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Cuando la dualidad escatológica nos atraviesa

Crónica Puebla por Crónica Puebla
7 junio, 2022
en Opinión
Cuando la dualidad escatológica nos atraviesa
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Por: Antonio Peniche García
La otra cara de la moneda

 La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad. Sólo la Luz puede hacerlo.

El odio no puede expulsar al odio. Sólo el Amor puede hacerlo

Martin Luther King, Jr.

 

La libertad humana siempre ha poseído un carácter ambiva­lente.

De ahí un drama.

El ser humano oye en este drama no sólo una invitación a la Vida. También escucha una advertencia.

En el sentido del “destino eterno” del hombre, diversos desenlaces son posibles –felicidad o infelicidad; Cielo o infierno–, según la elección de cada uno.

Satán nos está moviendo el tapete. Siempre.

Luz u oscuridad.

El principio de la polaridad explica esta paradoja. La Luz y la oscuridad son simplemente variaciones de la misma co­sa. Diversidad de grados de un mismo fe­nómeno.

Dios no pudo haber creado el mal. So­lo es la ausencia de Amor.

“Para que la luz brille intensamente, la oscuridad debe estar presente”, escri­bió Francis Bacon.

La filosofía, las religiones nos llevan por caminos, muchas veces contradicto­rios, a pensar y a repensar esto.

Nos han establecido los dogmas a se­guir. Y es, para aquellos que se cuestio­nan… cuando empieza el drama.

Y también para los que no.

¿Si fallo, si cometo errores, estaré con­denado al crujir y al rechinido de dientes, por la Eternidad?

¿Si repruebo un año escolar, estaría condenado toda mi existencia al destie­rro, a un tipo de inframundo terrenal?

Eso no sucede.

Como seres imperfectos, con tantas faltas, errores, desaciertos, deslices que nos asaltan a diario, estaríamos todos condenados al sufrimiento eterno.

Este “destino eterno” del ser humano ha estado en el centro de las reflexiones de la conciencia.

Me resulta imprudente, soberbio, pre­suntuoso y sin sentido que le atribuyamos cualidades, características y atributos hu­manos a Dios, al Creador, a la Eterna Energía, a la Divinidad Infinita, al To­do… o como lo queramos nombrar.

Los más grandes pensadores del mun­do, antiguos y modernos, han reconoci­do la existencia de ese Poder.

Desde Platón hasta Confucio… Desde Nietzsche hasta Newton… Da Vinci, Mo­zart, Espinosa, Kant…

Antoine de Saint Exupéry, Lavoisier, Tolstói, Voltaire, Locke…

Desde Dostoievski hasta C.S. Lewis… Pasteur, Martin Luther King Jr., Dickens, Goethe, Copérnico, Descartes, Galileo…

Exploradores todos de la existencia es­piritual.

Y a pesar de que el Todo sea incognos­cible por su propia Naturaleza, el sentir que hay algo más poderoso es inefable, pero también sobrecogedor.

Los esfuerzos de explicarlo han fraca­sado siempre.

Son esfuerzos infantiles de mentes mortales.

Einstein lo expresó soberbiamente cuando dijo:

“No puedo imaginarme a un Dios que premia y castiga a los objetos de su crea­ción, cuyos propósitos han sido modela­dos bajo el suyo propio; un Dios que no es más que el reflejo de la debilidad hu­mana.”

“Dios es un misterio, pero un misterio comprensible. No tengo nada sino admi­ración cuando observo las leyes de la na­turaleza. No hay leyes sin un Legislador”.

“La religión y la ciencia van de la ma­no. Como he dicho antes, la ciencia sin re­ligión está coja y la religión sin ciencia es ciega. Estas son interdependientes y tie­nen un objetivo común: la búsqueda de la verdad”.

“Mi religión consiste en una humil­de admiración del Espíritu infinitamen­te Superior que se revela a Sí mismo en los pequeños detalles que somos capa­ces de percibir con nuestras mentes frá­giles y débiles. Esa convicción profunda­mente emocional de la presencia de un Poder Superior racional que es revelado en el universo incomprensible forma mi idea de Dios”

Ufff… ¡qué pasmosa claridad! ¡Qué her­mosa diafanidad en esas reflexiones!

Pensamientos expresados con profun­da luminosidad y brutalmente brillantes. Palabras de una de las mentes y almas más sabias y grandiosas que la humani­dad ha conocido.

