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El caso López Zavala y nuevos apuntes sobre el poder

Arturo Luna Silva por Arturo Luna Silva
7 junio, 2022
en Garganta Profunda
El caso López Zavala y nuevos apuntes sobre el poder
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[email protected] Twitter: @ALunaSilva

Qué tiene el poder, especial­mente en Puebla y señalada­mente en los últimos tiem­pos, que termina envolvien­do a sus protagonistas en ca­sos criminales o finales trá­gicos, que parecieran ser pro­ducto de una especie de locu­ra. La aprehensión el medio­día de ayer del excandidato del PRI a gobernador, Javier López Zavala, tiene elemen­tos que confirman esa hipó­tesis de que el poder obnubi­la, al grado de generar una es­pecie de demencia.

Personajes que hace po­co más de una década vivían los excesos y la embriaguez que dan los cargos y el dinero, hoy están en la cárcel o en el panteón.

Suena durísimo, pero es literal.

De esto hablamos el 26 de abril del año pasado.

La lista, entonces, era ya abultada.

Rafael Moreno Valle Ro­sas y Martha Érika Alonso Hidalgo, muertos.

Eukid Castañón, el temi­ble operador del morenova­llismo, preso.

El exgobernador Ma­rio Marín Torres también encarcelado.

El exdiputado de Morena, Saúl Huerta Corona, preso por ser un presunto depreda­dor sexual.

Y tantos otros exiliados, retirados o tratando de actuar bajo las sombras.

Hoy se sumó a la lista López Zavala.

El caso es gravísimo y des­tapará una terrible historia.

De apasionamientos y ba­jas pasiones.

De abusos y de excesos.

Javier López Zavala ya no estaba en el círculo de poder.

Desde el morenovallis­mo, cuando se convirtió en un delator de sus compañe­ros priístas y en un facilita­dor del gobernador que lo venció en las urnas, se extin­guió su influencia.

Regresó a ser “Zavalita”.

Luego coqueteó con irse a la Cuarta Transformación (4T).

No tuvo éxito.

Su relación personal con la penalista Cecilia Monzón se remonta a sus días de po­der, de gran poder, como se­cretario de Gobernación del marinismo.

Como candidato del PRI –partido que hoy se deslindó de él– a la gubernatura en 2010.

La mano poderosa, en­tonces, de Zavala movía mu­chas cosas.

Definía muchos destinos.

De resultar que es respon­sable intelectual de crimen de su expareja, supondríamos que algo de esas reminiscen­cias del poderoso había toda­vía en su mente.

Del influyente.

De quien cree que el poder es para siempre y que nunca lo podrá alcanzar la justicia o la ley, porque es “especial”.

De quien estuvo a un mi­límetro –literal– de gobernar Puebla.

Por cierto, se iba a casar nuevamente en unos días.

Javier López Zavala vivía como si siguiera en el poder.

Como si su tiempo, que fue tan efímero, fuera eterno.

Hace más de un año escri­bí (me disculpará la chocan­tería de la cita propia, pero es ilustrativa):

“¿Es el poder una maldición?

¿Una maldición para los hombres y las mujeres que lo tienen o tuvieron a ma­nos llenas y acaso creen o creyeron que duraría para siempre?

¿Qué tiene que ver con todo esto la soberbia, acaso el peor pecado –o al menos el que más penaliza– a corto y mediano plazo?

¿Se creen eternos?

¿Infalibles?

Peor: ¿intocables?

¿Dioses en el poder?”.

Hasta aquí la referencia a la columna “Apuntes so­bre el poder (a propósito de Saúl Huerta y otros horro­rosos casos)”, del 26 de abril de 2021.

Algo les pasa a esos personajes.

Algo que se parece a la locura.

A una que es incurable.

Como las enfermedades de las que no se ha encontrado una cura.

Hoy tristemente el caso López Zavala es otro, el ené­simo capítulo de una pelícu­la de terror que, no por re­petida, por recurrente, deja de sorprender e impactar a pro­pios y extraños.

Ay, el poder, esa arma de doble filo, que se ejerce tanto como se padece.

Etiquetas: cecilia monzónJavier López ZavalaPRI

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