Fue el 26 de febrero de 2010.
Un día feliz para el panismo ortodoxo; el núcleo duro, la nomenklatura; El Yunque, pues, y todas sus derivaciones.
El parto fue con dolor, pero al final se logró.
¡Habemus candidato!
Rafael Moreno Valle tanteó a otros perfiles –sobre todo Enrique Doger–, pero finalmente se convenció (o lo convencieron) de hacer fórmula con Eduardo Rivera.
El que venía del PRI para la gubernatura.
El que venía del PAN para la alcaldía de Puebla.
Agua y aceite.
Mar y tierra.
Sol y luna.
Pero unidos por –y para– el mismo fin: propinar al PRI una derrota tan histórica como demoledora.
Lo que vendría después, es otra historia.
Dramática y conmovedora, como todas las historias de poder.


