Dr. José Manuel Nieto Jalil / Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Sur Tecnológico de Monterrey Campus Puebla
La escasez de agua se manifiesta como uno de los desafíos más apremiantes para la humanidad en el siglo XXI, y representa un reto fundamental que enfrentan numerosos países, incluido México.
Este problema se agrava debido al crecimiento demográfico, la contaminación de los cuerpos de agua y la sobreexplotación de recursos hídricos, especialmente los subterráneos, acentuándose aún más por el aumento del consumo de agua.
Alarmantemente, casi dos millones de personas pierden la vida anualmente debido a la falta de acceso a agua potable.
En la actualidad, el consumo de agua experimenta un crecimiento preocupante, superando el ritmo de expansión demográfica. Con la mitad de la población mundial residiendo en entornos urbanos y proyectándose que casi el 60% lo hará en las próximas dos décadas, la gestión del agua se convierte en una prioridad ineludible.
Aunque no podemos hablar de escasez hídrica a nivel global, observamos un aumento significativo en regiones con niveles crónicos de déficit de agua.
La escasez actual ha impulsado la exploración de fuentes no tradicionales, como el agua de mar, la residual y la gris. A pesar de que hay suficiente agua potable en el planeta para abastecer a todos sus habitantes, la realidad es que su distribución es irregular.
Esta anomalía se traduce en el desperdicio en algunas zonas, su contaminación ocasional y una gestión insostenible del recurso.
Con una disponibilidad anual de agua en el mundo de aproximadamente mil 386 millones de kilómetros cúbicos, resulta esencial destacar que el 97.5% de este volumen es agua salada, mientras que sólo el 2.5% es agua dulce.
De este último porcentaje, casi el 70% es inaccesible para el consumo humano, ya que se encuentra atrapado en glaciares, hielo y nieve. Esta realidad deja disponible sólo una fracción mínima para la mayoría de los seres vivos, subrayando la necesidad urgente de una gestión cuidadosa de nuestros recursos hídricos.
La sobreexplotación y el cambio climático emergen como amenazas a largo plazo para el bienestar humano. Evaluar y reaccionar ante estos desafíos se convierte en una tarea monumental para las autoridades y la humanidad en su conjunto.
La gestión eficiente de los recursos hídricos se vuelve imperativa, exigiendo estrategias sostenibles que aborden la explotación excesiva y fomenten la resiliencia frente a los cambios climáticos.
Por otro lado, la estrecha conexión entre la escasez de agua y la desertificación resulta innegable. Anualmente, la pérdida de hectáreas de tierra productiva debido a la desertificación ejerce un impacto negativo y significativo en la disponibilidad de recursos esenciales.
Este desafío no puede abordarse de manera aislada; está intrínsecamente vinculado a los cambios climáticos, la conservación de la biodiversidad y la urgencia de adoptar prácticas de gestión sustentable en nuestros recursos naturales.
Los desafíos que enfrenta la humanidad no se limitan únicamente a la escasez de agua; para edificar Ciudades Inteligentes Resilientes es imperativo considerar otros elementos clave más allá del agua. Ejemplos notables incluyen una transición hacia fuentes de energía renovable.
Al depender de energías limpias, no sólo se reduce la huella ambiental, sino que también se fortalece la capacidad de las ciudades para resistir perturbaciones en el suministro energético.
La implementación de infraestructuras digitales, como la Internet de las cosas (IoT) y sistemas de gestión inteligente, optimiza la eficiencia operativa, lo que facilita la recopilación y análisis de datos en tiempo real, permitiendo respuestas más rápidas a desafíos y crisis.
El uso de medios de transporte sostenibles, como vehículos eléctricos, bicicletas compartidas y sistemas de transporte público eficientes también constituye un elemento en la construcción de ciudades inteligentes y resilientes.
Esto no sólo reduce la contaminación del aire, sino que también contribuye a la resiliencia de la ciudad ante problemas de congestión y movilidad.
Otros de los elementos importantes en las ciudades inteligentes resilientes están considerados en una planificación urbana centrada en la sostenibilidad, lo que implica el desarrollo de espacios verdes, la optimización del uso del suelo y la implementación de arquitecturas energéticamente eficientes.
Esto no sólo mejora la calidad de vida, sino que también fortalece la capacidad de la ciudad para enfrentar desafíos ambientales y sociales.
La gestión eficiente de residuos es crucial para la resiliencia urbana y la preservación del entorno.
Por ello es importante la implementación de sistemas inteligentes de gestión de residuos, que incluyen la recopilación y el reciclaje optimizados, contribuye a la reducción de desechos y minimiza el impacto ambiental.
También es trascendente la creación de programas educativos y plataformas de participación ciudadana con el objetivo de empoderar a los residentes y así puedan contribuir activamente al desarrollo y resiliencia de la ciudad.
La conciencia y la colaboración comunitaria son pilares esenciales para la construcción de ciudades inteligentes y, sobre todo, resilientes.
Finalmente, y no menos importante, es la adopción de prácticas económicas circulares que promuevan la sostenibilidad y reduzcan la dependencia de recursos finitos, fortaleciendo la resiliencia económica de la ciudad.
La integración de espacios verdes, parques urbanos y sistemas de drenaje sostenibles mejora la calidad ambiental y contribuye a la resiliencia ante eventos climáticos extremos, como inundaciones y olas de calor.
En respuesta a todos estos desafíos, el Tecnológico de Monterrey Campus Puebla organizó por tercera vez el evento Ciudades Inteligentes Resilientes durante tres días. En este encuentro, especialistas nacionales y extranjeros convergieron para centrarse en el compromiso de crear un futuro más sostenible y resiliente.
Durante este evento, puntos comunes destacaron los desafíos que nuestra sociedad enfrenta y la urgencia imperante de abordarlos de manera integral.
Al reflexionar sobre elementos fundamentales como la transición hacia energías renovables, la implementación de infraestructuras digitales, la promoción de la movilidad sostenible y la planificación urbana centrada en la sostenibilidad, nos hemos percatado de la complejidad y la interconexión de los factores que moldean nuestras ciudades.
Este panorama integral, que también abarca temas cruciales como la gestión inteligente de residuos, la seguridad ciudadana, la educación, la salud pública, la economía circular y la infraestructura verde, indica una ruta clara para la construcción de comunidades más equitativas y resilientes.
La relevancia de este evento trasciende la mera comprensión de los desafíos actuales; reside en nuestra capacidad colectiva para traducir este entendimiento en acciones concretas.
Al amalgamar nuestras fuerzas como científicos y como sociedad, no sólo atendemos a las demandas del presente, sino que también estamos erigiendo un legado para las futuras generaciones.
Este compromiso y colaboración constituyen el núcleo mismo del desarrollo de ciudades destinadas no solo a resistir las adversidades, sino a prosperar, abriendo el camino hacia un porvenir más prometedor y resiliente para todos.


