Ayer se cumplió el centenario de nacimiento de Desiderio Hernández Xochitiotzin, el último representante de la escuela muralista mexicana que ideó Dr. Atl y desplegaron como primeros seguidores Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y José Chávez Morado.
Nació en San Bernardino, comunidad de Contla, municipio de Tlaxcala, el 11 de febrero de 1922; siendo bebé sus padres se mudaron a la ciudad de Puebla. Estos son algunos detalles de su experiencia en la Angelópolis.
VECINO DEL CENTRO
Los padres del hombre del centenario llegaron de Contla a la capital de Puebla y se avecindaron en el edificio que hoy ocupa el diario El Sol de Puebla, refirió Citlalli Hernández Ortega, hija del artista plástico, durante el Coloquio que en honor de Desiderio se realiza en la capital de Tlaxcala y se extenderá a Puebla y Ciudad de México.
El abuelo tuvo un taller de hojalatería y herrería artística a la vuelta de Catedral, añade. Ahí, Desiderio, siendo niño, empezó a ayudar y aprender tanto del jefe del clan como de su padre. Y dominó el oficio.
Cuando se casó, se trasladó a vivir a los altos del edificio que se encuentra en la esquina frente a la Casa de Alfeñique, en la 4 Oriente y 6 Norte.
ESCUELA DE ARTE
A los 14 años fue a inscribirse a la Academia de Bellas Artes de Puebla. No lo admitieron porque sólo aceptaban a mayores de 18. El abuelo, entonces, lo acompañó y habló por él frente al personal de admisión. El chico terminó aceptado con la condición de que, en caso de distraerse del estudio, sería cesado.
Así que en el día iba a la escuela y en la tarde a la Academia. Y por las noches estudiaba varias horas, refiere la biografía que difunde la Fundación Desiderio Hernández Xochitiotzin.
En el inmueble de la hoy Juan de Palafox y Mendoza 406 encontró el sentido de su vida.
HOMBRE DE GREMIO
Entre 1940 y 1941, se asoció con otros pintores de la época y fundaron juntos la Unión de Artes Plásticas de Puebla en el sitio que cambió su nombre de Plazuela del Torno a Barrio del Artista.
Fue inquilino del estudio número 14, donde esta semana los pintores de la Unión.
ENCUENTRO
A Lilia Ortega Lira le quedaba de paso el Barrio del Artista cuando tenía que hacer mandados para su mamá.
Se detenía en los estudios de los pintores y observaba lienzos, materiales, pinceles… escaneaba los lugares en silencio.
Le dio curiosidad el taller 14 porque una cortina le impedía mirar el interior y descubrió que el hombre que ahí pintaba era el mismo que días antes la había visto mojarse bajo la lluvia, con los zapatos guardados en bolsa de plástico para evitar maltratarlos, y le había recomendado guarecerse sin que su sugerencia fuera siquiera tomada en cuenta.
Cruzaron una breve charla. Ella pidió permiso para entrar a mirar.
Cultivaron un nexo que, al tiempo, los hizo inseparables.
Se casaron.
DECISIÓN DE VIDA
En 1947, determinó dedicarse por completo a la pintura, vivir del arte.
Para 1953 fue becado para realizar una estancia en Estocolmo, donde se encontró con el arte europeo y tuvo un chispazo que determinó su carrera: “El arte es comunicación, es un acto de comunicación sublime y lo sublime es bello, perfecto y auténtico”, aseguró en entrevista en 2006 a Pablo Gutiérrez.
PRIMER MURO
Su primera obra mural no está en Tlaxcala, sino en San Pedro Cholula.
Fue el primer trabajo que lo enfrentó al muro: dos escenas de la vida de San Agustín.
Las realizó en 1948, en el templo de San Agustín Calvario.
VITRALES DE OCOTLÁN
Aunque la obra más famosa del autor es el conjunto de murales en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala, su producción también abarca ilustraciones para libros y revistas, fotografía, grabado, cartel, dibujo, lienzos de caballete y vitrales.
De estos últimos son muestra los que se encuentran en el templo de Nuestra Señora de Ocotlán, en la colonia Humboldt de la Angelópolis.
Son de gran formato y muestran la precisión de la proyección del autor para los espacios amplios.
ESTUDIOSO DE LA HISTORIA
Honor, dignidad. Eso pretendió inspirar en los tlaxcaltecas que miraran los murales del Palacio de Gobierno de Tlaxcala.
Lo manifestó Hernández Xochitiotzin a Pablo Gutiérrez en mayo de 2006, sobre la obra que hizo durante toda su vida.
Acucioso, se concentró en la investigación de los orígenes prehispánicos de Tlaxcala, la llegada de los españoles y la época colonial, bebió de diversas fuentes para comparar y contrastar versiones y plasmó el discurso histórico que puede leerse-verse en los murales.
Diseñó escenas que permiten ver a los tlaxcaltecas como personas de alta dignidad, “no como traidores, como los presentan muchos textos”.
El hambre por la lectura y el estudio fue cultivada desde la niñez en Puebla. Trabajaba en su estudio del Barrio del Artista, al principio, aislado del exterior con una cortina y desarrolló investigación toda su vida.
Diez años le tomó el estudio para bocetar los murales del Palacio de Gobierno tlaxcalteca.
Magna exposición en Ciudad de México
El Salón de la Plástica Mexicana –del Instituto Nacional de Bellas Artes– inaugura hoy Umbrales de Xochitiotzin. Centenario del último de los grandes muralistas de México.
Exhibe pintura, dibujo, grabado, escultura, fotografía y documentación del autor.
Aunque la selección de obra se concentra en mostrar la producción mural, se presentan también piezas creadas después de realizar investigación de iconografía prehispánica.
Se incluye el trabajo realizado acerca del carnaval de Tlaxcala, tema que Desiderio Hernández Xochitiotzin estudió con profundidad hasta el inicio prehispánico de la fiesta de danzas colectivas en honor al dios Camaxtli en el siglo XIV.
Recreó esta costumbre antigua en lienzos y también utilizó en la realización de los murales del Palacio de Gobierno de aquella entidad.
Para integrar esta muestra, se recurrió a diferentes colecciones del país.
La exposición está abierta de martes a domingo, de 11:00 a 17:00 horas, a partir de hoy y hasta el 27 de marzo, con entrada libre en el domicilio del Salón de la Plástica Mexicana: Colima 196, en la colonia Roma Norte de la Ciudad de México.




