Soliloquio
Felipe Flores Núñez
Muchas veladoras estarán prendidas toda esta noche, ya que mañana viernes, al fin, se sabrá la identidad del candidato o la candidata de Morena a la gubernatura de Puebla, cuyas posibilidades de ganar en los comicios del año entrante son por el momento muy amplias, de acuerdo a todos los estudios de opinión.
Culminará así un proceso selectivo tan inédito como largo, sinuoso y agotador para los contendientes, en el que además de cambios frecuentes en las reglas del juego, hubo ajustes de último momento por determinación del INE para garantizar el principio de paridad de género.
A este respecto, tras una impugnación que planteó Movimiento Ciudadano, finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación acordó la tarde de ayer desechar el reclamo, con lo que quedó ratificada la decisión inicial del INE, en el sentido de que los partidos deberán postular a cinco mujeres y cuatro hombres para las nueve gubernaturas a disputa, entre ellas Puebla.
Para llegar a este punto la dirigencia nacional de Morena tuvo que sortear muchos obstáculos y acabó enredado hasta tener que modificar repetidamente los criterios de su competencia interna, en aras de evitar posibles divisiones y fracturas.
Ante ello, explicó que la postergación de la fecha para emitir los resultados de sus encuestas se debió a “una serie de factores”, entre ellos, la necesidad de garantizar el cumplimiento de la paridad de género impuesto de última hora por el INE. “Vamos a postular a cinco mujeres para las gubernaturas, entonces tendremos por lo menos dos, tres o cuatro hombres que ganando su encuesta no van a ser los coordinadores y no queremos que esa decisión vaya a provocar alguna ruptura”, puntualizó el líder nacional Mario Delgado.
Aunque ese argumento sea parcialmente cierto, queda claro además que tal coyuntura le permitió también a Morena mover sus fichas a conveniencia tras conocer los resultados de las encuestas que aplicó, con lo cual dejó atrás el ofrecimiento inicial de que ganarían los aspirantes que obtuvieron los mejores resultados, en base a que “el pueblo será el que decida”.
Sin duda el intencionado aplazamiento dio margen también a la dirigencia para negociar “en corto” con los aspirantes y encontrar salidas viables en los casos de alto riesgo y de posibles rompimientos, como pudieran ser los que se presagian al menos en la Ciudad de México, Chiapas, e incluso Puebla.
En suma, Morena tuvo ocasión de operar en su máxima dimensión la técnica del “dedazo”, esta vez simulado ante circunstancias si bien ineludibles, igualmente favorables a los propósitos de quien brinda la bendición suprema desde Palacio Nacional, con el respectivo aval de la virtual candidata presidencial y poseedora del bastón de mando, Claudia Sheinbaum.
Por más que sostenga que se actuó con imparcialidad, las dudas permanecerán por siempre. De ahí la insistencia que todavía ayer refrendó el dirigente Mario Delgado, al asegurar que nunca hubo favoritos y que la entrega de resultados se hará con “total transparencia”.
“El proceso se está llevando con la suficiente claridad para no caer en opacidades y en acuerdos en oscurito; ha sido un proceso limpio”, sostuvo lejos de reconocer que los ajustes finales le acomodaron, ahora sí, “como anillo al dedo”.
Habrá que esperar entonces los resultados y medir la reacción de los actores participantes, que en el caso de Puebla fueron siete y cuyo comportamiento en general no resultó del todo encomiable. Todos pudieron exhibir su fuerza y capacidades, pero también traslucieron fragilidad y debilidades.
Y es que la disputa interna –magnificada por la militancia de uno y otro lado–, no fue un juego de niños al tener como rasgo significativo el ataque frecuente, algunas veces abierto y muchas otras por debajo de la mesa.
A eso se sumó que no todos respetaron las reglas y que la promoción personalizada llegó a inadmisibles excesos aprovechando los vacíos y la complacencia de la autoridad electoral.
Hasta el fin de semana que se les impuso un alto obligado y el retiro precipitado de su propaganda, la mayoría de las y los aspirantes poblanos hizo cuanto pudo para exaltar sus virtudes como las idóneas y acordes para Puebla, pero ante todo, juraron profesar a cabalidad los principios de la Cuarta Transformación y tener una lealtad impoluta al presidente López Obrador.
También aseguraron estar arriba en las encuestas, las suyas por supuesto, y usaron de manera grosera este valioso instrumento científico hasta llegar a degradarlo.
Concluye la semana que el propio mandatario estatal Sergio Salomón Céspedes presagió de “álgida”, en la que habrían de suscitarse dimes y diretes, zozobra y hasta cizaña.
Ya se verá quiénes se ajustan a esa “unidad verdadera” a la que a todos se convocó para el cierre final de la disputa.
Mañana pues habrá “humo blanco”, o dicho de otra forma, se conocerá el resultado de lo que fue un dedazo simulado.


