Víctor Reynoso / Profesor de la UDLAP
El PRI proclamó desde el mismo domingo su triunfo en las elecciones de Coahuila e Hidalgo. En el primer estado dijo ganar las 16 diputaciones de mayoría en disputa. En el segundo, los principales ayuntamientos. Morena desconoció los resultados. El PAN criticó la baja participación y supuestas irregularidades. Los demás partidos poco o nada dijeron, o poco o nada resonó en los medios.
Los triunfos priístas tienen su importancia, aunque hay que matizarlos. Su relevancia está en que el tsunami de Morena no se expresó en estos dos estados. No como tsunami, aunque sí como un oleaje a considerar. En Coahuila desplazó al PAN del segundo sitio.
A diferencia de muchas elecciones locales en 2018 el partido que hoy gobierna desde Palacio Nacional no arrasó en las elecciones.
El principal matiz es que se trata de dos estados tradicionalmente priístas, de los pocos en los que no ha habido alternancia en la gubernatura. Pero ciertamente Morena ganó elecciones hace dos años en estados de formato bipartidista donde el partido de López Obrador no tenía presencia. Así que no se debe menospreciar que el PRI siga ahí.
Más interesante es el discurso del presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno. Ha sido criticado por exceso de discreción, por decirlo de algún modo. Como casi todos los dirigentes de partidos de oposición, ha estado como ausente en lo que va del sexenio. Hasta se le ha señalado como cómplice del presidente de la República.
Pero después de las jornadas electorales de Coahuila e Hidalgo se ha expresado con alegría, y en un tono que puede prefigurar la narrativa del partido en el 2021.
Enfatizó los buenos gobiernos de los priistas en ambos estados. Y señaló, sobre todo, el tipo de oposición que es el PRI: una oposición que no grita ni patalea, que no le apuesta al pleito ni a la división, sino a las propuestas.
Se ha dicho que lo peor que podrían hacer las oposiciones mexicanas es “engancharse” con el discurso del presidente de la República y centrar su discurso en la figura presidencial. Que es mucho más razonable centrarse en los temas relevantes para el país.
El PRI de Moreno parece ir por ahí. Independientemente de las razones que tenga para no criticar a López Obrador, parece que está construyendo un discurso positivo, alejado del discurso rijoso y polarizador que surge, día a día, del Palacio Nacional.


