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Que Dios nos agarre confesados…

Felipe Flores por Felipe Flores
15 octubre, 2022
en Soliloquio
Que Dios nos agarre confesados…

CUARTOSCURO

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Soliloquio

Felipe Flores Núñez

El presidente Andrés Manuel López Obrador logró finalmente su pro­pósito. Esta semana la Cámara de Diputados concretó la aprobación que el Senado había avalado para que, con la adscripción de la Guardia Nacio­nal, las fuerzas armadas se hagan cargo de la seguridad pública hasta 2028.

El dictamen, que modifica el artículo quinto transitorio sobre la Guardia Nacio­nal, pasará ahora a los Congresos estata­les y bastará que sea ratificada con el vo­to de la mitad –17 en este caso– para que la reforma adquiera el rango de constitu­cional. Mero trámite que se da por hecho.

Hay quienes hablan de una victoria política del presidente López Obrador y de la 4T. Otros juzgan que fue un triunfo pírrico y que será cuestión de tiempo para lamentarlo.

Hay que asumir, también, que no había alternativa. Las fuerzas federales son ne­cesarias en el combate a la cada vez más empoderada delincuencia, pero la vía de la militarización no parece la correcta. No legalmente, ni tampoco para la vida institucional.

Insiste el presidente que nunca ha te­nido la intención de militarizar al país y que su objetivo es que las Fuerzas Arma­das apoyen en labores de seguridad públi­ca, sino que apoyen a la profesionalización de la Guardia Nacional.

“No es militarizar, que no quieran los autoritarios ahora pasar como defenso­res de derechos humanos, ¿qué hicieron los conservadores con el Ejército? Utilizar­lo para reprimir sin fundamento constitu­cional, de manera ilegal usaban al Ejército, a la Marina, para labores de seguridad pú­blica y sin respeto a los derechos humanos. ¡Son unos reverendos hipócritas!”, dijo.

Es innegable que las fuerzas armadas te­nían desde hace tiempo una alta injerencia en las taras de seguridad. Pocas fueron las voces que entonces se opusieron.

Al menos desde los años 70 los milita­res incursionaron activamente en el com­bate al narcotráfico. Fueron muy frecuen­tes los operativos para la erradicación de plantíos de marihuana y amapola, tam­bién para capturar a delincuentes vincu­lados a esta ilícita actividad.

Esas tareas se fueron ampliando a otros ámbitos, en los que luego también parti­ciparon elementos de la Marina median­te recursos más sofisticados y enfocados particularmente a detener, exitosamente, a cabecillas de las drogas.

Al paso de los años se percibió con pas­mosa normalidad que marinos y solda­dos se involucraran en el combate a la de­lincuencia. En estricto rigor, lo hacían al margen de la ley. Y muy frecuentemente, en menoscabo de los derechos humanos.

En el mandato de Felipe Calderón se lle­gó al extremo. La guerra virtual contra las diferentes organizaciones delictivas del país fue sangrienta. Los resultados, des­alentadores, igual como ocurrió en el se­xenio de Peña Nieto.

En su campaña electoral que lo llevó fi­nalmente a un triunfo avasallador, López Obrador prometió regresar a los militares a sus cuarteles y depurar a los cuerpos po­liciacos, como parte de su bandera contra la corrupción.

Propuso, como alternativa, la creación de la Guardia Nacional, bajo mandos civi­les. Se le creyó, pero hoy la realidad es otra, diametralmente opuesta.

Más que retornar a sus cuarteles, los militares están más activos que nunca en la vida pública.

Ahora ya “legalmente”, además del en­cargo de la seguridad pública –que sigue siendo el mayor reclamo social–, los mi­litares construyen y administran aero­puertos, centros aduaneros, sistemas fe­rroviarios –el Tren Maya en particular– y centenas de sucursales bancarias, en­tre otras obras.

También distribuyen beneficios de los programas sociales, atienden el robo a hi­drocarburos, controlan los flujos migrato­rios y apoyan las acciones sanitarias por la pandemia y hasta, recientemente, se hacen cargo de la Agencia Nacional de Aduanas.

Mientras, el índice de homicidios do­losos mantiene un crecimiento exponen­cial y cada vez son más las zonas del país que son dominadas por la delincuencia organizada.

Bajo la óptica actual, no hay manera de pensar que mejorará la seguridad pública en el país. Entre otros impedimentos, figu­ra la ausencia de voluntad política y de es­trategia. La premisa de “abrazos no bala­zos” juega a favor de los que delinquen y atentan contra la paz social.

Organizaciones civiles acusan a mi­litares cada vez con más énfasis por su maltrato a migrantes, presuntos nexos con el narcotráfico y posible responsa­bilidad en desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.

Esas acusaciones le incomodan al al­to mando militar. Apenas en septiembre pasado, el general secretario de la Defen­sa Nacional, Luis Cresencio Sandoval Gu­tiérrez, hizo un llamado a “discernir” de quienes con “comentarios tendenciosos generados por sus intereses y ambiciones personales” pretenden apartar a las Fuer­zas Armadas de la confianza y respeto que tienen los mexicanos al personal militar, cuya misión es servir al país.

¿Conmigo o contra mí?

En otra oportunidad, a través de la Guardia Nacional emitió –¿con qué au­toridad?– varias recomendaciones para el uso de redes sociales. Esta acción se inter­pretó como una amenaza a la libertad de expresión.

En días recientes, la milicia ha sido nue­vamente el epicentro de controversias.

Tras las revelaciones del caso Ayotzi­napa, que al menos presume colusión de altos mandos militares, hackers profesio­nales lograron acceder a los archivos de la Defensa Nacional. De las primeras revela­ciones, entre las que destaca el mal estado de salud del presidente López Obrador, se­guramente vendrán otras más y de mayor repercusión.

Por otro lado, esta semana se confir­mó que la que la Defensa Nacional adqui­rió 47 abrigos de lana pura, con un pre­cio de casi 12 mil pesos cada uno, para ob­sequiarlos a sus Generales de División, el más alto rango de la estructura castrense, lo cual no ajusta a los actuales tiempos de austeridad republicana.

Y como cereza de pastel se dio un hecho inédito, que deja un amplio margen para la reflexión. En el ámbito de su competen­cia, diputados federales convocaron al titu­lar de la Defensa Nacional para que com­pareciera en el contexto de las reformas re­cién aprobadas.

¿Y qué creen? El general Luis Crescen­cio Sandoval contestó que si quieren plati­car con él, los espera en su oficina el próxi­mo 18 de octubre. Y los legisladores, ma­yoritariamente de Morena, le contesta­ron que irán.

Todo este cúmulo de hechos configura un cóctel que algún día habrá de detonar. Que Dios nos agarre confesados.

Etiquetas: 2028Andrés Manuel López ObradorCámara de diputadosFuerzas Armadasguardia nacionalmilitarización del paíssoliloquio

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