HISTORIAS DE UN JOVEN REPORTERO
Gerardo Ruiz / @GerardoRuizInc
Alejandro Armenta ha demostrado en este primer año de gobierno que tiene pólvora en los guantes y que su pecho no es bodega.
Si algo ha caracterizado al gobernador de Puebla a lo largo de su carrera política es –precisamente– su carácter frontal y que jamás de niega a debatir ya sea como oposición, como lo hizo en la Cámara de Diputados cuando en el 2017 se unió a la histórica primera bancada de Morena en San Lázaro para lanzarse en contra de Rafael Moreno Valle, o como titular del Ejecutivo local, como lo está haciendo ahora en contra del PAN en medio de la coyuntura actual de la famosa “Marcha de la Generación Z”.
“Prepárense bien, cuando enviemos al vicealmirante Francisco Sánchez a dar un informe necesitamos que estén bien preparados. Encontraron al secretario de Seguridad Pública y al director de la Policía Judicial protegiendo a los huachicoleros, por eso que se preparen bien los diputados, porque cuando enviemos al vicealmirante, Francisco Sánchez González a dar un informe vamos a poner en evidencia la corrupción de los gobiernos del PAN”, aseguró Armenta Mier el pasado 10 de noviembre luego de que la fracción del albiazul exigió la comparecencia del titular de la SSP en el Pleno del Legislativo local.
Sí, el gobernador Armenta nunca ha rehuido al debate ni a subirse al ring político.
No lo hizo en la oscura y represora era morenovallista, no lo hizo como legislador y no lo hace ahora como mandatario.
Sin embargo, Alejandro tampoco se equivoca al exigirle a la dirigencia de Morena, sus diputados locales y el resto de sus liderazgos que despierten de su letargo y que suban la guardia para defender al gobierno y al partido luego de dos semanas consecutivas de ataques por parte de los panistas como Rafael Micalco, Marcos Castro, Eduardo Rivera o Susana Riestra.
“Mi partido debería decir esto, o los diputados deberían hablar de esto y no yo, pero bueno, qué le vamos a hacer. Lo bueno es que yo estoy preparado para el debate”, fustigó el gobernador a sus correligionarios, líderes y legisladores, a quienes les pasó de noche los ataques del PAN en contra de su líder moral en la entidad.
Qué atinada fue la columna de la periodista Yazmín Curiel, quien evidenció el tortuguismo que se vive al interior del Comité Ejecutivo Estatal de Morena, que preside Olga Romero Garci-Crespo.
De nada sirve una dirigencia sorda, ciega y muda.
“Cuando Morena nació en Puebla, voces como las de María Luisa Albores González, Fernando Jara y Gabriel Biestro Medinilla marcaron una ruta: debate, postura y oposición firme frente al PAN.
Eran tiempos en los que el partido construía identidad política a partir de la confrontación argumentada y la defensa activa de sus causas”.
La directora del portal de noticias Sucesos tradujo a la perfección el llamado del gobernador Armenta.
Y es que desde que el Movimiento Regeneración Nacional llegó al poder y se convirtió en la primera fuerza política en la entidad perdió su alma combativa, su voz estridente y sus arrojos, que lo llevaron a convertirse en el fenómeno social que es y el partido que menor tiempo lo llevó ascender a la presidencia de la República.
Morena en Puebla, como partido, es inexistente.
Sin voz, sin manos y sin valor.
De nada sirve un partido que no contraste ideas, que no responda a la oposición, que abandone a su gobernador y sus alcaldes y que le tenga miedo al muy disminuido PAN.
Desde la época de Miguel Barbosa, la dirigencia morenista no es más que una oficial de partes y un inmueble hueco.
Un partido inútil.
O Morena despierta o el 2027 se le va a ir como agua entre las manos.
Por ahora los puños de Armenta son suficiente, pero ¿qué pasará en la próxima elección intermedia cuando el gobernador no pueda opinar de estos temas y entre la veda electoral?
Sí, Morena en Puebla está sorda, ciega y muda.


