Soliloquio
Felipe Flores Núñez
La última semana de junio que recién concluye tuvo un inicio de vértigo al registrarse varios eventos significativos en la aldea local, más otros de largo alcance en el panorama nacional.
Unos y otros marcan los signos de nuestros días en un contexto donde todo lo que ocurre tiene eco y repercusión, en especial si se observan con la inevitable perspectiva del cada vez más próximo y crucial proceso electoral.
Aquí, el lunes pasado amaneció con el anuncio de ajustes en el gabinete estatal que, aunque esperados, tuvieron especial resonancia por incidir en dos de las áreas que son torales en el aparato de la administración estatal.
En ambos casos hay razones suficientes para sustentar los reacomodos. En Finanzas era obligada la renuncia de María Teresa Castro Corro, cuyo debilitamiento se ahondó tras hacerse pública la fallida inversión en el banco Accendo que ella operó, lo que propició la pérdida virtual de 600 millones de pesos al erario estatal.
A esa fatal maniobra financiera se sumó el otro boquete por el pago obligado al SAT de 2 mil 600 millones de pesos por un adeudo fiscal generado en el gobierno morenovallismo, caso que por fortuna parece ahora resarcido.
En Gobernación, el arribo de Ardelio Vargas Fosado que a muchos pareció inapropiado tiene muchas interpretaciones dada su trayectoria, pero sin hacerse muchas bolas habría que decir sólo que es un adelanto de lo que pueda ocurrir en el corto plazo, ante la inminente salida por el doble interés político-electoral que todos saben tiene el actual titular de la dependencia, Julio Miguel Huerta Gómez.
Lo cierto es que los movimientos ahora consumados en las secretarías de Finanzas y Gobernación hacen que se compacte el primer equipo del gobernador Sergio Salomón Céspedes, cuyo objetivo central está enfocado en consolidar de la mejor manera su corta pero productiva gestión.
En ese propósito que no admite pausas ni distracciones, es más que indispensable mantener como pilares tanto finanzas sanas como el mayor margen posible de gobernabilidad, rescatada por cierto por Salomón Céspedes tras los días aciagos de diciembre pasado.
Es claro que el mandatario estatal está empeñado en dejar huella, y en ese propósito se propuso, entre otras acciones, la realización de obras significativas, entre las que destacan por su dimensión un amplio programa de vialidades, la central camionera del sur, la nueva sede del Congreso estatal y el campus de Ciudad Universitaria 2 en la zona de Valsequillo.
En esa ruta, lo ha dicho, gravita la prioridad en materia de seguridad pública que también requiere de inversiones, así como otros proyectos en la capital poblana, entre ellos la rehabilitación y mejoramiento de muchos espacios públicos, tarea por cierto ya iniciada.
Y en su otra vertiente igual de importante en la agenda del gobernador figura la estabilidad política y social, para lo cual requiere mantener de modo escrupuloso los hilos del poder y las buenas relaciones con todos los actores sociales y políticos para un exitoso cierre que se empalma con un proceso electoral que por naturaleza es proclive al conflicto y a la estridencia mediática.
La pauta está dada, la bitácora también y sólo queda el aterrizaje que a perspectiva parece tener buenos augurios.
En la escena nacional también esta semana se consumó un hecho que parecía lejano y hasta casi imposible, al conformarse finalmente la alianza que enfrentará a Morena en las elecciones del año entrante con el llamado Frente Amplio por México.
Aun con todos sus defectos y sus altas pretensiones, y más allá de los aviesos intereses de las dirigencias del PAN, PRI y el PRD, no puede dejar de reconocerse el inédito esfuerzo que se hizo para conformar este bloque opositor que irá acompañado de organizaciones ciudadanas, aunque algunos de sus directivos vayan disfrazados de lobos en piel de corderos.
No será fácil la ruta opositora y su objetivo parece inalcanzable dada la ventaja que lleva Morena con sus respectivas “corcholatas”, pero no deja de ser atractiva la posibilidad, como lo asentamos con mucha oportunidad, que la contienda final sea entre dos mujeres, tratándose de Claudia Sheinbaum por la corriente oficialista y Xóchitl Gálvez por la opositora.
Por lo pronto ya el frente opositor ha dispuesto un complejo procedimiento en cuatro etapas para definir a quien sea la candidata o candidato presidencial al dejar abierta la convocatoria, para que desde el próximo martes 4 de julio se inscriban los aspirantes, quienes además de acreditar apoyos con 150 mil firmas, serán sometidos a encuestas, foros públicos y debates para conocer a quien gane el próximo 3 de septiembre.
La alianza ya sufrió sus primeras mermas, al inconformarse por el método primero el senador Germán Martínez, luego Lily Téllez y el gobernador de Yucatán Mauricio Vila Dosal, y este jueves, la senadora Claudia Ruiz Massieu.
También después de varias declinaciones, por la llamada sociedad civil, figuran ahora Teresa González Luna, Alejandra Latapí, Juan Manuel Herrero y Rodrigo Morales, todos ellos exconsejeros del entonces Instituto Federal Electoral (IFE).
Además, se suman Marco Baños y Arturo Sánchez, exconsejeros del Instituto Nacional Electoral (INE); así como Patricia Macarthy, exconsejera electoral en el estado de Yucatán.
En todo este ajetreo que para muchos luce esperanzado, sorprende que en un primer estudio de opinión realizado esta semana por el diario El Financiero exponga que entre los mejor calificados del grupo opositor hay un empate entre Xóchitl Gálvez y Santiago Creel, con 11% de preferencia, seguidos de Lily Téllez –que ya se bajó– con 10%, Enrique de la Madrid con 8%, Claudia Ruiz Massieu –también autoexcluida– y Miguel Ángel Mancera con 7% cada uno.
Pero, sobre todo, llama la atención que, de acuerdo con la encuestadora Demoscopía, si ahora fueran las elecciones presidenciales, Morena ganaría al bloque opositor por 10 puntos, porcentaje que a estas alturas y a un año de la elección luce más que remontable y hace ver que la expectativa no es tan sólo una simple utopía.
Ante la incursión inesperada de Xóchitl Gálvez y seguramente vislumbrándola como una rival complicada, el presidente Andrés Manuel López Obrador la ubicó como una “representante de la oligarquía” y la acusó de seguir la línea del expresidente Vicente Fox Quesada en contra de los programas sociales, versión que la hidalguense desmintió con un video avasallador.
“Esta señora” tiene mucha fuerza o mucho “jale” entre “los de arriba”: la oligarquía, los fifís o los aspiracionistas, espetó AMLO en lo que parece ser apenas el inicio de una metralla que se intensificará a partir de ahora.
El hecho es que con todo y sus deslices, el Frente Amplio por México empezó a redituar favorablemente al generar discusión pública y ganar espacios mediáticos, a la vez que comenzó a incomodar a los morenistas, que lo calificaron
–quizá mordiéndose la lengua– como una simple “faramalla”, expresión que según el diccionario “es una situación exagerada, aparatosa o escandalosa, en ocasiones falsa, con que se pretende llamar la atención”.
Y sí, hay mucho de faramalla en esta contienda en la que todos los actores, incluyendo a los que representan a la autoridad electoral, harán de la simulación su arma principal en tanto los competidores no se alisten sobre la pista para disputar la carrera final.
Fue, pues, una semana, un fin de mes de vértigo, que para bien o para mal no cesará.


