Felipe Flores Nuñez
La virtual diputada federal plurinominal por el PRI, Blanca Alcalá Ruiz, contestó de manera profusa las preguntas planteadas por Crónica Puebla para delinear los retos de la próxima Legislatura, en un momento crucial de la vida política del país.
Tras el reciente proceso electoral, la exsenadora y exalcaldesa de Puebla hace alusión de la responsabilidad que deben asumir los partidos de oposición, los temas torales que deberán abordar en los siguientes tres años, el rol de la alianza del PRI con el PAN y el PRD, la eventual colusión con Morena –el partido en el poder–, qué debe hacer su partido rumbo a 2024 y su agenda personal.
—¿Cuál es su reflexión tras los resultados electorales en el país y en Puebla?
—Como ha venido ocurriendo desde hace varios años, los procesos electorales se han vuelto muy competidos, intensos, organizados y vigilados hoy, afortunadamente, por órganos autónomos como el Instituto nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) a nivel nacional y órganos locales en los estados. Valoro mucho el compromiso de los ciudadanos que atienden las casillas y cuentan los votos, al igual que la participación de las personas que salen a elegir a sus representantes; una participación que se ha incrementado: 51% para este proceso intermedio. Sin embargo, me preocupa que esa intensidad en el proceso electoral se vea acompañada de malas prácticas: la descalificación permanente entre adversarios, campañas negras o –peor aún– la violencia política que ha dejado un trágico saldo de candidatas y candidatos agredidos, incluso asesinados. Esta situación representa una gran amenaza para la democracia y la vida misma de los mexicanos. Algo que debe detenerse. Por otro lado, la jornada y sus resultados demuestran que los mexicanos aspiramos a un país plural, en paz y con respeto a las instituciones y a las libertades. Ése, considero, es el mandato de los electores. Los ciudadanos premian a las autoridades municipales ahora con la reelección de mandato o les quitan su confianza y se deciden por otras autoridades.
—¿Cuáles deberían ser los principales retos de los diputados recién electos?
—Recuperar el espíritu del Poder Legislativo, que funcione el sistema de pesos y contrapesos, restablecer el equilibrio de Poderes que evite excesos o la supremacía de un Poder sobre otro, evitar que el estilo personal de gobernar del Ejecutivo continúe imponiéndose sobre razones, argumentos e instituciones, pues sus decisiones impactan a los mexicanos.
—¿Cuál debería ser el comportamiento de los partidos de oposición?
—Habremos de asumir a cabalidad nuestro papel en el Congreso, acatando el mandato de los ciudadanos de presentar sus preocupaciones y propuestas, para que sean atendidas en un México plural, en el que se vale que pensemos distinto. Será necesario contrastar las iniciativas del Ejecutivo o la bancada de Morena y sus aliados. Habremos de analizar los alcances, identificar coincidencias si las hay y los efectos presentes y futuros para los mexicanos. Es responsabilidad de los integrantes de la Cámara buscar que las leyes que se aprueben incidan en soluciones integrales, de amplio beneficio y de conformidad con los retos del siglo XXI. Debemos asumirnos como ese contrapeso que nos mandató la ciudadanía. Cuando las iniciativas presentadas no correspondan a un México incluyente y plural o que se queden en soluciones cortoplacistas, que cancelan un futuro mejor para las siguientes generaciones, estaremos particularmente atentos y nos opondremos, aunque también habremos de valorar aquellas iniciativas que el gobierno u otros grupos parlamentarios presenten y traigan beneficios.

—Se viene segunda y última parte de la administración federal y, con ello, el proceso de sucesión. ¿Qué tanto incidirán estos factores en el Congreso?
