Iván Mercado
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En el pico más alto de hospitalizaciones por COVID-19 registrado durante julio, Puebla reportó mil 100 casos en los diferentes nosocomios del estado. Actualmente se tiene un registro de 300 a 350 poblanos hospitalizados a causa de la pandemia, pero se proyecta que para finales de noviembre y primeros días de diciembre, la demanda de camas de hospital se incremente nuevamente entre los 500 y los 600 casos.
Como una ironía funesta, la practica comercial denominada el Buen Fin está cumpliendo con sus expectativas económicas al disparar la movilidad de los consumidores mexicanos en tiempos de enorme riesgo sanitario. Las ofertas se encuentran como nunca en un desesperado intento por recuperar las ventas que no llegaron a lo largo de 2020, producto de una pandemia que sigue vigente y que a pesar de los números crecientes en el planeta entero, muchos han decidido ignorar nuevamente o bien resignarse a correr los riesgos de un potencial contagio, con el desenlace fatal que ya todos conocemos.
Por los niveles de actividad comercial reportados en el país, pero sobre todo en las grandes capitales del territorio nacional, está claro que las autoridades evaluaron el verdadero estado del mercado interno y decidieron apostarle a una dinamización de la economía nacional, la cual sin duda dejará ventas importantes, pero con un costo sanitario muy alto para los mexicanos.
Los representantes de diferentes organismos comerciales y empresariales refieren que las operaciones comerciales han tenido una respuesta mucho mayor a la esperada y, por tanto, la meta de 118 mil millones de pesos en ventas será perfectamente alcanzable para el próximo 20 de noviembre.
La expectativa y reactivación del mercado interno se cumplirá, pero al igual que en la mayoría de las compras del Buen Fin, el verdadero costo de este ejercicio de permisividad en tiempos de altísimo riesgo sanitario cobrará su verdadera factura en las próximas semanas, como cita el clásico: “Disfrute ahora, pague después.”
Este fin de semana México superó ya el millón de positivos acumulados desde el primer caso reportado el pasado 27 de febrero y, con estos números, entra en la tabla de las naciones más contagiadas en el planeta.
Actualmente el territorio nacional reporta dos estados en semáforo rojo (Chihuahua y Durango), 18 entidades en tono naranja, 11 en color amarillo y el contrastante verde que sigue conservando Campeche.
Sin embargo, territorios como Baja California, Nuevo León, Coahuila, Aguascalientes, Querétaro, Guerrero, Zacatecas, Colima y Nayarit comienzan a proyectar las tendencias suficientes para regresar al estado de alerta máxima dados sus índices de positividad.
Ciudad de México vive peligrosamente en un tono naranja ficticio y sólo se espera el cierre del Buen Fin para declarar el inevitable tono rojo por sus elevados niveles de contagio silencioso.
La tendencia negativa es la misma en una gran parte del país, sólo que los niveles de información hacia la población abierta han sido opacados por las intensas campañas que invitan a los mexicanos a aprovechar las ofertas de un riesgoso ejercicio de economía.
Poco ha trascendido que durante la semana pasada otros cinco estados (Baja por California Sur, Michoacán, San Luis Potosí, Veracruz y Quintana Roo) dejaron el color amarillo para retroceder al tono naranja, porque sus habitantes se relajaron en el cumplimiento de los protocolos sanitarios.
Y la tendencia es peligrosamente clara: estados como Hidalgo, Yucatán, Guerrero, Estado de México, Colima, Jalisco, Nayarit y Zacatecas también se verán obligados a abandonar la relativa tranquilidad del color ámbar, en esta semana que estamos por comenzar.
Las entidades que han logrado mantenerse en condición de riesgo medio o moderado siguen siendo Tlaxcala, Morelos, Guanajuato, Sinaloa, Tamaulipas, Chiapas, Tabasco y Puebla. Sin embargo, en Tabasco y Chiapas se
espera una dramática explosión de contagios debido a las condiciones de “desastre natural” que guardan esos territorios por las intensas lluvias e inundaciones, mismas que han obligados a decenas de miles de habitantes a olvidarse de los cubrebocas, de la sana distancia y del “lavado de manos constante”, porque a decir de los propios damnificados: o mueren de COVID-19 o mueren de hambre esperando una ayuda que llega a cuentagotas.
Puebla por fortuna, enfrenta otras condiciones que hasta ahora han permitido reportar un reducido número de contagios y muertes, así como un índice de positividad por abajo de 45 por ciento, sin embargo, en la semana comprendida entre el 9 y el 15 de noviembre, la Secretaría de Protección Civil en la capital poblana estima una movilidad de 60 por ciento por arriba de lo registrado en los meses anteriores.
En su reporte, la dependencia destaca el incremento sustancial de presencia de menores de edad en centros comerciales, tiendas departamentales, Centro Histórico y hasta parques y jardines.
Las ventas reportadas hasta ahora en el estado poblano también ya muestran una proyección positiva para alcanzar los 6 mil millones de pesos en operaciones comerciales.
No obstante y a pesar de un sin fin de recomendaciones y protocolos dictados por la autoridad e instrumentados por el comercio formal, la cantidad de poblanos que decidieron olvidarse “por un rato” de los riesgos para andar deambulando por las calles, ha sido sencillamente desproporcionado.
La necesaria política para apoyar a la economía local y con ello evitar un colapso mayor, ha derivado en la necesidad de ampliar la apertura de giros comerciales, la ampliación de horarios, la implementación de corridas de transporte público nocturno, la apertura de cines y, por supuesto, la instrumentación de operativos de vigilancia mucho mas estrictos para tratar de evitar un repunte de contagios, sin embargo y dado los niveles de comportamiento y responsabilidad social demostrados durante esta primera semana de compras, los números inevitablemente se modificarán.
En el pico más alto de hospitalizaciones por COVID-19 registrado durante julio, Puebla reportó mil 100 casos en los diferentes nosocomios del estado. Actualmente se tiene un registro de 300 a 350 poblanos hospitalizados a causa de la pandemia, pero ya se proyecta que para finales de noviembre y primeros días de diciembre, la demanda de camas de hospital se incremente nuevamente entre los 500 y los 600 casos.
Enfrentar esta crisis con bajos niveles de contagio, pero con una economía colapsada, o bien impulsar una reactivación económica con un elevado número de contagios y muertes es una disyuntiva que vuelve a imponerse.
Dada la crisis económica que actualmente vivimos y promete recrudecerse en 2021, parece que las autoridades, los sectores productivos y la sociedad en general han tomado su decisión.
Los números fatales se incrementarán sin remedio.


