Por: Samantha Vasquez
El Tren Maya ha sido un proyecto que, desde que se anunció en campaña presidencial en 2018, ha causado inconformidad por las implicaciones de la ejecución a corto, mediano y largo plazos.
Afecta tanto la vida de las personas que habitan en las zonas donde dicho proyecto se realizará, como el medio ambiente.
El proyecto, de acuerdo con la organización Greenpeace no ha sido correctamente gestionado, dado a que hay inconsistencias en, las consultas ciudadanas que no incluyeron a pueblos indígenas que habitan la región, que se verían directamente afectados, y la limitada información difundida acerca de la forma en la que se construirá.
A pesar de las peticiones de diversas organizaciones y activistas que protegen el medio ambiente para frenarlo, el mandatario Andrés Manuel López Obrador se encuentra seguro del proyecto. Realizarlo de esa magnitud implica poner en riesgo a los ecosistemas de la región.
La Península de Yucatán en los últimos años ha registrado un alto nivel de deforestación. Seguir con el Tren Maya implica dañar aún más bosques y selvas, causando una alteración irreversible en los ecosistemas. Propicia la desaparición de la flora y la fauna endémica, como el jaguar y el mono araña.
De acuerdo con el World Resources México, los estados con mayor pérdida forestal son: Chiapas, Campeche, Oaxaca, Veracruz, Yucatán y Quintana Roo, en cuatro se planea construir el tren turístico. En las seis entidades hay sobreexplotación de la tierra, tala ilegal, incendios forestales, presión demográfica, entre otras adversidades.
Los datos del Global Forest Watch (GFW) de la Universidad de Maryland indican que, de 2001 a 2019, Quintana Roo perdió un 18% del total de su cobertura forestal, 119 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono (CO2).
Yucatán y Campeche en ese mismo periodo tuvieron una pérdida del 15% de la cobertura arbórea equivalente a 74.3 y160 millones de toneladas de emisiones de CO2 respectivamente.
Se prevé que el Tren Maya recorra varias zonas de la península, sin embargo, algunas de estas regiones se encuentran en la lista de las zonas que mayormente han sido responsables de la deforestación por diversos factores.
En el caso de Quintana Roo, algunas de estas zonas son Felipe Carrillo, Benito Juárez y Puerto Morelos, que se encuentran en el puesto dos, seis y siete respectivamente, de zonas mayormente afectadas por la deforestación.
En el caso de la región Benito Juárez, donde se pretende contar con tres estaciones del tren en Cancún, Puerto Morelos y Playa Del Carmen, GFW registró que ha perdido un 39% de su cobertura arbórea. Además, en comunidades indígenas de Quintana Roo hubo pérdida forestal del 14% de 2001 a 2019.
En las consultas ciudadanas para la continuación del proyecto no fueron incluidas las poblaciones étnicas de la región, de acuerdo con Greenpeace. Por otro lado, en Yucatán, la zona de Valladolid perdió un 18% de las 13 mil 500 hectáreas de su cobertura forestal, mientras que Mérida registró una pérdida del 20% de sus 8 mil 490 hectáreas.
En ambas zonas se planea de la misma forma establecer dos estaciones. Por medio del GFW, la Universidad de Maryland en julio pasado emitió 45 mil 656 alertas de deforestación inusualmente alta en la Península de Yucatán, la alerta es actual.
La construcción de un proyecto tan grande en una zona que se encuentra en un estado tan preocupante implica afectar e incluso perder la riqueza y biodiversidad natural del país, que de ninguna forma se puede recuperar.
Los bosques y selvas son el hábitat de muchas especies de animales y plantas y son fundamentales para el funcionamiento del ecosistema. El proyecto turístico que promete prosperidad para la zona sur del país no menciona el deterioro al medio ambiente, tampoco pone los intereses de los habitantes indígenas de la zona como prioridad, por lo cual, en lugar de ser un proyecto que rescate al sur del país lo afectará de forma irreversible.



