Adolfo Flores Fragoso / [email protected]
Es la antigua calle del Beaterio (de Santa Rosa, en el siglo XVIII), de la Amargura (s. XIX), y de Merino (en el siglo posterior).
La actual 3 Norte 800.
Tal vez un día escriba esas leyendas que le encomendaron tan extraños nombres.
Una crónica linda e inhalante.
Pero la historia da impredecibles vueltas en las que pocos trascienden como personajes con alas.
Así las cosas en la Puebla de los Ángeles.
…
“Mi abuelo abrió este negocio en 1920. Procedente de Huamantla, fundó la primera jarciería del siglo XX en la ciudad de Puebla. De ahí viene el nombre de este lugar: Casa Pedro Ruiz. A partir de eso compró locales a mis tíos en la 8 y la 10 Poniente. En San Andrés Cholula, también…”.
“¿También fue propietario de las jarcierías del mercado La Victoria, en la parte norte?”, le pregunto a Pedro Ruiz Fung, el nieto.
“No. Nosotros éramos los proveedores de los jarcieros de La Victoria –me aclara–. Nunca vendimos dentro del mercado”.
“Según sé, este oficio lo trajeron de España…”, le atraigo mi duda.
“En realidad, mi abuelo Pedro Ruiz Castro aprendió este trabajo y tradición en Huamantla gracias a las vivencias y experiencias de los tlaxcaltecas. Te explico la historia…”, y Pedro intensifica el tono de su voz:
“La gente ignora lo que es una jarcia: la jarcia es una cordelería que utilizaron los barcos de vela. Si usted ve, 60 por ciento de mis productos son cuerdas, son jarcia. Los mejores cordones para sostener las velas. La jarcia la trajimos de España, pero quienes la diversificaron y mejoraron fueron los tlaxcaltecas. Por ignorancia, hoy, las nuevas generaciones le llaman jarcias a las tienditas de ‘productos de limpieza’. Nada que ver”, corrige.
…
“Henequén o ixtle. Ese es el elemento natural para elaborar una jarcia. Hoy recuperamos el uso de la jarcia, pues es una fibra muy noble para hacer manualidades. Desafortunadamente este material hoy lo estamos importando de Brasil. Quedan pocos productores mexicanos”, revela triste.
…
“Vigas y estantes de madera. Un negocio histórico y muy tradicional para nuestro Centro Histórico”, le comento.
“Cuando mi padre me pide que me haga cargo del negocio (hace 30 años), le comenté que había que restaurarlo y ‘modernizarlo’ según mis ideas después de haber trabajado en una empresa extranjera muy importante”.
La respuesta de su padre fue una gran enseñanza:
“Si tú le cambias la estructura y la imagen vieja a este negocio, lo pierdes y fracasas”, respondió Don Pedro Ruiz.
“Nada cambié, y hasta nos va muy muy bien (en la Casa de Pedro Ruiz), pagando renta desde 1920”.
…
Las básculas, un radio viejo y un mostrador con “mantel” de fierro, dan testimonio de lo dicho.
“Básculas de segunda mano: las mejores”, me confiesa. Con más de cien años de edad a manera de mobiliario en la jarciería de Pedro.
Terminada la charla, pasé a una botica y a comer un huevo frito sobre una picadita bañada en salsa roja de chile guajillo.
Pero esa, esa, es otra historia.
Excitante al paladar, como quien penetra la memoria.