—Exigirá estar muy alertas a las decisiones que se tomen. El destino de México nos corresponde a todos, no sólo a quien temporalmente lo administra. Más que ayudar o entorpecer, estas condiciones lo volverán más complejo. Desde la oposición asumiremos con responsabilidad el momento que nos corresponde. Nos proponemos restablecer, con seriedad, la relación con las organizaciones de la sociedad; no son enemigas de México. En los últimos años, muchas de ellas han catalizado acciones importantes para la vida pública del país, cuyo tránsito
–en ocasiones– resultaba más difícil a través de los partidos. Hay que fortalecer y no aniquilar la participación ciudadana. Estaremos muy alertas para que las demandas ciudadanas sean atendidas sin condicionamientos de autoridades, locales o federales. Impulsaremos y vigilaremos temas importantes, como el suministro de vacunas para menores, medicamentos para la población, atención de la violencia contra las mujeres y el apoyo a la diáspora mexicana, cuyos protagonistas han sido ignorados pese a ser invocados como héroes. Que temas torales como la seguridad, el respeto al federalismo, a los órganos autónomos y el acceso a la justicia se atiendan sin sesgos. Que aspectos estratégicos en materia de finanzas públicas, presupuesto, economía, energía, cambio climático, la agenda global y los compromisos multilaterales sean abordados con rigor metodológico y no con planteamientos ideológicos y buenas intenciones. El Presupuesto de Egresos, cualquier iniciativa fiscal, la Agenda 2030, el Pacto de París, el Pacto Mundial de Migración, entre tantos temas, deben volver a forman parte de una discusión seria, sin mayoriteos. Todo estos temas forman parte del acuerdo legislativo, signado por los partidos de la alianza Va Por México.
—¿Estarán en su agenda recobrar fidecomisos, la defensa del INE y del Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información (INAI), apoyo a pequeñas y medianas empresas y el desabasto de medicinas?
—Sí. Muchos de ellos ya han sido inscritos en los 10 puntos del acuerdo legislativo que suscribieron los dirigentes nacionales del PRI, PAN y PRD. Todos estos temas los escuchamos de la gente, de los microempresarios que son columna vertebral de la economía y motores en la generación de empleo, de amplios sectores que quieren vivir en un país democrático, con instituciones autónomas y eficientes, como el INE o el INAI, este último sinónimo de combate a la corrupción, que coadyuvan a que quienes ocupan responsabilidades en la administración pública actúen con eficiencia y transparencia de cara a los ciudadanos.
—¿Cómo afrontar el tema de los recursos, pues cada vez se destina menos a las entidades federativas y el gobierno federal tratará de ampliar sus programas sociales que da un “voto duro”?
—El manejo de las finanzas públicas ha sido delicado; si bien se mantienen sanas, su comportamiento es precario y su impacto ha sido negativo en la economía, que ya se había desacelerado antes de la pandemia y cuya recuperación es lenta. Hoy, los mercados e inversionistas ven con desconfianza a México; las modificaciones legislativas que impactan contratos internacionales adquiridos a priori, la cancelación de proyectos como el aeropuerto de Texcoco y el impulso contra viento y marea de otros que, además de onerosos, carecen de viabilidad o sostenibilidad, son ejemplos que nos hacen ver como incapaces de aprovechar al máximo el impulso que la economía de Estados Unidos, nuestro principal socio comercial y vecino, registrado en la era Biden. En el PRI se trabaja en iniciativas que permitan impulsar un plan de reactivación económica y, al mismo tiempo, vigilar que no se continúe haciendo un uso clientelar y perverso de los programas sociales entre la gente con menores ingresos. Ni ayer, ni hoy, ni mañana podemos permitir el uso o manipulación de apoyos, como bandera de un gobierno que por ley debe atender a la población y, particularmente, a quienes se encuentren en mayor desventaja. Algunos programas no deben tratarse como una concesión, sino como obligación del Estado. Hay programas que dejan mucho que desear, por la forma como están diseñados o implementados. Es necesario que la población conozca con mayor detalle qué pasa con ellos, cuáles son sus efectos y consecuencias para todos.
—El presidente Andrés Manuel López Obrador insinuó que Morena podría recurrir al PRI para la mayoría necesaria que concrete reformas constitucionales, ¿lo permitirían, no sería una traición a sus votantes?
—El dirigente nacional, Alejandro Moreno, ha señalado que el PRI será una oposición firme, que ese es el mandato de los ciudadanos. No aprobaremos nada que dañe a los mexicanos.
