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Crónica Puebla
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La comunicación en tiempos de COVID-19; el caso Puebla

Felipe Flores por Felipe Flores
3 diciembre, 2020
en Soliloquio
El virus nos quitó hasta la despedida

Foto: Agencia Enfoque

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En su acostumbrada conferencia de prensa de este mismo miércoles, el presidente Andrés Manuel López Obrador insistió que el uso de cubrebocas no es indispensable como medida de prevención contra el COVID-19.

Días antes, en una gira por el sureste en la que no usó mascarilla, había dicho complaciente respecto a la  pandemia que “vamos bien y pronto saldremos del problema”.

En contraste, esta semana el titular de la Organización Mundial de la Salud destacó en conferencia de prensa la mala situación que prevalece en México por el coronavirus y pidió, literalmente, “tomar en serio la pandemia”.

“La situación en México es muy preocupante. Los números muestran que el País está en mala situación. Cuando suben los casos y también las muertes es un problema muy serio y pediríamos a México que sea serio”, subrayó el director ejecutivo de la OMS, Tedros Adhanom.

“Esperamos que todos los líderes sean ejemplares en el uso de mascarillas y otras medidas”, subrayó. “Ya lo hemos dicho: es importante usar cubrebocas, lavarse las manos, y esperamos que los líderes sean modelos”, añadió.

El máximo directivo de del organismo mundial de salud remató con en el exhorto para que los líderes se conviertan en modelos de comportamiento, “queremos que las personas influyentes también lo sean”.

“Cuando decimos líderes pueden ser líderes políticos, pueden ser líderes religiosos, pueden ser líderes tradicionales y pueden ser otras personas influyentes, y tienen que dar ejemplo de otra manera, quiero decir que  suplicar las muertes y los casos en tres semanas es una mala señal”, concluyó.

El tema no es banal. Se trata nada menos que de un llamado de atención ante enfoques diferentes, que implica actitudes, comportamientos y visiones de una misma y grave realidad.

Se trata, en suma, de un modo distinto de percibir, interpretar y comunicar respecto a un tema que es del interés común y de preocupación universal.

Es un hecho que el COVID-19 ha puesto a prueba la capacidad de los gobiernos y obligado a sus autoridades a tomar las mejores decisiones para contener la expansión de la enfermedad. No todos han salido avantes.

En este lapso de la pandemia, que se ha hecho eterno, algunos líderes mundiales han tropezado con sus declaraciones, ya sea minimizando la crisis, ofreciendo informaciones falsas y emitiendo mensajes no sólo equivocados, sino frecuentemente contradictorios.

Eso sería lo de menos, de no ser que con ello generan dudas, confusiones y hasta comportamientos inadecuados que muchas veces, o siempre, producen desconfianza, relajamientos y por ende, más contagios y decesos.

Un caso notable es el del mandatario estadounidense Donald Trump, quien desde inicios de año menospreció el problema. Cuando le informaron del primer caso de contagio, dijo que se trataba de un caso aislado de una persona que llegó de China, pero que todo estaba bajo control.

Trump ha mantenido además una reiterada resistencia a usar mascarilla y se ha pronunciado en múltiples ocasiones en contra de los confinamientos. Meses después resultó contagiado y hoy su país concentra el mayor número de casos confirmados en el mundo y, tal vez como pago a su displicencia, perdió ya la elección presidencial.

Otro ejemplo patético es el de Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, quien subestimó la enfermedad al extremo al declarar por televisión que se trataba solo de “una pequeña gripe”.

Bolsonaro además se ha burlado públicamente de las recomendaciones de distanciamiento, mantiene sus actos públicos, tampoco usa cubrebocas y ejerce dura presión a los gobiernos estatales para que levanten las medidas de confinamiento. Hoy Brasil es el segundo país en el mundo por más muertes por coronavirus.

Uno más es el primer ministro británico Boris Johnson, quien también despreció las medidas de confinamiento y luego resultó contagiado tras constantes apariciones públicas sin mascarilla y saludando de mano a la gente.

Hay otros muchos casos más en los que los líderes a los que refiere el directivo de la OMS están fallando al menos en su comunicación con sus gobernados.

Entre otros deslices, ¿cómo interpretar aquella frase de López Obrador en la que aseguraba que la crisis económica y sanitaria le había venido como “anillo al dedo” para afianzar el propósito de la transformación?; o el insistente menosprecio al uso de mascarillas de Hugo López Gatell, al señalar que no sirven para evitar contagios, o al afirmar hace tiempo que la curva estaba ya bajo control.

Los errores comunicativos han sido frecuentes aquí y en otras latitudes, pese a las desoídas recomendaciones que puntualmente sugirió la propia OMS, al enfatizar la necesidad de promover una respuesta proactiva por parte de la población ante las amenazas y desafíos presentados en la emergencia del coronavirus.

A su vez la Organización Panamericana de la Salud generó líneas de orientación para mejorar la comunicación de los líderes de opinión, con ejes claves como: generar confianza y credibilidad; oportunidad temprana para anunciar; transparencia; involucrar a la comunidad; planificar con tiempo; cumplimiento de metas de comunicación por COVID-19; certeza en los mensajes; orientaciones en la comunicación de riesgos, entre otros.

Enfatizó también en la importancia de que en el uso de la información gubernamental, al dirigirse a las audiencias públicas “se debe ser accesible, técnicamente correcta, honesta, transparente y suficientemente completa para promover el apoyo de políticas y de medidas oficiales sin parecer condescendiente con el público”.

Nada de eso ha ocurrido.

¿Y PUEBLA?

¿Qué decir del caso local, lo que compete a Puebla?

Habría que reconocer que el manejo general de la pandemia ha sido el correcto, no sólo en lo que se refiere a las medidas asumidas en el plano estrictamente sanitario, sino en su coherente proceso de comunicación.

Queda claro que el gobierno estatal no ha escatimado esfuerzos ni recursos y su capacidad de respuesta ante las contingencias ha sido pronta y efectiva.

El acondicionamiento y reconversión de hospitales, la compra de equipo, en el que sobresale los respiradores mecánicos, y de insumos, así como la contratación de personal médico han sido más que suficientes, rubro en el que se incluye el acertado reemplazamiento del titular de la secretaría del ramo, e incluso el reciente anuncio de mantener listas las cámaras frigoríficas disponibles para el resguardo de un eventual envío de vacunas.

Se aprecia también liderazgo. Puebla no se alineó a varios criterios que intentó imponer el gobierno federal, incluyendo los temas de la semaforización epidemiológica y de la apertura comercial.

Destaca también el rigor en el proceso de reactivación económica, pese a presiones entendibles del sector productivo, y la disciplina en la emisión de decretos para determinar coyunturas de importancia.

Su comunicación ha sido eficiente tras un traspié inicial, las conferencias matutinas, además de ofrecer información fidedigna y útil, han sido ocasión para transmitir mensajes de aliento y solidaridad social. Pudiendo evitarlo, el gobernador Luis Miguel Barbosa aparece a diario con cubrebocas. El medio es el mensaje.

El llamado Pacto Comunitario, un éxito, si bien la conducta ciudadana tiende a relajamientos. Es útil por ello la insistencia para preservar las ya conocidas medidas de prevención, incluyendo por supuesto, las mascarillas protectoras.

Hay que decirlo: en este tema Puebla ha sido la excepción.

Etiquetas: coronavirucovid19enfermedadfelipe flores nuñezMéxicoPueblasoliloquio

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