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Consumidores jugando a dioses (sobre la permisión del aborto)

Crónica Puebla por Crónica Puebla
2 octubre, 2022
en Opinión
mexico aborto

Foto: Cuartoscuro

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Notas para una defensa de emergencia

Dr. Silvino Vergara Nava
correo: [email protected] web: parmenasradio.org

“Seguimos sin estar seguros de nuestros
objetivos y parecemos estar tan descontentos
como siempre… somos más poderosos de lo
que nunca fuimos… los humanos parecen
ser más irresponsables que nunca.
Dioses hechos a sí mismos.
No hemos de dar explicaciones a nadie”
Yuval Noah Harar

En estos tiempos, para asumir una posición racional sobre la prohibición o permisión del aborto, en este  ambiente generalizado como decisión propia y libre de la mujer, más allá de los argumentos teológicos y  morales, que pueden estar muy sustentados sobre la prohibición, es necesario también analizar esa tendencia  mundial a legislar sobre la interrupción del embarazo, partiendo de las características de la postmodernidad, más que nada, para asomarnos a ver qué es lo que hay detrás de esa predilección para presionar a los legisladores a implementar esta medida y, sobre todo, el impulso que tienen los jueces y tribunales de dar ese tipo de  permisiones en las sentencias, asumiendo que es un logro en el ejercicio de las libertades de las mujeres.

Y es que en estos momentos postmodernos, o bien de la modernidad tardía o como le llaman otros (tardío- modernidad), vivimos a su vez en la segunda fase del capitalismo, que ha contado hasta ahora, con dos fases.

La primera fase denominada como “capitalismo productivo”, el que contaba y requería de productores y  onsumidores, mujeres y hombres que se dedicaran a la producción, a trabajar, empleados, asalariados. Por ello, se requería de personas capaces, altamente especializadas y sanas para rendir en el trabajo.

Por otro lado, se contaba con los consumidores que son los que alimentan a los productores, por ende, el Estado  conforma instituciones que tenían como tarea dotar a las empresas privadas de personal capacitado y sano para  el empleo. Desde luego que, estamos en los tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial y hasta finales de  la década de los 70 del siglo pasado.

En el campo jurídico a esto se le denominó como “los derechos sociales” y que correspondía educación, salud,  vivienda, auspiciada toda por el Estado. Aquellos eran los Estados sociales de derecho o también denominados  “Estados de bienestar”, que tenían la ineludible obligación de hacer cumplir esos derechos a su población.

Pero, para estas obligaciones, desde luego que no hay dinero que alcance, es una carga excesiva al Estado.

Además, la población se está multiplicando en cantidades exorbitantes, particularmente en países denominados  “emergentes”.

En el caso de las naciones del primer mundo, esas políticas de dispendió otorgando esos derechos sociales había que ponerles un freno, eso sucedió con los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, en Inglaterra y  Estados Unidos, respectivamente, y así paulatinamente lo fueron haciendo las demás naciones del primer mundo.

Con ello, la educación, los servicios de salud y las viviendas cuestan a los propios ciudadanos, en la mayoría de las ocasiones, esto implica que no se puede contar con familias de cinco o seis hijos.

Esto es comprobable, con lo que está sucediendo en Francia e Italia, particularmente, esas naciones se están quedando sin población joven, lo mismo que España en donde hay pueblos habitados por un centenar de  personas mayores de 65 años de edad. Esto no es suficiente, en otras latitudes se está manteniendo un ritmo  demográfico muy alto, el caso son los referidos países emergentes; Latinoamérica es el caso, Estados Unidos con  sus migrantes de una multiplicidad de naciones, culturas y religiones en las mismas condiciones.

Por su parte, la economía se esta modificando, no se requieren los miles de trabajadores que se utilizaban en las  décadas ya mencionadas de siglo XX. Incluso, el mundo también se ha tecnificado, adicionalmente se ha  monopolizado los sectores de producción, lo que se requiere entonces, ya no son productores, se buscan  consumidores, esta es la segunda fase del capitalismo, denominado como “capitalismo financiero”, que se  encuentra ante la presencia de Estados totalmente debilitados.

Pero, cuentan con la carga de la población. Personas que se convierten en consumidores de las instituciones de  los Estados, tal es el caso de aquellos ciudadanos que consumen servicios administrativos, servicios hospitalarios, legales, etcétera.

