Con la puesta en escena de Giselle, una de las obras insignia del romanticismo, siete bailarines ucranianos se presentan hoy como los nuevos integrantes de la Ópera Nacional de Bucarest.La institución ha contratado, en su final de temporada, a tres mujeres y cuatro varones que se quedaron sin trabajo y sin carrera desde el 24 de febrero, cuando inició la invasión rusa a Ucrania.
Los anfitriones rumanos han ofrecido a los bailarines alojamiento, un salario y donaciones continuas para cubrir todas sus necesidades tras su salida a toda prisa de Ucrania.
“Para nosotros es vital poder seguir ensayando y bailando a un nivel profesional para no perder la forma”, dice Bogdana Alekseeva, quien se desempeñaba en la Ópera de Odesa.
Ella perdió a su padre en 2014 durante la guerra del Donbás entre separatistas prorrusos y el Ejército de Ucrania.
“Ha sido una alegría inmensa para nosotros poder ayudarles”, dice la directora del Ballet de la Ópera de Bucarest, Laura Blica-Toader.
La contratación de estos siete artistas ocurrió sin que Blica-Toader los conociera en persona; la institución respondió a la emergencia.


