Dr. José Manuel Nieto Jalil
Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Sur. Tecnológico de Monterrey Campus Puebla
Desde hace mucho tiempo, los científicos han especulado acerca de la posibilidad de que la vida se está esparciendo por el espacio a través de cometas, asteroides, planetoides e incluso polvo cósmico. Esta teoría se conoce como Panspermia.
Se fundamenta en la noción de que tanto los microorganismos como los precursores químicos de la vida (los llamados “ladrillos de la vida”) son capaces de sobrevivir a las duras condiciones del espacio y ser, de este modo, transportados de un sistema estelar a otro.
La teoría de la panspermia sostiene que la vida en la Tierra pudo haberse originado a partir de microorganismos que llegaron desde otros planetas o cuerpos celestes en el Universo.
Ante esta hipótesis, hay varias teorías que intentan explicar cómo la vida podría haberse propagado a través del espacio.
Según la más aceptada, los escombros lanzados al espacio por el impacto de cometas y asteroides contra un mundo habitado podrían viajar, en una suerte de carambola cósmica, hasta otros planetas y establecerse allí, extendiendo así la vida. Esa habría podido ser, precisamente, la forma en que los primeros organismos vivientes llegaron a la Tierra.
Virus, bacterias y quizás huevos de animales podrían haber llegado a la Tierra procedentes de otros lugares.
Recientemente, los científicos han empezado a pensar que este método de distribución podría no limitarse sólo a los diferentes sistemas estelares de nuestra Vía Láctea, sino que podría extenderse mucho más allá, incluso a una escala intergaláctica.
La panspermia intergaláctica es una de las teorías más conocidas. Según esta hipótesis, los microorganismos podrían haber sido transportados por meteoritos y cometas, que son capaces de viajar a través del espacio interestelar y pueden sobrevivir a la radiación cósmica y las temperaturas extremas.
De hecho, se han encontrado microorganismos vivos en cometas y meteoritos, lo que sugiere que esta teoría es plausible.
Hay otras teorías tales como la panspermia dirigida, la panspermia interplanetaria y la panspermia transpermia.
La panspermia dirigida sostiene que la vida en la Tierra fue esparcida por una civilización alienígena avanzada. Según esta hipótesis, los extraterrestres podrían haber enviado sondas o naves espaciales cargadas con microorganismos a la Tierra en el pasado, o podrían haber manipulado genéticamente las formas de vida existentes aquí.
Esta teoría carece de evidencia empírica, pero hoy puede tomar fuerza debido a que varios medios de difusión han especulado acerca de la existencia de una nave nodriza extraterrestre en nuestro sistema que se encuentra enviando pequeñas sondas para estudiarlo.
La panspermia interplanetaria sugiere que la vida pudo haberse propagado dentro de nuestro propio sistema solar. Según esta hipótesis, los microorganismos podrían haber sido expulsados de un planeta habitable como Marte por un impacto de meteorito o por actividad volcánica, y luego llegado a la Tierra a través de cometas o meteoritos.
Se han encontrado evidencias de agua en Marte y se cree que el planeta tuvo condiciones habitables en el pasado, lo que hace que esta teoría sea plausible.
Finalmente, la panspermia transpermia sustenta que la vida podría haberse propagado a través de la galaxia, transportada por la radiación cósmica o por la actividad estelar.
Según esta hipótesis, los microorganismos podrían haber sido protegidos de la radiación cósmica por el material orgánico que los rodea, y sobrevivido a la deshidratación y a las bajas temperaturas del espacio. Esta teoría es aún más especulativa que las anteriores.

Una de las implicaciones más emocionantes de la panspermia sugiere que la vida podría ser común en el Universo. Si la vida se propagó a través del espacio de esta manera, entonces es posible que exista vida en otros planetas o en otros sistemas estelares. De hecho, los descubrimientos recientes de exoplanetas y la detección de biomarcadores en su atmósfera han generado un gran interés en la búsqueda de vida en otros mundos.
En el futuro, se espera que la tecnología de detección de exoplanetas permita la detección de biomarcadores en la atmósfera de estos mundos. Los biomarcadores son compuestos químicos que sólo se producen en presencia de vida, como el oxígeno y el metano. Si se encuentra un biomarcador en la atmósfera de un exoplaneta sería una fuerte evidencia de que la vida existe en ese mundo.
La NASA y otras agencias espaciales están planeando misiones a la luna de Júpiter, que se cree que tiene un océano subterráneo de agua líquida debajo de su superficie helada. Si hay vida, es posible que haya llegado allí a través de la panspermia interplanetaria.
Entre los artículos revisados en la literatura mundial destaca “Extraterrestrial ribose and other sugars in primitive meteorites” publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), donde los investigadores reportan que en meteoritos estudiados encontraron azúcares cruciales para la formación del ARN (ácido ribonucleico) y, por lo tanto, para el origen de la vida, por lo que constituye una evidencia directa de ribosa en el espacio y la entrega del azúcar a la Tierra.
Este resultado se suma a la creciente lista de compuestos biológicos hallados en rocas llegadas del espacio, lo que respalda la hipótesis de que un bombardeo cósmico pudo haber provocado una especie de germinación cuando nuestro planeta todavía era muy joven. Otros investigadores han reportado la aparición de otros componentes básicos en meteoritos para la aparición de la vida, incluidos aminoácidos (componentes de proteínas) y nucleobases (componentes de ADN y ARN), pero nunca hasta ahora habían aparecido azúcares.
La importancia de estos artículos está en el hecho que la comprensión de la vida tal y como la conocemos hoy en día puede ser diferente. Los “ladrillos de la vida” podrían haber llegado hasta aquí desde otro sistema solar, o incluso desde otra galaxia, por lo que sería posible encontrar vida más allá de nuestro sistema solar o incluso lleguemos a encontrarnos con algunas especies avanzadas que resulten ser lejanas, muy lejanas parientes nuestras y que podamos reflexionar junto a ellas sobre la procedencia de los ingredientes básicos que nos hicieron posibles. Desde luego, resultaría cuando menos irónico que, después de haber buscado vida extraterrestre durante tanto tiempo, termináramos descubriendo que esa vida procede del mismo mundo en que nacimos.


