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Matrimonio igualitario en Puebla

Crónica Puebla por Crónica Puebla
6 noviembre, 2020
en Opinión
Matrimonio igualitario en Puebla

Mireya Novo/Agencia Enfoque//

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Por: Jorge Alberto Calles Santillana
Matrimonio igualitario en Puebla

El pasado martes, el Congreso local aprobó por mayoría abrumadora (31 votos a favor, cinco en contra y tres abstenciones) el matrimonio igualitario y concubinato entre personas del mismo sexo, convirtiéndose así en la décima novena entidad del país en afirmar la diversidad y dejar de oponerse a un derecho humano que por años ha sido negado y vilipendiado.

Puebla engrosa, de esa manera el mapa cultural del respeto y la igualdad de derechos. Se une así a Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Chihuahua, Ciudad de México, Coahuila, Colima, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, San Luis Potosí y Quintana Roo.

Este reconocimiento de los derechos de la población no heterosexual es tema que promueve una amplia conversación desde la perspectiva de la resignificación de las categorías sociales y las relaciones sociales.

A mí, de momento, me conduce a referir tres asuntos. El primero, la aprobación misma. Sin duda, hay que hacer un reconocimiento a los representantes de la ciudadanía en el Congreso poblano. Legislar sobre la materia no ha sido fácil, no sólo en Puebla y México todo, sino alrededor del mundo.

Solamente en 28 de 194 países, es decir, un quince por ciento, el matrimonio igualitario es un hecho legalmente reconocido. 17 de esos 28 países son europeos. En América Latina y el Caribe, nada más cinco países integran esta lista.

Si estos datos ponen en perspectiva la relevancia de la aprobación de nuestros representantes, su decisión adquiere más relevancia si se advierte que el rechazo a los grupos no heterosexuales va más allá de la indiferencia: en 69 países, más de la tercera parte de todas las naciones, la no heterosexualidad está penalizada.

Nueve de ellos son geográfica y culturalmente cercanos, son caribeños. Si bien en nuestro país son ya mayoría los estados en los que este derecho está legalmente reconocido, todavía hay camino que recorrer. Esta aprobación adquiere mayor relevancia en el marco de la cultura conservadora poblana.

Esta decisión, pues, permitirá participar ahora a grupos no heterosexuales de derechos que por irracionales e inhumanas decisiones de poder les eran negados. La puerta para adopción y crianza de hijos queda abierta y ojalá muy pronto nuestro Congreso legisle al respecto.

A los legisladores habrá que aplaudirles su valentía, su capacidad para comprender sin prejuicios la realidad y su convicción para crear leyes con visión ciudadana. Pero que hoy Puebla goce del matrimonio igualitario no habría sido posible si grupos civiles que, con plena consciencia de su ser, no hubieran exigido a la sociedad poblana romper líneas de separación que no tienen otro sustento que el prejuicio y el odio.

Sin las luchas y el activismo decidido de estos grupos, la sinrazón y la represión continuarían vigentes. Estos grupos actuaron con la fuerza que emana de saber que la diferencia sólo es tal porque así la han definido, desde el poder, quienes por temores e inseguridades no han sido capaces de reconocer que, a final de cuentas, todos somos diferentes.

La similitud es una creación artificial, una tecnología del poder. Sus luchas han sido luchas de apertura, luchas por ampliar los horizontes mentales de la sociedad, no para suplantar unas formas de ser por otras. Las luchas del activismo no heterosexual buscan que todos los ciudadanos seamos conscientes que la sexualidad es tan importante que resulta inhumano definir sus formas de expresión. Pero mientras la heterosexualidad, en su versión represora, condena y pretende eliminar cualquiera otra forma de ejercer la sexualidad, la no heterosexualidad no busca sino hacer consciencia que nada hay de antinatural en ella. La heterosexualidad es una forma de ser, no la forma natural de ser.

A diferencia de los legisladores, los activistas actuaron sin el cobijo del poder; por el contrario, se manifestaron en contra de él. En una sociedad represora como la nuestra, no es fácil manifestar abiertamente no sólo la identidad propia sino la convicción de ser tan igual como quienes descalifican desde una desigualdad empoderada. Así pues, la sociedad poblana debe agradecer la firmeza y valentía de los activistas. Gracias a ellos, hoy es una sociedad más madura, más humana.

Finalmente, es necesario señalar que este avance es importante pero aún quedan muchos asuntos pendientes sobre la no heterosexualidad. Sabido es que los logros en materia legislativa no son suficientes para el cambio social. El siguiente paso es luchar contra la estigmatización social. Los derechos de los grupos no heterosexuales quedaron ya asentados. Pero este reconocimiento no permea la cultura de la convivencia diaria.

Aun cuando en los últimos años se han producido cambios culturales importantes, continúan vivos muchos prejuicios en contra de la población no heterosexual. Así, muchos de sus miembros continúan siendo excluidos, infravalorados y, lo más grave, agredidos y asesinados. Esto debe detenerse.

Es urgente que editemos la urdimbre de representaciones y significados que la versión opresora de la cultura heterosexual ha forjado a través de vocabularios, prácticas y normas de comportamiento.

La tarea que tenemos por delante como sociedad civilizada y crítica es introducir en nuestra percepción cotidiana que así como para el derecho la preferencia sexual ha perdido relevancia, también deberá perderla en nuestros comportamientos cotidianos. Es un reto que debemos perseguir con el mismo entusiasmo con el que hemos conseguido el reconocimiento de los derechos de la población no heterosexual.

Etiquetas: congreso de pueblaheterosexualidadLuchasmatrimonio igualitariosexualidad

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