Iván Mercado / @ivanmercadonews / FB IvánMercado
Solo hay algo peor que confirmar que viajas en un barco cargado de improvisaciones y sin una bitácora real para alcanzar el destino prometedor que se ofreció a la hora de zarpar, y eso es confirmar que las amarras no existen, que los contrapesos no funcionan, que la oposición es convenientemente ficticia y que entre una tripulación de 128 millones de mexicanos, no hay a estas alturas un liderazgo real, una opción que quiera pelear el timón de una nave perdida que busca la tierra idealizada por un puñado de empoderados.
Las señales de que el país navega en aguas turbulentas ahí están y la orden de mantener el “rumbo” se mantiene a pesar de que la dirección que lleva la nave es perfecta para adentrarse aún más a lo peor de la tormenta.
Lo errático y peligroso del rumbo ya es visto por todos, pero cada vez son menos los que se animan a advertir o tratar de desafiar al capitán del barco, porque parece que a la mitad del camino ya se ha aceptado el hecho de que el rumbo no cambiará, aunque eso signifique un virtual naufragio.
Los empresarios de este país han comenzado a reconocer que a estas alturas del viaje lo mejor que se puede hacer es prepararse para sobrevivir (los que aguanten) al segundo tramo del trayecto sin hacer mayores escándalos. Ya tienen sus cálculos políticos y, por tanto, se han percatado que este “viaje” puede durar mas allá del 2024.
Es por ello que el tercer informe de gobierno fue cuestionado en su contenido, pero de ninguna manera fue criticado con la fuerza de los que quieren pelear con determinación para recuperar el control del país.
La clase empresarial en su mayoría ha comenzado a agazaparse para no ser identificada como la enemiga del sistema. La crítica se agotó y ahora se limitan a emitir una serie de observaciones y alguna que otra recomendación que de antemano, saben, no tendrá ningún eco.
A pesar de todo, y a la mitad del trayecto, el presidente goza de un inimaginable nivel de aceptación entre un segmento perfectamente definido de la población.
Tiene un poder cada vez más incuestionable y por tanto, la falta de resultados en un sinfín de temas de la vida nacional, sencillamente no es relevante.
Lo que se discute, lo que trasciende es que más de 55% de las y los mexicanos consultados por diferentes medios y casas encuestadoras aprueban lo realizado por el mandatario federal en poco más de mil días en el poder.
Revelador resulta que en esos mismos ejercicios demoscópicos se refleja que el aval de los encuestados está por arriba del promedio particularmente entre las mexicanas, sí, las mexicanas que más ataques han sufrido en las últimas décadas, lo aprueban con más de 58%.
Por supuesto, le siguen los hombres y mujeres mayores de 50 años con más de 60%. Los números de aceptación se mueven cuando se incluye la variable de la vacuna anti COVID, en este escenario los ciudadanos de la tercera edad que ya fueron inoculados apoyan al presidente con 58% y quienes recibieron ya las dos dosis, le respaldan hasta en 63%. Estos datos se desprenden, entre otras muchas, de la consulta publicada por el Financiero el pasado 1 de Septiembre.
En materia de percepción pública no importa si el manejo de la pandemia ha sido un rotundo fracaso, no es relevante si la tercera ola de COVID-19 está cobrando más vidas de lo calculado o contagiando a muchos más mexicanos que en el 2020 o en el primer semestre del 2021.
Igualmente parece ser muy poco determinante si a pesar del enorme riesgo, el gobierno federal ordena que se inicie con el ciclo escolar presencial, cuando todos, (científicos o no) saben o estiman que para finales de septiembre habrá miles de menores potencialmente contagiados por la pandemia del siglo 21.
Está probado que la corta memoria de los mexicanos y la muy rápida capacidad de adaptación de esta sociedad, tampoco atribuye al actual gobierno federal el dramático momento que en materia de violencia e inseguridad publica consume poco a poco al territorio nacional. Los más de 90 mil muertos que se acumulan en los últimos tres años son vistos como una consecuencia del despreciable pasado y no como una responsabilidad del gobierno en el presente.
Un fenómeno extremadamente similar sucede al revisar el capitulo de la pobreza en este México desigual.
Resulta que la frase “Por el bien de México, primero los pobres” se quedó en el terreno de las frases de campaña y de los buenos deseos, y es que según cifras oficiales, hoy existen poco más de 3.5 millones de nuevos pobres en el territorio mexicano, es decir, los pobres y miserables de este país siguen su crecimiento convenientemente.
Nada de lo anterior expuesto parece ser suficiente para generar una ola social que cuestione si el rumbo de este país es el correcto o no, si la cuarta transformación está haciendo de México un mejor país o está enterrando las expectativas y sueños de millones de familias. Nada afecta al capitán.
A la mitad de este particular trayecto está claro que el dilema no solo estriba en una sociedad dividida o conformista que cree ciegamente que el presidente “esta haciendo bien las cosas, pero la pandemia no lo ha dejado trabajar y cumplir con sus promesas”; No, el grave problema es que a unos cuantos meses para ir de manera insólita a una consulta para votar por una revocación de mandato, los partidos de “oposición” están arrodillados y lo más que han conseguido es negociar la redacción de una pregunta que lejos de cuestionar, beneficiará ampliamente al único e indiscutible líder de este país.
Pero por si eso no fuera suficiente, los panistas lejos de conducirse como la única fuerza opositora seria y decidida del país, se dividen, se patean entre ellos y se entrampan de manera incluso absurda, por ejemplo, en un encuentro inexplicable con el partido de ultraderecha español Vox, un acto que desde luego ya es capitalizado en estos momentos por el partido en el poder para acusarlos de “traición a la patria”.
La realidad es que a la mitad de este gobierno transformador queda claro que no hay contrapesos, que no hay oposición real, que los frentes opositores han comenzado a resignarse, que los partidos políticos y sus rémoras, están tejiendo sus alianzas y sus acercamientos para sobrevivir no en lo que resta de la actual administración, si no en un gobierno federal que todo indica, en el 2024 quedará nuevamente en manos de la 4T.


