Por: Adolfo Flores Fragoso / [email protected]
Hasta antes de la pandemia, el cuerpo estaba sometido a comparaciones en lo estético, en su uso social (la imagen) o en la probabilidad de su desgaste provocado por una enfermedad crónica, por ejemplo.
El cuerpo era sólo un escenario de identidad entre lo socialmente aceptable y rechazable, entre la salud y la enfermedad.
El cuerpo debía encajar en una moda, o en un tratamiento médico. Daba lo mismo.
En consecuencia, el cuerpo estaba sometido a los vaivenes de su portador y sus posibilidades de inversión en ropa, gimnasio y un seguro médico “por las dudas”.
Pero el apocalipsis viral levantó la mano y, silencioso, comenzó a apropiarse de nuestro cuerpo y a destruirlo en muchos sentidos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló recientemente que la gastritis, la colitis y las neuralgias también se han incrementado en un porcentaje sin precedentes a partir de la pandemia.
Ya no hablar de las reacciones vinculadas a trastornos del sueño, conductas regresivas, tristeza, angustia, ira, aislamiento, terror nocturno, llanto repentino, irritabilidad y sentimientos de culpa, según estudios de la misma OMS.
El cuerpo está siendo sometido a todos sus demonios a la vez.
La socióloga Paula-Irene Villa anticipa cambios radicales en las formas de convivencia y estilos de vida, a partir de defender de la muerte al cuerpo.
Nunca antes el cuerpo había estado tan vulnerable pues, hay que decirlo, hasta los más bellos y saludables están enfermando, y hasta muriendo.
El cuerpo es hoy la moda misma, con un rostro cubierto a la mitad y ya, en muchos casos, sin maquillaje.
Muchos salen a la calle y huyen de la misma lo más pronto posible. La calle es una pasarela de miradas. Sólo de miradas. En un mundo de dudosa estabilidad, el cuerpo está sometido hoy a nuevas formas de comparaciones: “¿Ya te pegó el virus? ¿Qué se siente?”
Las generaciones jóvenes tendrán que vivir bajo las leyes de la inestabilidad y la incertidumbre.
A Borges le dolía una mujer en el cuerpo.
Hoy lo poéticamente correcto es escribir: cuánto me dueles, cuerpo.


