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Adicciones, afortunada coincidencia

Felipe Flores por Felipe Flores
2 marzo, 2022
en Soliloquio
Adicciones, afortunada coincidencia
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De manera coincidente y por demás afortunada, en días recientes tan­to el gobierno estatal como el de Puebla capital hicieron alusión a diversas acciones en atención al complejo tema de las adicciones.

Se trata de un asunto de la mayor rele­vancia porque el hábito en el consumo de sustancias nocivas no sólo causa daños en la salud, sino que incide en todo el entor­no social.

Y más grave aún: perjudica mayoritaria­mente a la población juvenil que, al ser des­atendida, corre además el riesgo de inducir­se al peligroso terreno de la delincuencia.

Una cosa lleva a la otra: los adictos son, potencialmente hablando, posibles infrac­tores sociales. De ahí la importancia de pre­venir todo tipo de adicciones y, en su caso, atender de la mejor manera a quienes pade­cen estos males.

En ese contexto, hace días, durante una de sus habituales conferencias de prensa, y a pregunta expresa, el mandatario estatal Mi­guel Barbosa hizo referencia a los presuntos centros de rehabilitación de adictos, conoci­dos como “anexos”.

Reconoció que en esos lugares suelen co­meterse abusos, si bien aceptó que son final­mente un negocio, pero están fuera de con­trol, y mencionó que operan al límite de la ilegalidad porque a veces restringen la liber­tad de los internos, además que también lle­gan a convertirse incluso en refugio de de­lincuentes.

Habló de la posibilidad de coordinarse con los ayuntamientos para imponer una regu­lación en esos lugares a fin de que sean un verdadero apoyo a los enfermos por adiccio­nes, especialmente de alcohol, dogas y otras sustancias.

Se pronunció también por la necesidad de acciones de los tres niveles de gobierno; y en esa ocasión pidió el secretario de Salud, Jo­sé Antonio Martínez García, elabore un pro­yecto para mejorar y hacer más eficiente los servicios que en la materia ofrece el gobierno –ciertamente de manera precaria–, a través del Centro Estatal de Salud Mental.

Es de esperarse entonces que los famo­sos “anexos” cumplan pronto con requisitos muy estrictos para el desempeño de sus fun­ciones y se conviertan en lugares bien acon­dicionados y seguros, además que sean aten­didos por personal especializado.

Es muy cierto –hay testimonios de ello– que la “disciplina” que actualmente impo­nen es violatoria a los derechos humanos al persistir vejaciones, abusos y otras circuns­tancias de franca ilegalidad.

También es deseable que las instancias de salud del gobierno estatal puedan otor­gar mejor e integral atención a quienes tie­nen severos padecimientos por el consumo de sustancias prohibidas.

Por otra parte, casualmente esta misma semana el Ayuntamiento de Puebla inició un programa en las 17 juntas auxiliares de diá­logos con jóvenes sobre la prevención y detec­ción temprana de adicciones, a fin de crear conciencia sobre el uso y abuso de sustan­cias nocivas y promover al mismo tiempo ac­tividades que faciliten conductas saludables.

En un primer evento celebrado en Rome­ro Vargas, el alcalde Eduardo Rivera Pérez habló de la necesidad de generar estrategias para apoyar a los jóvenes a mejorar su sa­lud mental.

Comentó que miles de jóvenes empiezan a consumir alcohol y tabaco desde los 13 y 14 años en perjuicio de su salud física y men­tal, lo cual genera violencia familiar, proble­mas con la sociedad y el descuido de los es­tudios y trabajo.

Se trata pues de un par de decisiones de gobierno –estatal y municipal– que de ma­nera coincidente confluyeron en un mismo objetivo de atender la compleja problemática social que implican las adicciones, tema que desafortunadamente suele ser soslayado.

Quizá el esfuerzo más notorio en el país es el que han impulsado los Centros de Inte­gración Juvenil, creados desde 1969 con fi­nes de prevención, tratamiento, rehabilita­ción y formación de especialistas en materia de consumo de drogas, aunque actualmente operan con escasos recursos, pese a que las estadísticas sean muy reveladoras.

Según datos recientes de la Encuesta Na­cional de Consumo de Drogas, Alcohol y Ta­baco, 8.7 millones de personas han consu­mido drogas ilegales alguna vez en la vida. De las personas que han usado drogas ile­gales, 7.3 han consumido mariguana. La edad de inicio del uso de drogas ilegales es de 17.8 años.

En cuanto al consumo de alcohol, 53.2% de los estudiantes de secundaria y bachi­llerato ha bebido alcohol, alguna vez. En el 35.5% el consumo prevalece durante el úl­timo año y en el 26.3% en el último mes. Las mujeres reportan los mismos niveles de con­sumo de alcohol que los hombres.

Además, el 16.9% de los estudiantes de 5° y 6° de primaria ha bebido alcohol alguna vez; en el 8.1% el consumo de alcohol preva­lece en el último año y en el 4.0% en el últi­mo mes. La edad promedio de inicio de con­sumo de alcohol es de 12.6 años, sin diferen­cias significativas entre hombres y mujeres.

Tan sólo en la capital poblana hay unos 25 mil jóvenes que consumen drogas y de acuerdo con datos del Inegi, Puebla ocupa el primer lugar a nivel nacional en el consu­mo de alcohol en adolescentes y el segundo con fumadores más jóvenes.

Queda claro entonces que hacen falta ac­ciones más robustas y bien planificadas en las que, además, se vislumbre a las adiccio­nes como una vertiente en el ámbito de la se­guridad pública.

De ninguna manera puede desligarse el consumo de alcohol, drogas y otras sustan­cias tóxicas con el vandalismo y la delin­cuencia.

Es bien sabido que los grupos criminales más poderosos del país tienen al narcotráfico como su principal actividad: siembra, cose­cha, trasiego y venta de estupefacientes, ade­más del mercadeo de cocaína y la produc­ción de otras drogas “duras”, como el crack o las llamadas “piedras”.

Eso implica una cadena inmensa en la que participan casi impunemente miles de personas; una compleja estructura que in­cluye otras actividades delictivas, como el narco-menudeo, asaltos, secuestros, extor­siones, robo y tráfico de combustibles o hua­chicoleo.

Y atrás de todos ellos, involucrados o asu­miendo el rol de víctimas, muchos miles o quizá millones de adictos, la mayoría jóve­nes, que no pueden, no deberían quedar a la deriva.

Etiquetas: eduardo rivera perez

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