Palabra de mujer
Rocío García Olmedo
Justo el miércoles, cuando México era evaluado por cuarta ocasión en el Examen Periódico Universal (EPU) del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la presidente de la CNDH, Rosario Piedra Ibarra, exigió reformar la Constitución para desaparecer este organismo.
Ese mismo día, al comparecer ante la Cámara de Diputados, argumentó que la Comisión Nacional de Derechos Humanos ya no responde “a las necesidades del pueblo”, que “ya no cumple la función para la que fue creada”.
El EPU es una evaluación entre Estados miembros de la ONU con historial de derechos humanos.
En ella, el país examinado debe exponer las medidas que haya adoptado para aplicar las recomendaciones que se le hayan hecho años atrás.
A México se le han aplicado tres evaluaciones (2009, 2013, 2018) y se deben presentar los avances obtenidos en la materia.
En este examen quedó demostrado que México ha incumplido con las recomendaciones que se le han formulado.
De las 264 que le hicieron en 2018, ahora acumula 300, aun cuando la delegación del actual gobierno de México informó de acciones en la lucha contra la pobreza y la desigualdad.
Fue documentado que hubo señalamientos sobre la militarización, la política migratoria manejada con el Ejército, así como en la falta de control y rendición de cuentas de los cuerpos castrenses.
Bajo el escrutinio internacional también figuran la desaparición de personas, que está en evidente aumento, y la violencia en contra de los periodistas.
Todo lo anterior refleja impactos negativos en la situación de los derechos humanos en México.
La crisis de las garantías individuales lejos de atenuarse, se ha profundizado, y con estos resultados, que seguramente conoce la presidente Rosario Piedra, ¿exige que desaparezca la CNDH porque ya no responde “a las necesidades del pueblo”?
Es de locura.
¿A qué pueblo se referirá la presidente? ¿Qué pensarán las madres y padres de desaparecidos que buscan día a día a sus hijos e hijas y que han tenido incluso que solicitar tregua a la delincuencia organizada para hacerlo?
Más aún, ¿qué pensarán las personas migrantes que llegan al país como paso para cumplir sus sueños de una vida mejor y son secuestradas y agredidas?
En especial, ¿qué pensarán las mujeres víctimas de violaciones diversas a sus derechos humanos?
Lo único que hemos observado en este sexenio es que la CNDH ha sido omisa y ha guardado silencio.
Contrario a la exigencia de la presidente, me parece que quien debe desaparecer de la CNDH es justo su titular.
No sólo ha demostrado un desconocimiento total sobre la protección de derechos humanos, sino que ha destrozado a la institución, pues es durante su presidencia que el organismo “no cumple la función para la que fue creado.”


