, en estos últimos tiempos, “entre la depredación y la indeferencia”.
Efectivamente, la depredación de los partidos políticos, de muchos de los que acuden a las candidaturas a los cargos públicos para obtener ganancias, para repartir concesiones, licitaciones, puestos en cargos públicos y a ver que otro “negocio” se encuentran en el camino.
Y otros más, impuestos en las candidaturas, amenazados por el crimen organizado. De ese lado es la depredación.
En el polo opuesto, la población en general.
Con tantos problemas con que contamos los ciudadanos de a pie, asumimos que las votaciones y los cargos públicos son para otros.
Que nos debemos preocupar de lo nuestro y no de lo que está muy lejano de controlar.
Que la política es asunto complejo y sucio en el que no queremos involucrarnos.
Que preferimos acudir a entretenernos en otros asuntos que no sean esos.
Por eso es que estamos ante la indiferencia de lo que sucederá el próximo domingo 2 de junio.
Pensamos, eso sí, en las consecuencias de las siguientes semanas.
Que los que estamos alejados de los partidos políticos mejor debemos preocuparnos, los unos, de si nos pagan esta quincena, de que siga el empleo funcionando, de que no haya despidos.
Los otros, de si alcanza para pagar la quincena, que están desapareciendo los clientes, que el producto o servicio que ofrecemos no se vende, que estamos amenazados por la delincuencia, por las autoridades administrativas, fiscales, por la competencia voraz y por la corrupción.
Por todo ello es que no hay tiempo para preocuparse de cosas tan triviales como las elecciones, las decisiones políticas, los partidos políticos y, sobre todo, las elecciones.
A los que tienen interés en el statu quo les importa que las cosas sigan igual y que no cambien; mantener la indiferencia de la población –que, dicho sea de paso, es un fenómeno mundial y no algo particular de México–, así como influir a la población para que no acuda a votar, porque ahora resulta hasta “peligroso” acudir a las casillas.
Es a lo que aspiran muchos en estas elecciones.
Sin embargo, lo que sí es una realidad es que la indiferencia en los últimos tiempos se ha multiplicado, en gran parte por la tecnología de la comunicación, por tantos distractores, porque el ambiente generalizado nos está invitando a disfrutar en el ahora, sin considerar el futuro.
Vivimos en la cultura de la indiferencia, para bien de pocos y para el mal de muchos.
Pues bien, en estos momentos estamos ante la oportunidad de combatir la cultura de la depredación y la indiferencia.