Humildemente, creo que la religión de Einstein, como lo expresa en la últi­ma cita, está mucho más relacionada con la Espiritualidad que con religiones lle­nas de dogmas.

Y los dogmas son como piedras en el camino. Pero la Luz es como el agua… fluye naturalmente.

La naturaleza de un río es fluir. Nin­gún obstáculo se interpone en su cauce…los contornea o pasa por encima de ellos.

Nada le impide lograr su objetivo de desembocar en la inmensidad del océano.

Durante nuestra vida nos tropezare­mos con pruebas y manifestaciones que desafiarán nuestras relaciones con Dios.

De eso no hay duda.

Personalmente, creo que las almas re­gresan a este mundo físico una y otra vez. Hasta que aprenden y lo hacen co­rrectamente.

Algunos le llaman reencarnación.

Llámesele como se le llame, la rueda de la vida nunca deja de girar.

Un alma nunca muere: “La energía no se crea ni se destruye… simple­mente se transforma”.

Sólo cambia de forma según las cosas que le queden por hacer. La muerte no es real, ni aún en sentido relativo. No es si­no nacer en una vida nueva.

Y ascendemos y seguiremos ascen­diendo a planos de vida cada vez más ele­vados, durante eones y eones de tiempo.

Está en cada uno de nosotros com­prender humildemente la importan­cia de fluir en la existencia.

O estrellarnos contra las rocas y ver­nos aplastados por los elementos, en ra­zón de la locura vana y presuntuosa.

Es aquí donde nos atraviesa la duali­dad escatológica…

Podemos dedicar nuestra vida a ex­plorar, comprender y escudriñar, aunque sea insuficientemente, el fin existencial del ser humano.

Se nos ofrece aspirar a una concep­ción final y trascendente del Hombre.

En la que el Ser ha comprendido que lo criatural y lo divino se han unido.

En el que individualidad y comunidad se han fusionado.

En el que interioridad y cosmos se han armonizado.

Donde el cuerpo y el Espíritu se han fundido.

En el fondo, es una sola unificación. La Luz lleva una dirección y un sen­tido fundamental.

Captar el vasto significado de esa Vi­sión y procurar aplicarlo vivencialmen­te nos puede llevar a que nuestras vidas obtengan dirección, seguridad y sentido.

Que se manifieste la alegría, el bienes­tar y la gratitud.

En la medida en que la escatología se mantenga fiel a este propósito, poseerá la luminosidad de la Verdad. La Fuerza para transformar la existencia.

Sin embargo, la otra escatología se nos aparece, de igual forma.

No creo que existan un par de pala­bras homógrafas con tan grande dis­cordancia.

Dos palabras que se escriben y se pro­nuncian igual. Pero su acepción es formi­dablemente, irracionalmente divergente.

El estudio de las heces, de los excre­mentos…es la otra escatología.

¿Ilógico? Puede ser.

Una… predica e indaga sobre la unifi­cación interna del hombre. Sus comple­mentos sociales y cósmicos. Su fin últi­mo en la Existencia.

La otra… se dedica a estudiar la ca­ca.

Y en estos tiempos que vivimos, no me cabe la menor duda que debemos erigir­nos como diligentes fontaneros.

En primerísimo lugar, de nosotros mismos.

Tenemos que hacer limpieza empe­zando por nuestras caprichudas mentes e inmaduras almas.

Purificar nuestros repugnantes pen­samientos. Erradicar nuestros pusiláni­mes actos.

Mandar a la mierda a alguien no ne­cesariamente es un insulto. Es una bue­na manera de ayudar a cierta gente a en­contrar su camino.

Tenemos que lograr que la mierda empieze a fluir. Conseguir que se mar­che. Y cederle el paso a la Luz.

Nuestra sucia y corrompida sociedad lo necesita. Lo pide a gritos. La Madre Tierra nos lo está implorando.

El plomero interno de cada quien requiere de mucho trabajo espiritual.

Paciencia, congruencia, conciencia y constancia emergen como virtudes fun­damentales.

Sólo destapando nuestras propias tu­berías y desechando lo execrable de noso­tros mismos lograremos que la Luz flu­ya.

Una frase de Platón lo expone mara­villosamente: “Podemos perdonar fácil­mente a un niño que tiene miedo de la oscuridad. La verdadera tragedia de la vida es cuando los hombres tienen mie­do de la Luz.”

Etiquetas: bienestarpazsalud

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