Notas para una defensa de emergencia
Silvino Vergara Nava
¿Cuántos empresarios mexicanos están lamentando haber apostado por la mano de obra y no por la tecnología?, ¿por qué se dio preferencia en México a los empleos y no a las máquinas?, ¿subsistirán las empresas mexicanas con empleados o con tecnología?, ¿qué vamos a hacer con la tecnología?, ¿qué vamos a hacer con los empleados?
Estas preguntas circulan en la mente de los dueños de empresas; en las cámaras y organismos privados es el tema principal, sobre todo de aquellas con giros comerciales que requieren mano de obra.
Lo mismo sucede en las empresas medianas, pequeñas e incluso en las micro, que al carecer de capacidad de invertir en tecnología la sustituyen con empleados.
Se están topando con que cuentan con personal, pero no con máquinas.
¿Por qué ese debate tan actual, pero que no se expone a la luz pública? La respuesta es sencilla, se han aumentado las cargas laborales, más por decreto que por condiciones económicas que lo permitan.
El aumento del salario mínimo, la expansión de derechos laborales, la reforma para controlar la subcontratación en el outsourcing, el control del valor del peso ante el dólar, el aumento de los intereses y, sobre todo, la inflación están haciendo que se requiera de oxígeno artificial para que puedan subsistir miles de empresas.
Pero ¿cuál es ese oxígeno artificial? Desde luego que el financiamiento, pero no solamente el bancario, sino el de los propios proveedores y de los impuestos.
Esta serie de cambios laborales que se ha presentado no se debe a las políticas públicas del gobierno federal.
De ser así, estas reformas serían graduales y muy bien estudiadas, pero no es así, en el caso de la reforma sobre el outsourcing, es claro que había una presión internacional muy fuerte para México.
Se buscaba que implementara algo, lo que fuera, pero ya era urgente frenar la subcontratación.
Detrás de estos propósitos nos topamos con el nuevo tratado de libre comercio entre México, Canadá y Estados Unidos.
Este último país es el principal promotor de ese nuevo tratado comercial, en especial por parte del Partido Republicano.
La prueba es fehaciente, basta con dar un repaso a lo que sucedió en México después de que firmó el anterior tratado de libre comercio en 1994, todo cambió.
El nuevo tratado de 2020 no es la excepción, y para muestra no hay nada mejor que analizar algunas frases del presidente de Estados Unidos cuando lo firmó.
El mandatario del país vecino sostenía, en ese año, que “El término Tratado de Libre Comercio de América del Norte tiene una connotación negativa en Estados Unidos porque fue un acuerdo terrible…
“Hemos perdido más de una cuarta parte de nuestros empleos en la industria desde que se aprobó el TLCAN y hemos perdido 60 mil fábricas desde que China se unió a la Organización Mundial del Comercio en 2001…
“Hoy, finalmente estamos terminando la pesadilla del TLCAN… Se ha reemplazado un desastroso acuerdo comercial que recompensó la subcontratación…
“Este es el acuerdo comercial más importante que ha firmado mi administración”, puntualizó.
Pareciera que, siguiendo este discurso del presidente de Estados Unidos cuando firmó el tratado el 29 de enero de 2020, se estaba dando la línea de lo que pasaría en México en los siguientes años.
Había que terminar con la subcontratación en nuestro territorio nacional, los norteamericanos requieren contar con sus empresas y empleados en su país.
A los inocentes y optimistas del nearshoring debe quedarles claro que este esquema no es para nosotros, es para ellos.
Así se explican mejor la reforma de las outsourcing del 23 de abril de 2021, la serie de derechos laborales que se han expandido y el aumento de los costos para contar con mano de obra en lugar de tecnología en las empresas nacionales.
Incluso, influye el valor del peso ante el dólar norteamericano; si esa moneda estuviera más elevada en su precio, sería redituable para los norteamericanos mandar a maquilar a México.
Pero esto no es así, si el precio del dólar es bajo, entonces no es redituable, es evidente que ese tratado de libre comercio no es para la subcontratación, es simplemente para competir comercialmente.
Sin embargo, México y nuestras miles de empresas no tenemos capacidad alguna para ello, menos ahora que debemos responder a estas interrogantes: ¿tecnología o empleados?, ¿empleados o tecnología?


