Por: Adolfo Flores Fragoso / [email protected]
El Comité Nacional del Partido Republicano, con la gracia financiera de sus donantes millonarios, puso en marcha una campaña mediática anti-Biden. Una campaña cotizada en más de siete dígitos.
De entrada, el senador republicano Tim De Scott inició la semana pasada una agresiva estrategia que combate la agenda del presidente de los Estados Unidos, en un año sin elecciones y demostrando el representante de Carolina del Sur que es una superestrella en ascenso.
Un anuncio de 30 segundos, proporcionado en exclusiva a una agencia estadounidense –y ya en manos de este reportero–, revela la refutación republicana de Scott al discurso de Biden ante el Congreso, en abril pasado (al momento de ser publicado este artículo, tal vez ya esté siendo difundido en redes).
“Un presidente que prometió unirnos, no debería estar impulsando agendas que nos destrocen”, dice Scott mientras el corto muestra la cobertura de noticias de los ataques con misiles en Israel, una fila de autos esperando gasolina luego del ciberataque en Colonial Pipeline y migrantes cruzando la frontera sur de los Estados Unidos.
“Nuestro mejor futuro no debe venir de los planes de Washington o sus sueños socialistas. Vendrá de ustedes, el pueblo estadounidense”, continúa. El anuncio de Scott termina con un “alentador” mensaje: “Estoy seguro de que nuestro mejor momento está por venir”. Desafortunadamente, esta mercadotecnia política tan vacía, pero que a la vez alienta a los diferentes fanatismos, está siendo imitada en diversas democracias.
En el caso concreto de México, la mercadotecnia de la banalidad, especialmente en redes sociales, logró un relativo buen resultado en las elecciones pasadas, pero con esa sensación de que el voto rabioso (por ambos lados del escenario electoral) generó más perjuicios que beneficios, más “argumentos” de la sinrazón, que nos deja el mismo sistema de gobierno de hace casi un siglo, con la desventaja de la sociedad está siendo polarizada cada año más en este actual siglo. Y ya en niveles de fanatismo, insisto.
Aclaración: no refiero sólo a los enemigos de AMLO, sino también a AMLO mismo. Pero retomemos el tema estadounidense. “Joe Biden no ha ofrecido más que un partidismo polarizado y de políticas fallidas”, acusa la presidente del Comité Nacional Republicano, Ronna McDaniel, en otro spot. Y así una campaña televisiva y en redes de muy alto valor en dólares en un año electoralmente sin importancia, pero que siembra los intereses republicanos de recuperar ambas cámaras del Congreso en 2022.
Ellos deben ganar sólo un puñado de asientos para controlarlas. Joe y Kamala enfrentan una de las peores guerras sucias en contra de un presidente y vicepresidente estadounidenses. Guerras de fanatismo operadas desde la oscuridad de los búnkers de los millonarios, que tanto añoran a Trump. Guerras de lodo… con pepitas de oro.


