Palabra de mujer
Rocío García Olmedo / @rgolmedo [email protected] [email protected]
Leía las notas publicadas en algunos medios de comunicación respecto a la visita de expresidentes de diversos países de América Latina que se dieron cita en la ciudad de Puebla para llevar a cabo la IX edición del foro del Grupo de Puebla.
Llamó mi atención una declaración del expresidente de Colombia, en dos sentidos.
El primero, al referir que elegir a una mujer para la presidencia de México sería “una revolución para América Latina, por considerarlo un país con fuertes tendencias machistas”, mencionando únicamente a la doctora Claudia Sheinbaum, como si sólo ella fuera la única aspirante, invisibilizando a la senadora Xóchitl Gálvez, también mujer y también aspirante a la misma posición.
Pudo haber sido por obvias razones –sus tendencias ideológicas–, sólo que el que lo dijo fue presidente de un país latinoamericano y su visión, desde mi punto de vista, debía ser más amplia e inclusiva.
Lo segundo fue su comentario –refiriéndose por supuesto una vez más sólo a la doctora Sheinbaum– señalando que “no sólo representa una perspectiva femenina, sino que también traería consigo una perspectiva de género” (e-consulta 29/09/2023).
Por ello, la pregunta: ¿La perspectiva de género es de uso exclusivo de las mujeres y sólo deben aplicarla las mujeres que ocupan cargos?
Porque, sin duda, es necesaria, es urgente y es fundamental su aplicación en todas las políticas públicas que deben implementarse en el próximo sexenio en nuestro país.
Tal vez ahí, el error en el que incurren algunos hombres que ocupan posiciones de toma de decisiones, al no aplicar este mecanismo en el diseño de sus acciones de gobierno o de toma de decisiones y a la vista los pocos o nulos resultados.
Porque la perspectiva de género (PEG) es una herramienta conceptual que busca “mostrar que las diferencias entre mujeres y hombres se dan no sólo por su determinación biológica, sino también por las diferencias culturales, estructurales que nos han sido asignadas como hombres o como mujeres” (Inmujeres, 2023).
Al mirar con esta perspectiva –nosotras usamos el “ponernos los lentes de género o ponernos los lentes violetas– quitamos prejuicios y podemos dar cuenta de la problemática real y con ello solucionar los desequilibrios que hay entre hombres y mujeres.
Esto, sin duda, lo debiéramos aplicar tanto hombres como mujeres, porque si todas las políticas públicas se diseñaran con PEG, sus alcances y sus posibilidades se ampliarían más allá de la esfera política, para favorecer no sólo a mujeres, también a hombres.
Lo comento porque, lamentablemente, el hecho de ser mujer no significa que necesariamente hay conciencia de género.
Hay muchos ejemplos de mujeres que han tenido la oportunidad de gobernar, de tomar decisiones y han preferido mimetizar su actuación a formatos que reafirman el poder patriarcal en el que el varón sigue gozando de esa condición de supremacía sobre las mujeres.
Lo vimos recientemente en el beso en la mano que la presidente municipal de Tecamac, municipio del Estado de México, le dio al presidente López Obrador.
Lo hemos visto en el actuar como jefa de Gobierno de la propia doctora Claudia Sheinbaum, su silencio para no contrariar y el silencio de muchas otras mujeres que han permitido la desaparición de programas de gobierno federal conquistados, o la reducción de recursos a acciones, o la anulación de la presencia legítima de mujeres. Y todas lo han reproducido.
¿Conciencia de género? No todas. Aspiramos a ello, sí; sin embargo, la actuación como gobernante de la doctora Sheinbaum que ha sido documentada no demuestra una “perspectiva femenina, que también traiga consigo una perspectiva de género… en un país con fuertes tendencias machistas” como dijo el presidente de Colombia.


