Lesly Mellado May
El Congreso de Puebla trabaja sin agenda legislativa. Este documento no se encuentra en el portal web del Poder Legislativo ni en la Plataforma Nacional de Transparencia.
Esto impide que la actual Legislatura pueda quitarse el mote de “oficialía de partes” del Ejecutivo.
Si bien en la Ley Orgánica del Poder Legislativo no hay un mandato expreso para crear la agenda legislativa y hacerla pública, sí está ordenado en la Ley General de Transparencia como una obligación. En el artículo 72 se estipula: “los sujetos obligados de los Poderes Legislativos Federal, de las Entidades Federativas y la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, deberán poner a disposición del público y actualizar la siguiente información: Agenda legislativa…”
La LXI Legislatura que inició operaciones en septiembre del año pasado, ni la anterior liderada por Morena, han cumplido con esta obligación.
Tener agenda debería ser prioritario para los diputados de la 4T para modificar leyes que por décadas criticaron e incluir disposiciones bloqueadas históricamente por el PRIAN.
Una de las primeras medidas que debían tomar es excluir de la Ley Orgánica y el Reglamento Interior las “sesiones secretas”.
En el ARTÍCULO 159 de la Ley Orgánica se establece que “todas las sesiones del Pleno serán por regla general públicas, excepto las que deban considerarse secretas por esta Ley y su Reglamento Interior”.
Pero en el Reglamento no hay reglas, sólo se estable que pueden ser convocadas por el Presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, y aprobadas por la mayoría de los diputados presentes.
Lo dicho, discutido y aprobado será un misterio, dice el ARTÍCULO 170 del Reglamento Interior: “La versión estenográfica de los asuntos que se hayan tratado en sesiones secretas se considerará información reservada y estará sujeta a la legislación aplicable”.
Cabe señalar que en las Constituciones federal y local no se menciona que los Poderes Legislativos puedan tener “sesiones secretas”.
No alcanzo a imaginar qué tema podría merecer una “sesión secreta” en el Congreso estatal, tampoco logro responder por qué los diputados incumplen con la publicación de la agenda legislativa, por qué los ciudadanos permitimos que no hagan o hagan mal su trabajo con la mayor impunidad sin desquitar las jugosas dietas que reciben mes a mes de manera puntual. Sin duda, nos queda un largo trecho para hacer realidad la democracia participativa.