Alejandro Montiel Bonilla
“El Gobierno nos ha tratado como animales y ha causado un daño tremendo a la economía del país”, ha asegurado Herr Schmidt, de 60 años, quien ha añadido que se ha negado a utilizar mascarillas desde el inicio de la crisis sanitaria.
Esta declaración publicada por el diario EL PAÍS, fue captada en la manifestación organizada por el grupo Stuttgart Querdenken 711 el pasado sábado en el corazón de Berlín, aunque bien podría haber sido captada en Buenos Aires, París o Ciudad de México.
La crisis económica y social que ha originado la pandemia en el mundo, está poniendo a prueba a todos los gobiernos del globo, los que han intentado paliar los efectos económicos, mediante una ayuda a pequeños empresarios, son criticados por no ayudar suficiente, los que no han dado esa ayuda, son criticados por igual. La manifestación del sábado en Berlín, mostró una capacidad de reunir, al menos por un momento, a las personas que no creen en las vacunas, a las que no creen en el COVID, a las ultraderechistas, a las ecológicas radicales con tendencias de ultra izquierda, y solo por esta razón es digna de mencionarse. De hecho, en gran parte del contenido de las redes sociales, estas uniones pasajeras suceden a cada minuto, personas que en condiciones prepandemia, tendrían un cierto tipo de reacción frente a temas controvertidos, en estos meses, llevados al límite inferior de su propia economía, se expresan de manera diferente.
Los mensajes que se transmiten en medios, y que representan a la institución gubernamental, son cuestionados permanentemente, y esto es una tendencia creciente, puesto que ya muchas encuestas en el mundo mostraban, antes de la pandemia, una desconfianza creciente en las instituciones tradicionales: gobiernos, iglesias, fuerzas armadas.
El único problema es que esa falta de confianza en las instituciones, no se queda sin resolver, muchas personas, la mayoría, necesitan confiar permanentemente en algo, y ante la desconfianza creciente en las instituciones tradicionales, esa confianza se sitúa ahora en aquellos que pueden ver y escuchar, lo que está y quien está cerca de ellas, contenidos en redes que parecerían diseñados exactamente para ciertas personas, “es que es como si yo fuera este señor que habla en el video, así, igualito pienso”. Las instituciones tradicionales siguen sin poder comprender la estrategia de las grandes plataformas como Facebook, o cínicamente hacen el juego a las grandes plataformas. La Unión Europea, parece ser la única que cuestiona seriamente a estos gigantes de la comunicación, pero tiene muy poco eco, el tamaño de la economía de Google, ya es más grande que la de la mayoría de países europeos.
¿Qué es lo que viene entonces para el futuro?, me preguntan constantemente en redes sociales. Al acelerarse, gracias a la pandemia, la concentración de riqueza mundial en menos personas, las consecuencias están a la vista y sólo hay que extrapolar lo que ya vemos, en las relaciones humanas la violencia se hará más presente, de hecho, esta violencia pudo ser el hilo que unió a los manifestantes en Berlín, “el día de la libertad” fue en realidad el día de estar en contra de algo. La masa manifestante, pudo sentirse por un momento confortada al sentir que en algún instante se borraban las diferencias ya que todos tenían un enemigo en común: El gobierno.
No es difícil comprender que la respuesta de los gobiernos se centrará en mayor vigilancia sobre los ciudadanos, ¿qué puede impedir que una persona de ultraderecha, convencida de que los gobiernos europeos quieren crear una “raza marrón” y desplazar a la raza aria, pase a la acción? El futuro no es apacible.


