Rosa María Lechuga
En esta historia no hay nombres.
O sí los hay.
Pero son imaginarios.
No sé si lo soñé.
No sé si lo escuché en el metro parisino a la una de la madrugada.
Supongo que rebasé el gramo de alcohol por litro en mi sangre.
O si lo soñé, fue tan real como haber abrazado a “Nicole” cuando me contó que fue violada.
Y si lo escuché, fue tan real como que vi a “Elena” contar, una y otra vez, cómo fue violada por un pariente cuando era una niña que soñaba con jugar saliendo de la escuela con sus amigas del vecindario.
“Yo me divertía mucho jugando con el agua cuando era niña”.
Y entre sueño y realidad, mi “día siguiente” estaba lleno de rabia, de lágrimas, de impotencia porque justamente ahora alguna chica en algún lugar del planeta está siendo golpeada, atacada e incluso asesinada.
En Francia, en el 2017 hubo 93 mil mujeres violadas, es decir, 255 por día.
Cada siete minutos (aproximadamente), una mujer es violada.
Entre 2011 y 2018, en promedio 219 mil mujeres, de entre 12 y 75 años, sufren violencia física o sexual de parte de su compañero, según información de la encuesta “Cuadro de vida y seguridad” (INSEE-ONDRP).
148 mujeres fueron asesinadas por su compañero en 2019, o lo que es lo mismo, cada 2.4 días falleció una de nosotras en manos de quien dijo amarla.
Esas mujeres asesinadas dejaron 171 niños huérfanos. 19 de ellos fueron testigos de la muerte y seis de ellos, hallaron el cuerpo de la madre sin vida.
Es claro que la distancia con México es enorme, ya que sólo en un día matan a 10.5 mujeres de acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Pero la violencia existe, aunque sea “primer” mundo.
Hubo algo que liberó la palabra de miles de francesas y mujeres en todo el mundo:
El movimiento “MeToo” fue una enorme bocanada de aire, de esperanza, de valentía, de lucha, de libertad, de justicia, pero también de ira, de cólera, de vergüenza, de dolor, de revictimización.
En la capital francesa, el colectivo feminista “Collage Feminicides Paris” realiza una campaña de sensibilización a través de mensajes pegados en los muros de las calles de la ciudad para denunciar una realidad silenciosa.
“Le machisme tue” (el machismo mata), una frase que un día amanece sobre el Boulevard Montparnasse.
En Francia, el hostigamiento en la calle es penalizado desde un llamado de atención por parte de la autoridad, pasando por 90, 170 o hasta 3 mil euros de acuerdo con la gravedad de la falta en la clasificación que hace la ley.
“Aimer n’est pas égal à tuer” (amar no es igual a matar) se lee a pocos pasos de la Iglesia de Saint Germain de Près.
Yo, tal vez leí las historias de Elena y Nicole en alguna parte y no las escuché ni las soñé.
Historias que exigen justicia y no revictimización, ni señalamientos innecesarios.
Porque todas tenemos derechos.
Porque todas somos libres.
¡Porque todas somos heroínas!


