Por: Hugo Arquímedes González Pacheco y Montes / [email protected]
Desde mi escritorio
Más allá del desafío que la pandemia sigue planteando en México, resolver el retorno seguro a las escuelas es crucial para detener el impacto de contagios en donde se deja a los niños y jóvenes del país el compromiso de autocuidarse ante padres que ejercen violencia, desatención y descuido.
El regreso presencial a las escuelas, tras 17 meses de permanecer cerradas por la pandemia de COVID-19, es una gran polémica cubierta de falta de información, de comunicación asertiva y de amor por la vida. La pérdida de los valores en políticos nos ha generado el crecimiento de problemas vinculados con la pobreza, malnutrición, violencia, maltrato físico, verbal, psicológico, sexual y el embarazo en adolescentes, entre otras cosas.
En Coahuila se adelantó una semana el retorno a clases presenciales con la atención a 91 mil estudiantes en 191 centros escolares de Educación Básica. En Tijuana, la preparatoria federal Lázaro Cárdenas con uso de la tecnología realiza una evaluación sanitaria para detectar temperatura y dar sanitizante, con la asistencia de mil 700 estudiantes en el modelo híbrido, a fin de tener la mayor seguridad sanitaria y contar con una escuela segura, lo que debería aplicar en todas las escuelas del país.
Millones de niñas, niños y jóvenes vieron afectada su educación durante la pandemia. Ahora es el momento de reforzar la protección del derecho a la educación segura, sin poner en riesgo la vida de alumnado, maestros y sus familiares. La reconstrucción del sistema educativo nacional caduco urge. Las condiciones de salud en las escuelas no se logra con folletitos, oficios o decálogos, sino con presupuesto económico para materiales de higiene, salud, agua, internet, computadoras para los docentes y que el gobierno de la 4T contrate psicólogos para todas las escuelas. En el regreso a clases presenciales, no se debe dejar a los padres la responsabilidad del cuidado de las escuelas con la compra de los insumos de higiene y cuotas “voluntarias” para inscripción.
Una educación de limosnas, ocurrencias, improvisaciones, desinformación y de mentiras, ni es segura, ni es de calidad, no es humana, menos gratuita.
En lugar de pensar en la revocación de mandato, mal gastando el dinero del pueblo en caprichos y pleitos de encono con sus adversarios en las mañaneras lo cual también es corrupción, es de justicia social que esos miles de millones de pesos se inviertan en educación, trasformando para el bienestar de la niñez y juventud mexicana que demandan una formación de primer mundo y no una educación de cuarta.
El objetivo de las clases presenciales no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defecto y simulaciones de la educación que por décadas han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras, sobre todo, lograr una educación realmente integral de fortalecimiento emocional, desarrollando las inteligencias y talentos múltiples en todos los estudiantes.
Otra simulación: la carta-compromiso que promovió Delfina Gómez en su decálogo educativo en la mañanera en presencia de AMLO. El presidente dice que no lo tomaron en cuenta y la maestra Delfina culpa a El Universal de publicar una carta “pirata”, de cuya existencia sabía todo el magisterio.
Lástima que una secretaria de Educación Pública no tenga valores ni memoria de lo que dice, olvidándose gravemente que la educación pública es gratuita, obligatoria, laica, integral y de calidad como lo marca el artículo tercero constitucional, aunque exista pandemia o un desastre natural.
Se tiene que garantizar una reapertura en la forma más segura posible, con enfoque en bioseguridad y calidad, legitimando las mejores condiciones sanitarias posibles para niñas, niños y adolescentes, sus familias y maestros. La aplicación de los protocolos de reapertura creará un ambiente de desconfianza e inseguridad. Pero qué se puede esperar de Hugo López-Gatell con su mala información, mentiras y falsos pronósticos en la salud de los mexicanos, igualmente de una secretaria de Educación que compara el contagio de piojos con una pandemia.
Ahora el maestro tiene que ser mago para resolver los contagios, la salud emocional; hacerla de psicólogo, nutriólogo, trabajador social, cuidandero, enfermero y dar resultado en los aprendizajes claves de los planes y programas. Es quien ha dado su trabajo, su tiempo familiar, su economía y la cara en las clases a distancia. Desgraciadamente, a costa de descalificaciones.
La salud, seguridad y bienestar de los alumnos estará en sus propias manos. Aquellos en situación de mayor vulnerabilidad sufrirán las peores consecuencias. La falta de interacción social y ejercicios ya se refleja en la salud física y psicológica, con problemas de obesidad y desnutrición de muchos niños y niñas. Las escuelas significan para muchos una red de seguridad que los protege del abuso familiar, del matrimonio temprano de adolescentes y de la explotación infantil.
Las clases de recuperación y regularización académica deben tener prioridad, con el fin de garantizar que los alumnos que no hayan podido estudiar a distancia no se queden rezagados. Por otro lado, se debe asegurar la continuidad de la educación, poniendo especial cuidado en evitar deserción escolar con apoyo psicosocial. La inversión en el acceso a internet en las escuelas para la atención de la educación digital o en la modalidad en linea en el modelo híbrido para todos es esencial.
El aprendizaje remoto en línea debido al cierre de escuelas relacionado con la pandemia fue difícil para muchos alumnos. Pero ha sido especialmente desafiante para muchos niños, niñas y jóvenes con discapacidad que no pueden beneficiarse particularmente de la educación presencial. El aprendizaje a distancia en línea era a menudo inaccesible para ellos, corriendo el riesgo de ser excluidos por completo de la educación.
Algunos Centros de Atención Múltiple pudieron tomar medidas para que los alumnos estudiaran a distancia, con el apoyo incondicional de los maestros de Educación Especial. Las medidas que tomaron estas escuelas muestran que hay formas de brindar a los menores con discapacidad el acceso a una educación inclusiva incluso en esta emergencia sanitaria.
Los padres dijeron que, a pesar de tener disponibilidad de dispositivos con conexión a internet, el aprendizaje a menudo no satisfacía las necesidades educativas de sus hijos, ya que requerían apoyo en persona. Una madre, cuyo hijo de 13 años tiene autismo y no habla, me dijo: “Algunos niños con discapacidad pueden acceder al aprendizaje con cierta facilidad, pero para él mío no; es imposible atraer su atención a través de una pantalla durante más de cuatro minutos”. Eso lo desconocen muchos funcionarios de la educación.
De todo corazón y por amor a la vida de los estudiantes y compañeros maestros, que el regreso presencial a la escuela sea realmente seguro por el bien de todos los mexicanos.
¿Usted qué opina?


