Nos guste o no, la consulta de revocación de mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador se realizará el próximo 10 de abril.
Así quedó ya formalmente establecido en la convocatoria publicada el pasado lunes con el acuerdo del Instituto Nacional Electoral, organismo que se hará cargo del inédito ejercicio aún con las restricciones presupuestales que le fueron impuestas.
El documento convoca a la ciudadanía a participar, una vez que se cumplió con el requisito establecido en la Constitución de que sea solicitado por el 3% de los mexicanos inscritos en la lista nominal.
Detalla también todo el procedimiento que habrá de seguirse y precisa el impedimento para promover la consulta, así como la suspensión –desde el pasado viernes– de la difusión en los medios de comunicación de toda propaganda gubernamental de cualquier orden de gobierno.
Establece que durante ese lapso de (absurda) veda electoral, el INE es la única instancia facultada para la difusión del ejercicio a través de los tiempos oficiales que le corresponden en radio y televisión, además que realizará al menos dos foros de discusión.
Refiere que el número de casillas que se utilizarán el día de la jornada de consulta – limitado ante la negativa de la Secretaría de Hacienda a la solicitud el INE de recursos adicionales– será 77 mil 377 en todo el país, más unas 300 especiales.
La convocatoria también establece que la revocación de mandato sólo procederá por mayoría absoluta: “Cuando la declaratoria de validez que emita el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación indique que la participación total de la ciudadanía en el proceso de revocación de mandato fue, al menos, del 40 por ciento de las personas inscritas en la lista nominal de electores, el resultado será vinculatorio para el titular de la Presidencia de la República”.
Aunque asume que no están dadas las mejores condiciones, el INE ha sostenido que concentrará sus energías, su tiempo, sus recursos materiales y humanos, así como sus capacidades institucionales en lo que mejor sabe hacer: la organización de un proceso para el ejercicio de los derechos políticos de la ciudadanía.
Y asegura que lo hará bajo los principios constitucionales de legalidad, certeza, imparcialidad, objetividad, independencia y máxima publicidad.
En particular y como parte medular, la convocatoria establece que la pregunta que irá inscrita en la boletas dirá textualmente: “¿Estás de acuerdo en que a Andrés Manuel López Obrador, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, se le revoque el mandato por pérdida de la confianza o siga en la Presidencia de la República hasta que termine su periodo?”
Y las alternativas de respuestas son:
-Que se le revoque el mandato por pérdida de confianza, y
-Que siga en la Presidencia de la República.
Desde que fue planteado el tema de esta consulta se han suscitado múltiples controversias y muy consistentes dudas sobre la presunta necesidad y relevancia de este ejercicio.
En su defensa, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho que la consulta conviene a todos los mexicanos, porque permitirá calificar al gobierno federal.
Afirma que es una oportunidad para que se permita dirimir las diferencias en el país.
“Es importante para que el ciudadano califique al Gobierno, es lo mejor, es una forma pacífica, legal, legítima, de dirimir nuestras diferencias si dicen que está mal el Gobierno”, aseveró.
Considera también que la revocación de mandato permitirá corregir el rumbo del país en caso de que exista caos, pues no se puede gobernar sin respaldo de la población.
“Dicen que está todo mal, pero no quieren la consulta, que para qué se hace; si está mal pues hay que corregir, no soy un ambicioso vulgar, no voy a encapricharme y aunque ya no me quieran, como ya fui electo democráticamente me tengo que quedar hasta el final lo quieran o no lo quieran, pues no”, expresa el mandatario.
Hay, sin embargo, muchas voces discordantes.
Se dice que la consulta es un engaño y que en realidad significa un acto propagandístico.
Que se trata de una burla para la sociedad mexicana, ya que no la buscó la gente, sino que fue el presidente su principal promotor; no fue la oposición, no fue la sociedad, no es para empoderar al ciudadano inconforme, es para empoderar al gobernante.
Se afirma también que representa un enorme e innecesario gasto, que el dinero se tirará a la basura y que mejor debería invertirse en medicinas, en seguridad, y en generación de empleos.
Muchos coinciden que este evento sólo habrá de incitar mayor polarización social.
También que provocará a que futuros presidentes inicien sus periodos con decisiones que generen aplausos para sortear esa primera “trampa” de su gestión.
Para analistas, es probable que los resultados de este proceso junto con los de la elección de junio, también le permitan a AMLO calibrar el momento en el cual se enviará al Congreso de la Unión la propuesta de reforma constitucional en materia político-electoral para extinguir el INE.
Otros creen que la apuesta de AMLO es que la conjunción de los resultados de la consulta para la revocación, las elecciones estatales de junio y los ataques al INE propicien un ambiente en el cual legisladores del PRI se inclinen a respaldar a Morena y conseguir así la mayoría calificada tan deseada para la aprobación de sus iniciativas en materia eléctrica, electoral y de seguridad.
Y también hay quienes concluyen que para AMLO no hay forma de perder. Si participa poca gente, el respaldo que recibirá será porcentualmente mayor. Si hay más participación, de cualquier manera ganará ampliamente y podrá señalar que la mayor afluencia valida el respaldo.
Se afirma que, para el presidente, este proceso implicará un fortalecimiento político del que también sacarán provecho los candidatos de Morena a las seis gubernaturas en disputa este año, que habrán de realizarse menos de dos meses después de la consulta por la revocación.
Quedan muchas preguntas en el aire, entre otras, si esta consulta de revocación de mandato es en realidad un instrumento de auténtica participación ciudadana, si la actual coyuntura es la idónea, si contribuye a enriquecer nuestra democracia y, en última instancia, quiénes ganarían y quiénes perderían con este inédito ejercicio.
Así entonces se deviene el obligado cuestionamiento: ¿conviene participar o será mejor abstenerse?
Aún hay tiempo para reflexionarlo.


