Es relativo
Lic. Guillermo Pacheco Pulido
Amigo, este no es un libro, el que lo lea está interpretando el corazón de un hombre que vivió y actuó en la indiferencia y lo absurdo. Así podemos expresarnos cuando recordamos y recomendamos la obra literaria El Extranjero del inmenso escritor Albert Camus.
Esta obra muchas personas la hemos leído dos o más veces, no sólo por su contenido literario, sino porque cada ocasión encontramos temas interesantes, nuevos argumentos, novedosos, profundos en su contenido, que en realidad hacen pensar al lector, lo hacen meditar palabra por palabra, eso hace un deleite intelectual el releer dicha obra.
La lectura nos conduce a múltiples interpretaciones en cada hecho que sea narrado, en cada acontecimiento.
La obra se dio a conocer en 1942, es de naturaleza psicológica, sociológica, filosófica, de ficción, de aventura y, de todo ello, se nos conduce a conocer lo que llamaremos el término literario de “lo absurdo”, la lógica de lo absurdo, entendiendo por ello la falta de valores en la convivencia humana que nos lleva a vivir, actuar, pensar que todo nos debe ser indiferente, como si no existiera.
El personaje principal de la obra es Meursault, de nacionalidad francés-argelino, que vivía en Argel, en donde desempeñaba un modesto trabajo de oficina. Es un ser humano que vivía solitario en un edificio y su único familiar era su madre, que vivía en un asilo de ancianos.
Un día recibe un telegrama del asilo en donde se le informaba que su madre había muerto. No hizo expresión alguna de dolor, de tristeza, se trasladó al asilo, no pidió ver el cadáver de su mamá, platicó y firmó todo el tiempo con personal del asilo, asistió al entierro con la mínima actitud de indiferencia.
Al regreso a su casa, encontró a Marie, una antigua amiga de oficina, con la que va al cine, van a cenar y después se trasladan al departamento muy modesto de Meursault, donde permanecieron hasta el día siguiente.
Marie le pregunta si la quería y que si se casaría con ella, y por contestación Meursault le dice que no la quiere y que no se casaría, porque no ve nada trascendente en ello, si quería ella no tendrían interés en no casarse. Esto molestó a Marie y abandonó a Meursault.
En su oficina le ofrecieron un magnífico trabajo, para irse a vivir a París, pero no lo emocionó la propuesta y no la aceptó.
En el edificio de departamentos donde vivía Meursault también lo hacía Raimundo Sintés, quién invitó a Meursault a comer. A allí Raimundo le platicó que vivía con una mujer a la que había golpeado hace pocos días porque descubrió que lo traicionada. Su mujer tenía un hermano árabe que un día se peleó con Raimundo por dicho motivo.
Después de esa plática, Raimundo invitó a Meursault a ir a la playa de Argel a la casa de un amigo Masson. Al ir en carretera se dio cuenta que lo perseguía el hermano de la mujer que había golpeado.
Pasado algún tiempo en la playa varios árabes trataron de golpear a Raimundo y Meursault, que tenía la pistola de Raimundo le disparó a un árabe habiéndolo matado.
Es llevado a proceso donde se desarrollaron las pruebas tendientes a demostrar que Meursault era culpable -básicamente– porque era una persona que todo le parecía indiferente, que no pensaba como pensaba el resto de la comunidad; que no lloró cuando murió su mamá, cuando todo mundo llora cuando se muere la madre; que no se puso triste cuando su novia lo dejó, cuando todo mundo se vuelve nostálgico cuando lo deja a uno un ser que se ama; que no se puso contento con el trabajo que le ofrecieron en su oficina, cuando todo mundo se vuelve feliz por dichos ofrecimientos; porque no demostró arrepentimiento ante la muerte de la persona que había matado.
Las autoridades dijeron que era una persona extraña en esa sociedad, un extranjero y que por ese motivo se le debía sentenciar como se le sentenció a morir en la plaza pública de ese lugar. No hubo discusión alguna sobre los actos que motivaron la muerte del árabe.
A Meursault todo le era indiferente, ni amaba, ni odiaba, ni extrañaba, ni recordaba, no era sentimental, las cosas eran como estaban hechas, pero no para admirarlas.
Era absurda su forma de pensar y absurdos los resultados, nada le importaba a él y de nada se preocupaba ni de vivir o morir, como se desprende de todos sus diálogos.
Al analizar las palabras de Meursault nos preguntamos cómo puede vivir y desarrollarse un hombre acostumbrado a la soledad, en una sociedad donde ya todo sistema de vida está determinado, es decir donde se acota la libertad de actuar, de pensar, de sentir, de hablar y esto hace que el hombre se sienta extranjero en un país donde no se puede adaptar.
Será que la sociedad debe revisar su forma de existir para poder exigir a los demás, no sólo amar a la sociedad, sino saber vivir en ella y realizarse con ella.
¿Se podría vivir como extranjero y alejarnos de tantos estereotipos de la sociedad? ¿Podríamos vivir solo con nosotros mismos?, como decía Jorge Luis Borges: “Estoy solo y no hay nadie en el espejo”.
Cuando recibe el premio Nobel, Albert Camus –en Estocolmo, en 1957– dijo: “… por lo mismo, el papel de escritor es inseparable de difíciles deberes, por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren”.