—¿Qué posibilidades hay que se mantenga en el Congreso la alianza Va Por México (PRI-PAN-PRD) y extenderla a 2024?
—De entrada se firmó un acuerdo para transitar de una alianza electoral a un acuerdo legislativo. Hay coordenadas claras de los puntos en que coincidimos e impulsaremos, fundamentales para México. También hemos manifestado que hay temas de agenda propia de cada partido, que habremos de presentar y cabildear, como lo dicta el ejercicio parlamentario. En el PRI hay experiencia de impulsar propuestas y buscar consensos, sean temas regionales, causas específicas o problemas sectoriales. Las bancadas del PRI se han caracterizado por tender puentes de diálogo, por tener una visión amplia y clara de los nuevos tiempos que viven México y el mundo, pero también por actuar en congruencia con los electores. Sabemos que somos un país plural, con pensamientos distintos que deben ser escuchados, con posturas a tomar en cuenta. Por otro lado, la alianza es un ejercicio que, a pesar de su complejidad, mostró su efectividad para lograr equilibrios en la Cámara de Diputados, mayor pluralidad en Congresos locales y muchos ayuntamientos. En el PRI hay interés de consolidar una alianza amplia, que corresponda a la diversidad de nuestro país, muy a pesar de los intentos internos y externos de siempre para descarrilarla.
—El recuento del PRI no fue favorable en el país, sobre todo al perder gubernaturas y tal vez habría sido peor sin alianzas. ¿Qué deben hacer para resarcirse?
—Yo diría que el balance es de claroscuros, que exige una mirada más amplia y profunda. De entrada, el PRI no sólo detuvo su caída de la preferencia electoral a nivel nacional, sino que se reposicionó. Veníamos de una intención de voto de 8% en 2018 y logramos alrededor del 17%. De una bancada de 40 diputados en el Congreso federal tendremos al menos 70; de perder ciudades importantes llegamos a recuperar, vía alianza, capitales importantes como Puebla, que en población tiene una cantidad similar a algunas entidades del país. Así que hay indicadores positivos. Otros, que no soslayamos, nos fueron adversos y hay que trabajar aún más. Pero, en todos los casos, el alto nivel de votación de la población, la participación de los candidatos del PRI y los ciudadanos es real y creo que no debe desestimarse ni en Puebla ni en México.
¿Qué hacer hacia 2024? Trabajar en el Legislativo lo que por definición no stoca y explicarle a los ciudadanos cada ley aprobada o rechazada. Al interior del partido, reafirmar los valores, principios y convicciones que le dieron origen e identidad. Tener claro que creemos en el Estado de Derecho, en el respeto y propósito de las instituciones, que impulsa la movilidad social de las personas, que brinda oportunidades sin importar cómo te llamas o dónde resides, que impulsa la igualdad entre mujeres y hombres, que le da valor a la infancia y a su desarrollo, que sabe apreciar las diferencias, que impulsa una agenda progresista e incluyente. Demostrar que somos un partido que cree en la participación por encima de la exclusión, en la tolerancia y no en la intransigencia, en la contemporización y no en la polarización. Sin duda hay mucho trabajo hacia adelante.
—¿Cuál es su proyecto personal? ¿Se enlista para la sucesión en Puebla?
—Cada oportunidad profesional la asumo a 100%. Me gusta emplearme de fondo; lo he hecho en las responsabilidades del Poder Ejecutivo, como presidenta municipal, secretaria de Finanzas, delegada, subsecretaria o directora general. Lo hice en el Poder Legislativo local o en el Senado de la República y me propongo hacerlo ahora como diputada federal, sin distractores. El trabajo reclama seriedad, compromiso de tiempo completo en las comisiones en que me toque participar y, claro, cerca siempre del sentir de los ciudadanos, que son los mejores consejeros para orientar la decisión de un legislador. Nunca le he apostado al futurismo y no lo haré ahora. Hoy lo sustantivo es cómo aportamos desde la Cámara de Diputados para preservar un país democrático y plural, que viva en paz y que ofrezca oportunidades de un mejor futuro a su población.


