Alejandro Montiel Bonilla
¿ Es posible que el pasado renazca? o todavía peor, ¿que jamás haya quedado enterrado años atrás? Al parecer este es el infierno de muchas mujeres mexicanas en la actualidad, al momento de ser esterilizadas en contra de su voluntad, como solía ocurrir en 1930.
Pacific Colony, se encontraba en California a principios del siglo XX, tenía la fachada de una institución psiquiátrica, sin embargo, se sabe que las consecuencias de pasar por ese lugar dejaban una cicatriz permanente en la vida de muchas jóvenes. Por sus “enfermedades mentales”, “problemas familiares” y “origen mexicano, racial y económicamente desfavorecido” ellas eran sometidas a la ley de eugenesia, ligadura tubárica: amarrar las trompas de falopio, aprobada por el gobierno estadounidense en 1909, como se desprende del estudio de Natalie Lira, investigadora de la Universidad de Illinois y su colega Alexandra Minna Stern, de la Universidad de Michigan.
Las poblaciones más afectadas por este fenómeno masivo eran aquellas latinas inmigrantes a quienes se consideraba “más propensas a la delincuencia” y con “un coeficiente intelectual más bajo”; las campañas de esterilización tuvieron un auge tan grande que Alemania en 1934, las utilizó como epítome para establecer su política de higiene racial. Tal vez todo esto nos suene distópico, pero es una realidad que no hemos dejado atrás.
En Guerrero, México, hace tan sólo dos años, se documentó en varias comunidades indígenas, en las que el método anticonceptivo DIU (dispositivo intrauterino) fue colocado en contra de su voluntad, a las mujeres en los momentos posteriores a parir, al hacerlas firmar una hoja que no sabían leer. La frase que se lee en varias publicaciones de redes sociales, “mientras menos hijos tengan los pobres, más fácil será erradicar la miseria del país”, puede considerarse como un discurso completamente aporofóbico, además de fundamentar una posible práctica genocida porque se aplica a un grupo específico, una población marginada. Se utiliza al cuerpo de la mujer como un objeto político que nos vende la idea de un control de la penuria del país cuando es una práctica deshumanizada e ilegal respaldada por la ideología de hace un siglo de una raza superior, aria y blanca.
Podemos percibir el regreso del conservadurismo y del fascismo en América con los gobernantes que se encuentran en el poder, a la par, del fanatismo y fascinación que provoca el régimen Nazi actualmente. Es hora de empezar a cuestionarnos el camino que tomaremos y por quién abogaremos, por el supuesto control de la pobreza y el triunfo de una raza pura, o por las garantías individuales de cada mujer que no ha podido decidir sobre su cuerpo.
En colaboración con Alaia Montiel