Es una realidad que hay un exceso de población, una gran cantidad de mujeres y hombres en el planeta, que ya  no alcanzan a tener el carácter de consumidores de las empresas privadas, se trata de consumidores  “disfuncionales” que debe de absorber el Estado, ya sea dándoles asistencia medica de muy mala calidad, pésima educación o bien encerrándolos en presidios o centros de readaptación por problemas con las drogas, inventado  delitos que justifiquen el control sobre esa gran masa de la población.

Sin embargo, esto no es suficiente, hay que hacer más al respecto, es necesario parar los índices de natalidad,  sobre todo de esa gran masa de población, en su calidad de consumidores “disfuncionales”, esa que forma parte  de aquellos que nunca van a contar con un empleo, que incluso, están por debajo de índices de la pobreza, a  esos que se les denomina como los “desclasados”, haciendo alusión que no les toca ya formar parte de una clase social, ni acaso de los más pobres.

Por ello es que, los servicios de salud pública implementan programas de esterilización voluntaria, de distribución de preservativos, etcétera, pero aun así esto no es suficiente, hay que poner en la conciencia de la población la  problemática de este crecimiento demográfico y de que este capitalismo financiero ya no requiere esas masas de  mujeres y hombres para su propio beneficio.

Pero, hoy en la gran mayoría de los países, la población no se ve representada por sus gobernantes, por ende, un mensaje de ese tipo, lejos que sea para seguir ese camino de disminuir los índices de natalidad, será lo contrario.

Por ende, hay que hacerlo de forma inversa, es decir, hay que parar el nacimiento de personas, como una forma  de contrarrestar las políticas publicas de los Estados, y que mejor que haciendo mención que es un derecho a  decidir, un derecho de las mujeres, el ejercicio a un derecho de libertad de disponer de su cuerpo, etcétera.

Con ello, hasta se legitimarán las reformas legales que el propio sistema requiere, haciendo mención que es una  decisión democrática, lo que dará vigor a justificar la democracia representativa tan inoperante con la que nos  gobiernan en las naciones del mundo. Además, se exaltará uno de los poderes del Estado que mayormente esta  en crisis, que es el poder judicial, que en el mundo ha perdido bastante credibilidad, sobre todo en las últimas  décadas, por su incompetencia y corrupción.

Así, las sentencias que permitan abortar libremente serán la voz de los derechos del pueblo. Y no faltarán los  profesores, investigadores y “líderes de opinión” en el campo jurídico que, con tal de ser leídos y contratados,  harán “contorsionismo jurídico” para justificar que el aborto es un derecho de libertad.

Por su parte, los partidos políticos que se dicen “de izquierda” (en realidad no lo son, porque para asumir esa  posición se requiere de mucho conocimiento y estudio) sostienen, como característica de su ideología, que están  protegiendo al más débil en cualquier relación, sin embargo, confunden al más débil en el debate del aborto a la  mujer ante el Estado, pero el debate no es la relación mujer-Estado, el debate es entre la mujer y el producto.

Entonces, esos partidos que se dicen de izquierda están protegiendo en esa relación al más fuerte que es la  mujer y no al más débil que es el producto, por ende, están contraviniendo sus propios principios de defender  siempre al más débil.

Y en las industrias del capitalismo financieros, que lo dominan esas grandes empresas que han monopolizado  todo e imponiendo en los gobiernos de las naciones sus propios intereses, ya están prestos a ofrecer nuevos productos en sus showrooms, como lo son “los niños a la carta”, que solamente ciertos y escogidos  consumidores pueden adquirir: los que ya no forman matrimonios pero requieren un hijo o hija, esos que por el  estrés y las enfermedades de la postmodernidad no pueden procrear hijos o las parejas del mismo sexo.

Desde luego, todos con un poder adquisitivo respetable y no la generalidad de la población, pues para estos está  el derecho de disponer de su cuerpo para evitar procrear consumidores “disfuncionales”.

Indudablemente, el capitalismo financiero, las industrias de la denominada “ingeniería genética” (que ya son un  porcentaje respetable que cotiza en la bolsa de Nueva York) siguen imponiendo sus ideales e insisten en este  mundo del consumismo, en donde está primordialmente el sexo, y que continúan insistiendo que la humanidad – mujeres y hombres– sigan “jugando a ser dioses”.

Etiquetas: abortolegalizaciónMéxicoopinionpaisespoblacion mundialPuebla

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