Notas para una defensa de emergencia
Silvino Vergara Nava
Lo que quiero enseñarle
es el oficio de vivir
Jean-Jacques Rousse
Sin duda, leer, escribir, contar son necesarios para vivir.
La enseñanza de la filosofía estimula la capacidad reflexiva
en cada espíritu reflexivo
y, sin duda, las enseñanzas especializadas
son necesarias en la vida profesional
Edgar Morin
En las últimas semanas, la noticia sobresaliente fue el resultado respecto al rendimiento en las escuelas de los países que conforman la OCDE. La evaluación del nivel educativo en México es espeluznante.
En conocimiento de la cultura, un estudiante de 15 años de una escuela particular mexicana tiene el mismo nivel que uno de una institución rural de Vietnam. Y así en otras áreas.
Verdaderamente es un resultado muy preocupante.
Desde luego que pretextos hay muchos en la administración pública federal; resulta que se rechazó la evaluación asumiendo que ese estudio es “neoliberal”.
Y con eso se quitan del compromiso que se asumió desde que tomó posesión el actual gobierno federal en 2018.
Pero la culpa de este pésimo resultado tampoco es sólo de esta administración pública federal, ni es únicamente responsabilidad de las autoridades educativas; son muchos los implicados y muchos los factores, incluyendo desde luego la pandemia de COVID-19.
Efectivamente, estos pésimos y ridículos resultados dependen del pasado, de los sistemas educativos oficiales de las administraciones públicas anteriores que se dedicaron a politizar todo, tanto federales como estatales.
También lo es de los sindicatos de maestros que tanto daño han causado en el país con sus reclamos y olvidándose de la educación; lo es de la burocracia en el sector, que es ineficaz y sólo busca justificar su existencia.
Por igual, es responsabilidad de las escuelas tanto particulares como públicas, las cuales asumen que el compromiso de hacer “algo” se demuestra con cargas excesivas de tareas para los hijos.
Asimismo, de las universidades que tratan a los alumnos como clientes; de nosotros los profesores por nuestra falta de compromiso con los alumnos.
Y de los padres de familia que consideran a las instituciones educativas como un centro de depósito de los hijos, así como de los estudiantes que en estas últimas generaciones han nacido con el chip de que “no les corre la vida”.
Esto es un resultado en el cual todos estamos involucrados y, por ello, es que todos debemos ser responsables y tomarlo con la mayor seriedad posible, pues es evidente que en esa evaluación ¡estamos todos reprobados!
Si el resultado está maquillado o no lo está, si es para poner en aprietos a la administración pública federal en tiempos electorales, no son los temas de los que nos debemos ocupar.
Por el contrario, debemos confirmar, averiguar, si hay algo de cierto en esos resultados y, para ello, no se requiere de un estudio bastante concienzudo, ni de grandes estadísticas o de estudios periciales.
Se trata de algo muy sencillo: apreciar en el día a día que cualquier ciudadano de a pie que esos resultados tienen mucha razón, pero que nos da pena que nos evidencien ante el mundo.
Desafortunadamente esa noticia desgarradora de la educación en este país se tratará de algo pasajero.
Como ya son inminentes las posadas, reuniones familiares, vacaciones, fin de cursos y pago de aguinaldos, entre otros, pues ya será en otra ocasión en que nos deberemos de preocupar.
Mientras tanto se quedará como un dato más, cuando en realidad lo que debería de suceder es que cada persona y cada institución, desde su trinchera, deberían hacer algo al respecto.
No podemos convivir con estos resultados, porque son evidentes y las consecuencias funestas.
Los resultados se ven en la calle: los empresarios no encuentran personal competente y en los trabajos, por más básicos que sean, no hay personas capacitadas para desarrollarlos.
Los profesionistas cada día salen de las universidades más desorientados a la vida laboral o emprendedora.
Con estos resultados, las grandes empresas están confirmando que el futuro son tanto la tecnología como la inteligencia artificial.
Así como estamos todos, reprobados, cada quien deberá asumir su compromiso lo más pronto posible.
Pero para no preocuparnos, ya saldrán en unos años los siguientes resultados y ya habrá tiempo para tomar alguna decisión en el futuro, pues en la indiferencia en la que nos desenvolvemos, en esa, nunca reprobamos.


