No es fácil mantener el optimismo en estos días tan aciagos, pero una mirada a prospectiva permite vislumbrar mejores tiempos para Puebla.
Condiciones las hay.
Falta que los actores políticos, económicos y sociales hagan su parte.
El escenario luce esperanzador.
Mientras que en la BUAP el proceso de sucesión se resolvió de manera tersa y pulcra, lo cual despresuriza una preocupación social, en menos de una semana habrán de iniciar sus funciones las nuevas autoridades municipales de la entidad, en un entorno generalizado de paz y gobernabilidad.
A ello se suma la reciente conformación de un Congreso plural y dispuesto cumplir su vital tarea de manera colaborativa y además, se mantiene la expectativa de que para 2022 el gobierno local disponga, aunque moderadamente, de más recursos provenientes de la Federación. Se habla de 104 mil millones de pesos, que bien administrados podrían ser de gran utilidad.
Y lo mejor: la pandemia de COVID-19 parece incursionar en una curva descendente en contagios, hospitalizaciones y decesos, y aunque habría que mejorar todavía las cifras de vacunación, toda proyección enfila hacia abajo.
Hay temas pendientes y de preocupación, por supuesto, y uno de ellos por todas sus implicaciones es el enmarañado conflicto que persiste en la Universidad de las Américas Puebla. Lo que se espera es que los litigios se resuelvan en apego a la ley con la mayor celeridad posible, para que los daños se puedan resarcir a la mayor brevedad.
En este contexto es de destacarse lo acontecido en la BUAP. En contra de lo que algunos fatalistas habían pronosticado, el relevo rectoral fue ejemplar, en cuanto a que se apegó a los principios de legalidad, transparencia y certidumbre.
Pero más aún: la definición democrática a favor de la doctora Lilia Cedillo Ramírez propició los mejores augurios para una institución legendaria cada vez más ávida de participación y de mejoras en la academia, la investigación y en la formación de egresados capaces de responder a las nuevas exigencias.
En ese tenor, resulta muy significativo el primer acercamiento de la rectora con el gobernador Miguel Barbosa, quien la describió como una mujer intelectual, investigadora, científica, sencilla y honesta.
Se perfila así una relación de entendimiento, en un marco de respeto a la autonomía universitaria y de franca colaboración.
Respecto a los relevos en las alcaldías, el gobierno estatal ha garantizado que se darán sin contratiempos, si bien quedan pendientes tres elecciones extraordinarias en Santiago Miahuatlán, Teotlalco y Tepeyahualco de Hidalgo, donde presidirán eventualmente Concejos Municipales.
Otro asunto por resolver es el de Quecholac, cuyo alcalde electo está en prisión bajo proceso, situación que deberá resolver el Congreso y la autoridad electoral.
En cualquier modo, hay condiciones propicias para las tomas de protesta de las autoridades electas democráticamente y eso abre también la expectativa de nuevos proyectos y mejores gobiernos.
La atención estará centrada desde luego en Puebla capital, en donde habrá una agenda especial mediante una colaboración muy estrecha, pese a las diferencias partidistas del gobierno estatal y municipal, a fin de resarcir los yerros y rezagos que hereda la alcaldesa saliente Claudia Rivera Vivanco, a quien califican ya como la peor de que se tenga memoria.
En todos los casos, el tema toral será la seguridad pública. Justo en esta coyuntura se avizoran nuevas acciones, particularmente en zonas perfectamente identificadas de la Sierra Norte y en el llamado Triángulo Rojo, conformado especialmente por los municipios de Acajete, Tepeaca, Quecholac, Acatzingo, Tecamachalco y Palmar de Bravo.
En este diseño de renovadas estrategias, donde por el grado de descomposición social que se ha generado no debería caber el principio de “abrazos, no balazos”, se prevé además una intervención más amplia y puntual de las fuerzas federales, léase Guardia Nacional y el Ejército Mexicano.
En el conjunto de estas circunstancias se suman, también a favor, otros factores paralelos. Por ejemplo, que la actividad productiva y comercial también se ha reactivado y que, aunque de forma lenta, los empleos están en fase de recuperación.
Así las cosas, es promisorio el cierre de un año que parecía desastroso.
Y tras este buen final, todo indica que habrá buenos tiempos para lo que viene, que no es más que el arribo de una esperanzadora “nueva normalidad” en el 2022.
Así sea.


