Por: Antonio Peniche García
México y los mexicanos estamos pasando por una etapa reflexiva, cuya reflexión más importante, para la generación actual, debiera centrarse en tomar conciencia de que estamos pasando por ese momento.
Develar el alma de México. Sentir su corazón que late incesantemente bajo siglos de historia. Permitir el surgimiento de su espíritu multicultural. Tener el coraje y el valor de escuchar la voz interior de este país, que yace semidormida en las conciencias de todos los mexicanos, es el gran reto de este siglo para nuestra nación.
Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad escribe: “Despertar a la Historia significa adquirir conciencia de nuestra singularidad, momento de reposo reflexivo antes de entregarnos al hacer”; de ahí que se haya vuelto una necesidad imperante para México realizar su introspección.
Todo ser humano o nación, que ha aportado algo a la humanidad, que ha hecho historia, siempre ha sabido retraerse un tiempo para buscar dentro de sí mismo su identidad, su yo creativo, su razón de ser. No podemos sustraernos a la necesidad de interrogarnos y contemplarnos.
El reflexionar para repensarse y hasta para reinventarse es una necesidad indiscutible y hay que satisfacerla. En alguna ocasión, hace ya varios años, escuché a María Félix en una entrevista, diciendo: “En algún momento de mi vida, yo me reinventé”. En ese entonces no comprendí a fondo el significado de esas palabras de La Doña; hoy son sentencia de vida para todo aquel que busque encontrarse, y México necesita reinventarse.


