Por: Rubén Salazar/Director de Etellekt / www.etellekt.com / [email protected] @etellekt_
Cada vez son mayores los focos de insatisfacción social o política, con muchas de las decisiones y omisiones del gobierno federal, para que el presidente López Obrador continúe pensando que puede hacer giras de trabajo y mantener su contacto con la gente, sin recibir reclamo alguno. Así ocurrió en su conferencia en Huauchinango, Puebla, para hablar de los avances en la entrega de apoyos por el huracán Grace, en la que cerca de 200 personas damnificadas, burlaron su círculo de seguridad para demandarle ayuda, cara a cara.
El titular del Ejecutivo federal tuvo que apresurar el cierre del evento y rehuir a prestar atención personal a los inconformes, con el pretexto de que no podía atenderlos individualmente sino de forma colectiva, algo que difiere con lo que solía hacer en su faceta de candidato o en sus primeros dos años de gobierno, pues aún con pandemia, no dejaba de presumir su cercanía con la gente, recibiendo peticiones en sobres, loros y gansos como regalos, hablando por momento con las personas, repartiéndoles abrazos y hasta besos.
Todo eso parece haber terminado. Si vuelve a repetirse será en ambientes y con públicos controlados –acarreados–, algo que ya hemos visto en las giras hechas en días recientes en Ciudad de México o en la celebración de los 200 años de la consumación de la independencia, con un zócalo igual de amurallado que en las épocas neoliberales y al que nadie pudo ingresar, para que la comitiva presidencial disfrutara el festejo de forma privada y sin rechiflas.
Ni que decir de aquella imagen de Palacio Nacional, resguardado por paredes de metal y escudos policiacos, no porque el mandatario tema que el pueblo o los grupos feministas pongan en riesgo su seguridad personal, sino para repeler el mal humor social y político, al que poco tolera.
Tan es así que después de lo acontecido en Puebla, anunció que no acudiría al Senado a entregar la medalla Belisario Domínguez, supuestamente porque la senadora Lilly Téllez convocó a que le faltaran el respeto, emulando lo hecho por el expresidente Vicente Fox, quien tampoco acudió al Senado en 2006 al mismo evento, para soslayar las críticas y abucheos de la oposición.
Si no hay aplausos ni pleitesía, a López Obrador le es más fácil levantarse de la mesa e irse. “¿Me van a respetar?”, “¿me van a dejar hablar?”, “¿van a guardar silencio?”, son las respuestas ofrecidas a quienes se han atrevido a “vulnerar” su aparato de seguridad para pedirle solución a sus problemas, en sus giras en Tabasco, Chiapas y Puebla. Es probable que la gente tenga capacidad para hacerlo, pero él no ha demostrado lo mismo para escucharlos.
La insatisfacción lo continuará persiguiendo –igual que a Emmanuel Macron en Francia–, máxime cuando nos encontramos ya en la segunda mitad del sexenio y el desgaste del gobierno es cada vez mayor, por su escasa capacidad de respuesta ante la crisis económica y de salud, derivadas de la pandemia, pero también para atender a las víctimas de la violencia, de los desastres naturales y tragedias causadas por actos de corrupción y negligencia en obras públicas, como la Línea 12 del Metro, en la capital del país.
De no haber soluciones en estos frentes, lo veremos cada vez más acorralado, protegido y distante. No sólo para evadir las protestas sociales, sino reacciones de integrantes de grupos delictivos que están siendo borrados por los grandes cárteles, más poderosos e intocables por decisión presidencial, que sí representen una amenaza a su integridad. ¿Su seguridad podrá ser igual de displicente en estados y localidades disputados por el crimen o simplemente quedarán fuera de su lista de destinos?
Teniendo encima este panorama, podríamos esperar que dejara a un lado el noble oficio político y asumiera, por fin, el necesario oficio de gobernar. Sin embargo, antes de retirarse de Huachinango, llamó a sus simpatizantes a reanudar las concentraciones masivas en el zócalo, a una gran asamblea, para borrar esa fotografía de malestar social en Huauchinango, que le incomodó, por contradecir sus números de popularidad.
Si el presidente quiere un mejor humor social y político debería empezar por enojarse menos, dejar de polarizar y ser más competente para administrar.
Si López Obrador busca darle continuidad a su proyecto a través de las vías democráticas, es tiempo de menos política y más administración.


