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Posadas

Crónica Puebla por Crónica Puebla
14 diciembre, 2021
en Sin categoría
Posadas
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Por: Adolfo Flores Fragoso/ [email protected]

Quien pide posada es quien solicita un apo­sento, un lugar para reposar posando su cansado cuerpo para dejar pa­sar un momento de su vida. Po­sado ahí, reposando.

Un carpintero pidió una po­sada. Posada para él y su espo­sa amada.

Posada para vestir un pese­bre con paja, para aquel niño que ignora que tal vez debe na­cer.

Posada para un amante ya ignorado, pero vigente.

Posada para la mujer solita­ria que desea aventurarse.

Posada para el hombre que no aventura por no saber de des­tinos.

Posada para una mujer de bien.

Posada para un hombre de mal.

Posada para una banda de ángeles cansados después de su­bir una pesada campana en la torre de alguna catedral.

Posada para quien solicita tres monedas a cambio de una canción, o para aquel que traga un buche de gasolina con fuego, en una esquina.

Posada para el burócrata que añora trabajar al compás de una caricia prohibida de aque­lla compañera que no lo ama.

Posada para Karl, aquel que Kafka hospedó en el Hotel Oc­cidental.

Posada para el bibliotecario que añora libros imaginarios.

Posada para el arrepentido que prefiere no confesarlo.

Posada para la inseparable espada de Alejandro, siempre en batallas algo ficticias.

Posada para el ciego que ob­serva todo en la cálida soledad de su riqueza.

Posada para el sordo que es­cucha exquisitos ritmos de alco­bas vecinas.

Posada para el enfermo sin el aliento para poder contar anéc­dotas íntimas.

Posada para el desamparado que lee un diario tan retrasado como olvidado: papel marchito entre dedos marchitados.

Posada para quien habla de San Juan de la Cruz sin recitar sus desconocidos escritos.

Posada para quienes nos en­vuelven en metáforas inciertas de Lugones.

Posada para el necesitado de una “piedra” en su resaca. O un “conejo”. O una “mojarra”. O un anís seco entre olores de un piso agusanado.

Posada para el frustrado anda­riego que frustra vidas ajenas.

Posada para los alegres que fin­gen alegrías.

Posada para quien dibujó una máscara debajo de su máscara.

Posada para esos (poblanos) que todo lo saben, intuyen, resuelven, pero no viven. Sólo posan. Posa­da para quienes viven sin vivir, en consecuencia.

Posada para el médico que no cura, pero alivia y devuelve vida.

Posada para aquel solitario siempre acompañado, negándolo en ausencias que son sus fantasías.

Posada para el caballero de fina estampa (hombre elegante de for­tuna heredada o mal habida, por cierto).

Posada para el ruiseñor de pi­co corto.

Posada para la mujer de gran bolso (de marca) en el que busca el labial, y un minuto de atención de alguien ausente, el que no aparece a su espalda. Ni en su espejo.

Posada para quien escucha el llamado a misa sin la fuerza de sus piernas para asistir.

Posada para un encuentro que no se dio.

Posada para el esposo indolente pero solvente.

Posada para el soberbio que len­tamente se va cobijando en su te­nue muerte.

Posada para esa viejecita coja con rebozo que en cierto crucero de la ciudad sonríe para vender un juguete.

Posada para quien debe de besar más mejillas que labios.

Posada para quien vive sin paz, pero sonríe.

Posada para ti que lees estas lí­neas, que te recuerdan encuentros tan campantes, más imposibles que probables.

Posada para el postrado buscan­do posada.

Posada para el padre.

Posada para el hijo.

Posada para el espíritu santo…

Etiquetas: kafkapoasada

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