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Hagamos ciencia; no a la guerra

Crónica Puebla por Crónica Puebla
16 marzo, 2022
en Opinión
Hagamos ciencia; no a la guerra

JU GUAN/UNSPLASH

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Por: José Manuel Nieto Jalil*

La comunidad científica mundial sigue de muy cerca las noticias sobre la guerra en Ucrania. Las consecuencias a largo plazo son económicas, pero ya han provocado una desestabilización en los mercados, los costos de la energía ya se dispararon, la estabilidad de los mercados financieros y la exportación de productos agrícolas empiezan a sentir las consecuencias y el conflicto pone en peligro las cadenas de suministro, factores que podrían empeorar la inflación y detener el crecimiento.

 

Adicionalmente, el número de refugiados si­gue aumentando por lo que es posible que se viva la mayor crisis de desplazados de Europa desde la II Guerra Mundial.

Un tema en paralelo derivado de la inva­sión rusa a Ucrania ha tenido un efecto in­esperado: poner punto final a los muchos años de cooperación entre Occidente y Ru­sia en la industria aeroespacial y otras esfe­ras de la ciencia. El resultado está siendo la cancelación masiva de los despegues en los que participa Rusia, directa o indirectamen­te, es decir, 10 de los 18 despegues previstos para 2022 y 2023 han quedado cancelados.

Con la salida de Rusia, la lista de organiza­ciones capaces de poner cohetes en órbita se reduce drásticamente. Entre ellas están JA­XA (la agencia espacial japonesa), Sierra Ne­vada Corporation (EU) o Blue Origin, la fir­ma de Jeff Bezos, todas ellas con una capa­cidad a corto plazo inferior a la de las firmas rusas. Con esta lista de cancelaciones, el ma­yor beneficiado es SpaceX, de Elon Musk, la firma que más cohetes ha logrado lanzar al espacio de forma frecuente y fiable en los úl­timos años sin tecnología rusa.

La gran preocupación en el mundo de la ciencia respecto a estas sanciones es cuántos daños supondrá para la investigación cien­tífica a medio plazo, especialmente vistos los daños al programa de exploración de Marte. Por su parte, a corto plazo el principal pro­blema lo tienen los habitantes de la Estación Espacial Internacional, que han visto diez­mada la lista de lanzamientos que les comu­nicaban con la Tierra. La guerra ha llegado al espacio, de una forma pacífica, pero con la ciencia como mayor víctima.

Como consecuencia de esta guerra, es probable que aumenten los presupuestos de defensa en Europa, Estados Unidos y algu­nos otros países como reflejo de la situación global cada vez más riesgosa. Esto no impli­cará una reducción del PIB, pero perjudica­rá el bienestar de la gente, ya que los recur­sos destinados a defensa no se podrán asig­nar a consumo o inversión en educación, sa­nidad o infraestructura.

En paralelo, no podemos dejar a un lado las consecuencias que tendrá y que ya tie­ne esta guerra para proyectos científicos en conjunto con Rusia. Los gobiernos europeos y del mundo en su mayoría han suspendido cualquier colaboración con Rusia.

Históricamente la ciencia y la investiga­ción entre científicos, centros de investiga­ción, universidades y países no tiene nacio­nalidad y los científicos circulan libremen­te entre las universidades de todo el mundo, pero ahora se ha roto ese vínculo. La coope­ración científica internacional forma parte de las estrategias de crecimiento de las ins­tituciones académicas, de sus mecanismos para mantenerse a la vanguardia del cono­cimiento.

Las medidas tomadas por los países con­tra Rusia afectan varias áreas de la ciencia, entre las más destacadas podemos citar va­rios ejemplos, sin embargo, sólo citaremos los más destacados.

En primer lugar, la posible cancelación del lanzamiento del primer rover, el Rosa­lind Franklin, con destino a Marte de la mi­sión Exomars de la Agencia Espacial Euro­pea (ESA), de 1420 millones de dólares, en colaboración con la agencia espacial rusa Roscosmos. Su lanzamiento estaba previs­to desde Baikonur, Kazajstán.

En segundo lugar, la posible cancelación de la Red Europea de Interferometría (EVN), un conjunto de radiotelescopios repartidos desde Europa hasta Rusia para estudiar el Universo con la misma técnica empleada en 2019 para la fotografía del agujero ne­gro en la galaxia M87. El Telescopio Espa­cial Mundial-Ultravioleta (WSO-UV), una colaboración entre España y Rusia y, en me­nor medida, Japón, también está en juego. El proyecto cuesta unos 437 millones de dó­lares y casi toda la inversión es rusa.

En tercer lugar está la cancelación de Rusia y sus científicos en ambiciosos pro­yectos científicos multinacionales de gran­des instalaciones, como el reactor de fu­sión nuclear ITER, que constituye un expe­rimento científico a gran escala que intenta producir un plasma de fusión que tenga diez veces más potencia térmica que la potencia necesaria para calentar el plasma, que ac­tualmente se encuentra en construcción en Cadarache (Francia).

En cuarto lugar, proyectos como el sin­crotrón europeo ESRF, centro de investiga­ción multinacional, en Grenoble (Francia); el láser europeo de rayos X XFEL que consti­tuye el láser de rayos X más grande y poten­te del mundo, en Schenefeld (Alemania); y la instalación para la investigación en anti­protones e iones FAIR formado por un com­plejo de aceleradores de partículas en fase de planificación, en cuyo desarrollo Rusia y sus científicos son clave.

Finalmente, la salida de los investigado­res rusos del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), que consti­tuye una organización de investigación eu­ropea que opera el laboratorio de física de partículas más grande del mundo, cerca de Ginebra (Suiza) y los físicos de partícu­las rusos constituyen un elemento clave en sus investigaciones.

No justificamos la guerra que se está de­sarrollando entre Rusia y Ucrania, sin em­bargo, las sanciones impuestas a Rusia gol­pean todos los ámbitos y la ciencia no es ajena al nuevo escenario mundial. Los ru­sos siguen siendo una potencia científica, el rompimiento de relaciones científicas con ellos ha dañado seriamente varios progra­mas científicos y para todos es conocido que la ciencia no tiene fronteras.

(*) Director del Departamento Re­gional de Ciencias en la Región Cen­tro-Sur. Tecnológico de Monterrey Campus Puebla.

 

Etiquetas: II Guerra MundialRosa­lind Franklinrusia

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