Por: Rocío García Olmedo/ [email protected]./ mx @rgolmedo/ rociogarciaolmedo.blogspo.mx
El hoy distinguido morenista fiscal especializado en delitos electorales, José Agustín Ortiz Pinchetti, en su columna de todos los domingos hizo un recuento del origen de la simulación en nuestro país.
Análisis sin duda muy interesante, derivado del recuento histórico que hace y que, desde mi punto de vista, queda solo en ese terreno y deja para el imaginario colectivo su interpretación, como queriendo justificar hechos actuales en aras de registros históricos.
¿“Origen es destino”? No lo creo. Y hay muchos ejemplos que pueden corroborarlo. Por eso no acepto que miembros distinguidos del partido Morena en el gobierno pretendan considerar que los ciudadanos/as de hoy hagamos de cuenta –como lo hacían los de ayer– que aceptamos prácticas corruptas.
Ante las evidencias mostradas, me parece que no podemos permitir el destrozo de los debidos procesos. Hechos confesos de todas las partes, desde los del mismísimo presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, pasando por los de Emilio Lozoya, de Pío López Obrador, etcétera, etcétera, obligan su investigación.
El espectáculo que nos ha invitado a presenciar el presidente López Obrador, –que ya se veía venir– ahora lo implica, al haber aceptado tácitamente cometer él los mismo delitos electorales. Hay un principio jurídico que dice “a confesión de parte, relevo de pruebas”.
¿Cuántos más delitos, durante los más de 18 años en campaña del hoy presidente López Obrador, podrán clasificarse? ¿Deberemos entonces, quienes hoy somos legisladores, considerar la reforma de algunas figuras jurídicas? Por ejemplo, los sobornos ¿Deberemos considerarlos en la normativa, según las declaraciones del propio presidente López Obrador, como “aportaciones del pueblo”?
Deberemos separar para normar debidamente, ¿o unos deben ser considerados delitos y otros –sin rendición de cuentas ni fiscalización– deben ser considerados aportaciones legales?
En medio de todo este espectáculo inicia el período escolar con más dudas que certezas. Puede, por sus características, profundizar desigualdades y con ello diferencias y dificultades en el acceso de oportunidades, para todas esas niñas y niños en un futuro no muy lejano y en las que sin duda las niñas serán las de mayor afectación.
Y alcanzamos también esa “cifra catastrófica” de 60 mil muertos que el subsecretario Hugo López-Gatell decía que no llegaríamos en México. No sólo hemos llegado, la hemos rebasado. Sesenta mil fallecidos por COVID-19 representa desaparecer totalmente a más de 13 municipios poblanos, esos a los que originalmente el presidente López Obrador los nombró “municipios de la esperanza” y este subsecretario que ha dado estos resultados, que sí deben ser considerados como catastróficos, el presidente López Obrador le dejó la responsabilidad de atender la pandemia en México.
Origen ¡claro que no es destino! Ese origen que nos recuerda el Fiscal Ortiz Pinchetti, ese juego de engaños al que quieren introducirnos, los mexicanos y mexicanas de hoy no estamos dispuestos a fingir que lo aceptamos. Los mexicanos y las mexicanas de hoy no queremos simulaciones. Al fiscal especializado en delitos electorales le corresponde investigar y hacer cumplir la ley, caiga quien caiga; eso queremos. Porque nos dijeron que no eran iguales, y a dos años yo sigo sin encontrar las diferencias.


