Por: Rocío García Olmedo @rgolmedo [email protected] [email protected]
Palabra de mujer
Llegó el 5 de mayo y por fin se pudo recuperar y celebrar una tradición muy importante en nuestra entidad federativa y en el extranjero: la conmemoración de la Batalla de Puebla.
Suspendida en tres ocasiones desde 1953, cuando se llevó a cabo por primera vez el desfile, en todas ha sido por emergencias en materia de salud pública. En el 2019, con motivo de la influenza A1H1 y en 2020 y 2021 por la COVID-19.
Esta celebración nos hace recordar que así como Puebla capital y otros municipios del estado han aportado durante diferentes etapas a la construcción del estado y del país, Atlixco no es la excepción, y resulta un gran orgullo que un episodio que parecía olvidado empezó a ser reconocido: la batalla del 4 de mayo.
¿Pero, qué dio origen a esta batalla? Los libros La gloria de Atlixco, del coronel Gabriel Cuevas (1937), Atlixco (1938) y Cápsulas históricas de Abacum Reyes (2017) nos ayudan a entenderlo.
El coronel Gabriel Cuevas, quien dirigía entonces el Consejo Municipal de Atlixco, relata que “Ignacio Zaragoza, al enterarse del avance de 7 mil hombres que componían el ejército conservador mexicano, por el rumbo de Izúcar de Matamoros, al mando del general Leonardo Márquez y José María Cobos; destaca de inmediato a Antonio Carbajal, cuartel maestre; al general Tomás O´Horan, mayor general; al general Cosme Varela, tropas de infantería; al coronel Porfirio García de León al mando de los Lanceros de Iturbide; al general Antonio Ruiz Carrillo con los Lanceros de Morelia, y la Caballería irregular al mando del general Ignacio Cuéllar. En total, como 3 mil hombres”, para detenerlos antes de su llegada a la ciudad de Puebla.
El general Carbajal marcha a tiempo para “ocupar defensivamente el casco de la Hacienda La Trapera y el Molino “El Matadero”, que después fue la fábrica textil El Volcán; en los alrededores sobre el margen derecho del río de San Baltazar o río “Cantarranas”, al poniente de la fábrica textil “La Carolina” y al oriente del pueblo de Axocopan gran parte de la infantería, dentro de las casas que existían a lo largo de la pequeña cañada en que corre el río; la caballería a los flancos y la artillería protegiendo la posición”.
Menciona este texto: “El enemigo no se hizo esperar. El día 4 de mayo, como a las tres de la madrugada, se inició el tiroteo, que gradualmente se intensificaba por el impetuoso avanzar de los de Márquez, pero poco a poco el fuego se generalizó, llegando a su máxima intensidad a eso de las 8 de la mañana, en terrible ofensiva debido a la superioridad numérica del ejército conservador, pero esta acometida fue la que fracasó el ataque, porque se metieron a los cañaverales donde estaba la infantería del general Cosme Varela y la caballería, que rápidamente se rebatieron sobre los flancos del enemigo y fueron terriblemente abatidos”.
“Sería aproximadamente al mediodía cuando la desbandada se hizo terrible (…), huyendo unos hacia la hacienda de Tatetla, otros hacia Tepeojuma y algunos a Tochimilco, a la falda del Volcán. La derrota de Márquez fue conocida por Ignacio Zaragoza en Puebla despejando notablemente la asfixiante situación en que se encontraba el Ejército de Oriente.”
Don Espiridión Díaz Solís, entonces historiógrafo local y subdirector de Monumentos Artísticos e Históricos, publicó: “Cábele a Atlixco la gloria de haber preparado el triunfo sobre las fuerzas francesas el 5 de mayo de 1862 en Puebla, pues sabiendo el general Ignacio Zaragoza que del sur venía el general Leonardo Márquez, con crecido contingente, reclutado en tierra caliente, para apoyar el ataque francés a la capital del estado, ordenó al general Antonio Carbajal que con su columna de tropas irregulares, en su mayor parte, detuviera a todo trance a los traidores encabezados por Márquez. Así lo hizo… Con las primeras luces de la mañana se inició la terrible lucha, que concluyó con la derrota y desbandada de Márquez y los suyos, que ya no pudieron acercarse a Puebla. Sin esta acción de guerra, la capital del estado hubiera sucumbido al ser atacada el día 5 de mayo por los franceses por el norte y por los auxiliares traidores por el sur”.
Benito Juárez consideró que sin el triunfo del 4 de mayo en Atlixco no hubiera sido posible la victoria del 5 de mayo, de ahí que creó una medalla reconociendo esta aportación que decía: “Derrotando a los traidores el 4 de mayo, contribuyó eficazmente al triunfo alcanzado en Puebla en contra del Ejército Francés el 5 de mayo de 1862”.
Recordar estos hechos nos permite sin duda rescatar el significado de la batalla del 4 de mayo en Atlixco, una de las aportaciones que Atlixco ha dado a Puebla y a México.


